“Consumir orgánico es una manera de redescubrir sabores, colores y texturas que estaban escondidas”

En conversación con Mogambo, Florencio Garma, integrante de la familia que lleva adelante el proyecto productivo Artesanos Orgánicos, cuenta cómo es trabajar la tierra con equilibrio y justicia.

Por Azul Giménez.

¿Cómo surge el proyecto y quiénes forman parte de él?

El proyecto empezó a principios de 2018. Yo trabajaba en una multinacional hacía casi nueve años. En enero de ese año me fui de vacaciones con mi esposa y mis tres hijos, y cuando volvimos me despidieron. Me vi sin trabajo y sin ganas de retomar la vida corporativa. Nosotros, como familia, somos muy cocineros, valoramos la alimentación consciente y a los alimentos.  En ese momento, empezaba a surgir el auge de la alimentación natural, y había unos poco emprendimientos que se dedicaban a eso. Ahí surgió la idea de llevar a las familias verduras y frutas exclusivamente orgánicas, libres de pesticidas, de estación y a un precio accesible para todos. Empezamos con el mercado online, y fue cuando nos encontramos con La Anunciación, una huerta orgánica certificada del cordón productivo de La Plata, que además  tiene los estándares más altos de calidad. Con ellos trabajamos desde nuestros primeros bolsones y hoy en día seguimos. Por otro lado, somos un matrimonio los que manejamos el negocio, y hay familiares y amigos que trabajan con nosotros en el armado de los pedidos y la distribución.

¿Cómo es la dinámica de producción de lo que venden?

Al ser orgánico, lo que se promueve es la producción de estación. Todas las frutas y verduras que nosotros vendemos son de temporada, e incentivamos el consumo responsable. Estábamos acostumbrados a comer tomates todo el año, pero el tomate es un cultivo de verano, es ahí cuando está en su mejor punto, rojo, carnoso, con aroma. Durante los meses más fríos hay otras variedades, siempre aprovechando el mejor momento del año de cada verdura o fruta. Además, todo lo que nosotros recibimos es cosechado durante la tarde-noche del día anterior, por lo que nuestro objetivo es que el cliente reciba su pedido dentro de las 24 horas desde que fue cosechado. Esto garantiza que todo sea fresco y no pierda calidad. Otro punto a tener en cuenta es que la agricultura orgánica lo que busca es proteger la salud de los suelos y el ecosistema.

¿Por qué comer orgánico es mejor para la salud y la calidad de vida?

En primer lugar, la producción orgánica está libre de venenos que provienen de los pesticidas que se utilizan en la producción convencional. Esto protege la salud tanto de quien consume el producto como de quien lo cosecha. No hay venenos que estén involucrados en ninguna parte del sistema de producción, por lo que están completamente limpios. Todos los métodos que se emplean son naturales, y no modifican su calidad. Las verduras y frutas orgánicas tienen más sabor que las convencionales porque no hay ningún tipo de alteración en el producto. No se pierden nutrientes. Es común recibir comentarios de nuestros clientes del tipo “es la primera vez que como un tomate” o cualquier otra verdura. Consumir orgánico es una manera de redescubrir sabores, colores y texturas que estaban escondidas.

¿Qué tipo de clientes y consumidores se acercan a ustedes?

Hay clientes y consumidores de todo tipo. En primer lugar diría que los que se acercan a nosotros buscan modificar la calidad de su alimentación y mejorar sus hábitos. Nosotros, aparte de nuestras ventas, compartimos recetas y tips en nuestras redes para aprovechar cada bolsón al máximo, lo que tiene una muy buena respuesta por parte de nuestros clientes. También hay una necesidad de recibir productos de calidad y frescos. Un aspecto importante es el de la estacionalidad y las ganas de comer productos nuevos. El tomate reliquia, una variedad rescatada y muy cuidada, los zucchinis amarillos, las acelgas y las zanahorias de color, no son verduras que habituales de consumir. Nosotros las incluimos en nuestros bolsones o las vendemos aparte, y  son muy bien aceptadas por los consumidores. También hay clientes que compran una vez, para probar, y eso también es algo positivo, ya que habla de una búsqueda.

Otros lugares que venden orgánicos cobran caro, ¿por qué ustedes no?

Nosotros nos propusimos desde un comienzo tratar de llegar a la mayor cantidad de familias posibles con productos orgánicos, de calidad y accesibles. Somos amantes de lo que hacemos, lo tomamos, además de como un negocio, como una misión. Uno de los pilares de la producción sin químicos se basa en el comercio justo. Eliminamos intermediarios, las verduras llegan directo de la huerta, lo que se ve reflejado directamente en el precio.

¿Es un mito que comer orgánicos es solo para gente con mucha plata?

Sí, hoy en día eso es un mito. Quizás hace un tiempo era algo cierto, pero ahora el mercado creció mucho, en especial en los últimos años. Comer orgánico es un cambio en el estilo de vida, decidir en qué uno quiere gastar su plata. Si bien todavía hay una brecha con los precios que ofrece el mercado convencional, cada vez se está achicando más, y cuanta más gente se sume al cambio, mejores precios se van a conseguir. En estos tiempos, la necesidad de modificar hábitos están a la vista, y la producción orgánica está acompañando ese cambio.

¿Proyectos a futuro?

Estamos cerrando acuerdos para sumar productos de almacén, siempre enfocados en que todo sea libre de venenos. En los próximos días vamos a ampliar la oferta de productos. Vamos a tener una lista amplia, desde miel y yerba hasta frutos secos y vinos. Ahora que se vienen las fiestas, también estamos preparando cajas con picadas saludables, elaboradas por nosotros mismos, con nuestros productos. Y, como siempre desde que empezamos, queremos abrir nuevas zonas de entrega para llegar a más barrios.

¿Consejos para quienes empiezan ahora a meterse en el mundo de la alimentación saludable?

Ir de a poco, enfocarse en pequeños cambios, desde levantarse un poco más temprano, tomar más agua. Leer, informarse, usar las redes como aliadas, ser cuidadosos, tratar de ver el mensaje detrás de cada marca. Acordarse de que alimento no es solo lo que uno come, es lo que uno ve, lo que uno escucha, la gente con la que uno se rodea. Animarse a probar sabores nuevos, no complicarse con recetas complejas, ir por lo simple.

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