06/02/2020 4 min to read

Ana María Shua: “Si los monos escribieran y publicaran, se hablaría de literatura simiesca”

Category : editoriales, Entrevista, literatura, mujeres

Twitter y el microrrelato, la etiqueta “literatura femenina” proyectos e ideas en un diálogo sin desperdicio con la gran escritora argentina.

Por Nancy Giampaolo.
PH Silvio Fabruykant.

Hace unos meses salió “La guerra”, tu nuevo libro de microrrelatos, un género del que ya sos un emblema. ¿Cuándo y a partir de qué lecturas surgió tu interés por el microrrelato?

Cuando yo empecé a leer microrrelatos no se llamaban así, ni se consideraban un género aparte. Eran simplemente cuentos brevísimos. Y a mí me fascinaban. Todos nuestros grandes maestros del cuento los trabajaron: Borges, Cortázar, Bioy, Ocampo, Blaisten …Ya los leía con pasión cuando era adolescente. Debía tener veintidós o veintitrés cuando descubrí la revista mexicana “El cuento”, que publicaba solo cuentos y muchos cuentos brevísimos. Esa revista tenía un Concurso Permanente de Cuentos Brevísimos y para presentarme a ese concurso escribí los primeros textos de lo que después sería La Sueñera.

¿Detectás alguna conexión entre Twiiter y el microrrelato?

Es como la conexión entre una resma de papel A4 y una novela.  Hoy el Twitter es un formato de 280 caracteres que puede usarse para escribir literatura, difundir consignas políticas, discutir cuestiones relevantes o banales, pasar información periodística o cualquier otra cosa. Pero además hay que recordar que el microrrelato no tiene por qué ser solamente una frase ingeniosa, acepta más o menos hasta trescientas palabras, que son unos mil seiscientos caracteres.  Por ejemplo, “Los dos reyes y los dos laberintos”, de Borges, es un bellísimo microrrelato.

Hace un tiempo cuando te entrevisté a propósito de tu novela “Hija” me dijiste que tenías “necesidad de expresar sentimientos fuertes y contradictorios sobre la maternidad”. La novela parece ir un poco en contra de la sacralidad de la figura materna. ¿Por qué creés que la madre sigue siendo sacralizada?

Mientras no se pueda conseguir el desarrollo de un embrión humano fuera de un útero (y creo que no debe faltar mucho para que sí se pueda) la figura de la madre seguirá siendo sagrada. Eso vale para las madres que efectivamente usaron su útero y para las madres adoptivas por igual. Pero yo no siento que con Hija haya ido en contra de ese mito, el mito no tiene nada malo, lo difícil es estar a la altura de su exigencia de perfección. Lo que nos pasa a las madres que siempre sentimos que podríamos haber sido más y mejores.  Si sumamos la tendencia femenina a cargarnos de culpa por todo, se verá mejor el peso de esa exigencia.

¿Estás por publicar algo para chicos?

Estoy a punto de publicar dos. Uno es El hombre que no podía mentir, una biografía novelada de Manuel Belgrano. Estoy muy contenta con ese trabajo, que me hizo estudiar en profundidad una figura que cada vez admiro más. Y tengo esperanzas de que el resultado sea tan interesante, atractivo y entretenido como merece esa vida difícil y hermosa. Es un libro para chicos grandecitos. Para los más chiquitos está por salir Escuela de cocodrilos. No puedo contar mucho porque hay una sorpresa, pero estoy segura de que a todos les va a gustar mi Fafy, el cocodrilito raro.

También se reedita La Sueñera, un clásico del microrrelato…

Sí. La Sueñera es el primer libro que escribí, aunque no el primero que publiqué. No es fácil empezar publicando un libro de microrrelatos, es un género difícil, al que los editores le tienen un poco de miedo. Sin embargo, La Sueñera es tal vez mi mejor libro. Era muy joven cuando lo empecé, no sabía si iba a poder publicarlo o no, no sabía si iba a lograr terminarlo siquiera. Nunca pensé que me iban a publicar en antologías, por eso no le puse título a los textos, sino que los numeré. Y no sabía que me iban a traducir, entonces hice muchos juegos de palabras. Quiero mucho a La Sueñera. Ya era una escritora completa cuando lo escribí, pero todavía no lo sabía, y ese es el estado ideal para producir una obra valiosa.

A la luz de la relativamente reciente explosión feminista, muchas voces retomaron el viejo tema de la “literatura femenina” como si fuese algo separado de la literatura a secas. Vos sos un exponente que prueba que pertenecer a un género u otro no necesariamente signa el acto de escribir, pero me gustaría que pensás al respecto…

¡Oh! Desde que empecé a publicar narrativa, en 1980, me hablan de este tema. Te voy a dar una respuesta de esa época, creo que nunca se me ocurrió nada mejor. Si los monos escribieran y publicaran, se hablaría de literatura simiesca. Si los monos escribieran y publicaran más y mejor que las personas, se empezaría a hablar de literatura humana. Creo que vamos en esa dirección y pronto nos daremos el gusto de ver a los escritores varones en situación de responder acerca de la literatura masculina.

¿Y vos sos feminista?

Pero sí, claro que soy feminista. Creo que ya mi abuelita era feminista cuando movía la cabeza, compasiva, cada vez que nacía otra mujer en mi familia (toda de mujeres) y decía: “Pobrecita, nació mujer” (Risas). Por suerte hoy no hace falta que nos tengan compasión. Hay muchas tendencias dentro del feminismo y yo nunca fui militante, pero creo que todas estamos de acuerdo en qué clase de mundo queremos: un mundo con más mujeres en puestos de decisión.  La mujer que trabaja no es ninguna novedad. Siempre hubo planchadoras, lavanderas, cocineras, prostitutas, bailarinas, cantantes.  La novedad es el poder público, que antes estaba reservado solamente a las reinas.