17/09/2019 5 min to read

Comunes por dos

Category : autonomía, opinión

La creación y reconstrucción de comunidades con lazos fraternos y solidarios se vuelve imprescindible en el marco de una crisis alimentaria y un campo asediado por los agrotóxicos y el monocultivo. Claves para acceder a alimentos orgánicos, artesanías y servicios sin utilizar dinero. La vanguardia autogestiva que es un éxito en Brasil, ya tiene un recorrido prometedor en Argentina.

Por Pablo Cabo, Arquitecto.
Foto: Martín Tricárico.

Pensar desde los comunes es un libro de David Bollier, que funciona como introducción a los diversos sistemas de autogestión o creación de recursos que facilitan la vida comunitaria. Estos recursos compartidos, llamados “procomunes”, cuentan con normas y administraciones que regulan su uso y sostenibilidad. Así, un sistema de acequias, un bosque o monte para pastoreo o más recientemente un sistema de licencias abiertas para generar software, pueden ser procomunes creados o administrados desde un grupo de personas o familias que trabajan de forma colaborativa para la vida y la sostenibilidad ecológica de sus comunidades.

Vale la pena traer un párrafo sobre los procomunes de los pueblos indígenas: “Hace una década se creó en Perú, un común de conservación del paisaje, con el fin de que las tribus indígenas de los Andes pudieran ejercer su pleno derecho de gestión sobre la impresionante diversidad de especies y variedades de papas nativas. Esto significó un logro gigantesco porque las compañías multinacionales de biotecnología agrícola estaban impacientes por adquirir las patentes de las novecientas variedades de papas con gran valor genético que las tribus andinas habían desarrollado durante miles de años.” O también sobre el procomún como forma diferente de ver y de ser: “el procomún no se reduce a un asunto de políticas públicas ni de economía. Es una condición existencial de la vida en todas sus formas, desde la materia celular hasta los seres humanos. La idea de los comunes ofrece un principio unificador que invalida la supuesta oposición entre naturaleza y sociedad/cultura, (…) que anula la separación de lo ecológico y lo social.”

Sobre el futuro de los comunes se describen distintas acciones que van sucediendo en la actualidad y también prácticas o caminos éticos y reflexiones como la siguiente: “El procomún es en el fondo una práctica y perspectiva cultural que busca comprender el mundo en términos diferentes. Esta impulsado por un cambio en la precepción de cómo los seres humanos pueden verdaderamente tomar parte en la construcción de un mundo mejor. Está animado por éticas personales y compromisos sociales que buscan nuevos puntos de equilibrio para impulsar el cambio. La democracia representativa y la ley siguen siendo vehículos importantes para el progreso, pero los comuneros suelen ser realistas: las tareas más urgentes no son necesariamente aprobar nuevas leyes o elegir a los candidatos correctos, especialmente si el viejo sistema de gobierno es de por sí corrupto e ineficaz.” La invitación a pensar desde los comunes es, quizás, la descripción de una silenciosa revolución que es pionera en las prácticas de autogobierno.

Sistemas de intercambio justo y comunitario, monedas de abajo hacia arriba

Desde hace algunos años, las tecnologías de la informática posibilitan la creación de herramientas para facilitar el intercambio de bienes y servicios sin la necesidad del uso del dinero bancario. Este dato marca un camino a la hora de pensar y generar redes de ayudas mutuas, de intercambios y de satisfacción de las propias necesidades de un barrio, un pueblo o un grupo cooperativo de trabajadores, que con dirigir y combinar sus esfuerzos pueden resolver mucho respecto a las necesidades básicas como vivienda, alimentación, educación y otros. El sistema imperante, por supuesto, impone la necesidad del dinero bancario para acceder a los distintos servicios y productos, ya sea por medio de tarjetas de créditos, promociones, o el papel moneda impreso por los Bancos Centrales, pero ante la crisis económica las monedas sociales se han multiplicado de forma sorprendente en los últimos dos años.

Los trabajadores organizados pueden crear su propia herramienta financiera, decidir cuánto y cómo se distribuye, liberarse de los costos financieros del sistema bancario, y generar redes que vengan a fortalecer la economía de producciones ecológicas, artesanales, y autogestionadas. En el caso de que un trabajador asalariado no pueda ofrecer su propia producción para los demás, puede colaborar consumiendo los productos que la comunidad provee. De esta forma está ayudando a financiar a las familias, artesanos o cooperativas que usan moneda social, y en este sentido el consumo responsable también es parte de una decisión personal, libre, que genera vínculos y ese bien común que llamamos comunidad.

MonedaPar o los Faircoins, sirven para acceder a alimentos orgánicos y distintas artesanías en una red de productores que ofrecen no sólo el servicio de registrar las transacciones monetarias entre las personas, sino que también desarrollan páginas de internet donde cada artesano o productor/consumidor puede ofrecer su producto o pedir lo que necesita. Si bien es algo incipiente, cabe destacar que en Brasil el Banco Palmas es una experiencia que lleva muchos años construyendo moneda social y reforzando las economías locales, pero esa experiencia, según nuestro entender, está vinculada al Banco Central de Brasil, y esto restringe el grado de autonomías respecto a la administración de la moneda. En el caso de las monedas asamblearias el pueblo, sin la intermediación de los bancos u otras instituciones, debe decidir cómo financiar sus propios proyectos, planificar, colaborar, generar confianza, estos son los desafíos actuales, y está en sintonía con la política de autogobierno y la actitud moral de esfuerzo y servicio desinteresados que nos propone la Revolución Integral.

Tener autonomía financiera es similar a lograr algún grado de soberanía alimentaria: requiere trabajo y dedicación. Construir consensos, participar de asambleas, pensar en grupo, difundir las resoluciones, reglamentos y decisiones. En algunos casos se puede hacer por medios virtuales, en otros hay que acercarse hasta los puntos de reunión, es una presencia y un compromiso colectivo que ayuda a la persona y a la familia a entender y convivir con el funcionamiento en asambleas. Es sobre todo una acción política y convivencial. Aunque estas acciones no constituyan un proyecto de liberación nacional en sí mismo, somos conscientes que cada participación individual o de pequeños grupos tiene su incidencia en la política nacional. El aporte con la reflexión y la acción cotidiana son parte de nuestros desafíos actuales en tiempos donde la creatividad y el autoconstrucción del pueblo se torna una necesidad fundamental.

Enlaces útiles:

https://fair.coop

http://www.monedapar.com

*https://revolucionintegral.org/

*http://integrarevolucio.net/es/