20/09/2019 4 min to read

“CALIBÁN Y LA BRUJA” Y LA EMANCIPACIÓN DE LA MUJER EN AMÉRICA LATINA (2da Parte)

Category : feminismo, literatura, neoliberalismo, opinión

Un análisis en clave nacional de la obra de Silvia Federici. Por Lisandro Vergara.

La primera parte de esta nota (que se puede leer aquí) avanza en su desarrollo en esta segunda entrega.

Según Jorge Abelardo Ramos “…El Estado Nacional en Europa debía asentarse sobre un territorio común. Sus habitantes ligados entre sí por una tradición cultural análoga se relacionaban por una lengua común y una ‘psicología nacional’ elaborado por un largo período de convivencia. Esa comunidad, entrelazada por territorio, lengua, tradición cultural –particularmente religiosa– encontraba su fundamento dinámico para constituir su Estado Nacional en un desarrollo previo de relaciones capitalistas de producción…” “…El Estado Nacional, preparado por el absolutismo, con frecuencia instaurado por enérgicas revoluciones, o por guerras nacionales, daba paso al progreso general y facilitaba un amplio desarrollo del capitalismo…”

Vale decir que en Europa el surgimiento y consolidación del capitalismo y la conformación del Estado Nación se fueron dando concomitantemente, potenciándose uno con el desarrollo del otro y viceversa. Es en este sentido que el planteo de Federici de identificar al Estado como colaborador de un patriarcado capitalista es sumamente lógico. De allí su feminismo anti-estado.

Pero en América Latina la historia fue totalmente diferente. Los Estados-Países se terminaron de conformar en el último tercio del siglo XIX y no sobre la base de una cultura, idioma, idiosincrasia y territorio común sino alrededor de las ciudades-puertos que tenían una dependencia comercial y cultural con Europa. Fue así que una sola Nación, Latinoamérica, fue disgregada en 20 estados.

El saqueo y colonialismo aplicado por Europa sobre el Nuevo Mundo impidió la acumulación de capital (nuestro oro, plata y demás recursos estaban siendo “acumulados” en Inglaterra, Holanda y Francia). Luego, la formación de oligarquías exportadoras de materias primas y de burguesías comerciales portuarias vinculadas a las metrópolis industriales europeas obstaculizaron nuestro progreso y nos condenaron a ser los “países granja” de los “países taller”.

Actualmente el Imperialismo (el capitalismo en su fase ulterior) nos succiona la renta nacional a través de sus grandes empresas transnacionales y nos oprime con el látigo de la deuda externa y las recomendaciones del FMI.

¿Cómo salir de este embrollo? ¿Cómo terminar con esta dominación y dependencia? El fortalecimiento del Estado como regulador social que redistribuya la riqueza y lime las injusticias sociales; y la integración de la Nación Latinoamericana que refuerce los lazos de hermandad entre los pueblos para enfrentar el imperialismo parece ser parte de la respuesta.

Así se entiende que plantear un feminismo anti-estado en América Latina es prácticamente suicida. A Federici, su lucha antipatriarcal-capitalista euronorteamericana (recordemos que ella es ítalo-estadounidense) la lleva a decir que “(…) no podemos tomar el Estado, no podemos tomar la industria, la ciencia o la tecnología porque los objetivos de explotación para los que fueron creadas determinan su constitución y modo de funcionamiento”. Sucede que en nuestra América no hay Estado (nos referimos a Estado-Nación) y por lo tanto no hay industria, ciencia o tecnología suficiente.

Federici, quizás sin quererlo, termina siendo presa de un planteo eurocéntrico. Lo que falta en Latinoamérica es, justamente, el Estado-Nación. He aquí la mayor diferencia de su planteo con el nuestro.

El feminismo, en su búsqueda de la emancipación y la igualdad social, no puede desatender la realidad latinoamericana y su situación semicolonial. Es así que, situado en el conflicto que atraviesa América Latina, lejos de plantear un anti-estatismo suicida se debe promover la participación femenina en la lucha política y en la toma del poder del Estado. El Estado es la mejor arma que tenemos los latinoamericanos y latinoamericanas para lograr una sociedad más justa y la actividad política la fuerza motriz para blandir ese arma.

Sin embargo, a pesar de la diferencia anteriormente planteada, hay una feliz y fundamental coincidencia. Federici considera al feminismo como un movimiento de liberación y de cambio social, no solo para las mujeres sino para toda la sociedad, y lo expresa magníficamente en el título de su obra. Somos los calibanes y las brujas, los hombres y mujeres oprimidos del mundo, quienes en conjunto podemos transformar nuestra realidad en una donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres. Consideramos que tiene que ser en el marco de la liberación nacional, entendiendo como Nación a toda nuestra América Morena. Así quizás, algún día, nos atrevamos a plantear esta justa lucha sin la necesidad de recurrir metafóricamente a Shakespeare;  sino a partir de reconocer en los ojos de nuestros hermanos y hermanas el dolor propio y ajeno, y así producir nuestras propias metáforas, nuestras propias categorías y nuestras propias soluciones.