18/09/2019 4 min to read

Dos vías para solo una estación. Rock y política en la década del setenta

Category : música, nacional, opinión, relatos sin clonazepam

Relatos sin Clonazepam.
Por Marcelo Iconomidis: precarizado, distraído y osado.

La historia de un género musical no se reduce tan sólo a sus realizaciones concretas sino también a sus olvidos, silencios, ausencias, excepciones y rechazos.

Rastrear el origen de acontecimientos históricos o culturales, por sobre las condiciones objetivas y el autoritarismo de la subjetividad, lleva siempre implícito una parte de mito. El rock argentino surgió como “ese malestar en la cultura, los usos y las costumbres”, allí donde las calles de Buenos Aires exhibían un tour de cicatrices por la obra de las dictaduras militares instauradas a partir de 1955. No alcanzaba con la procuración de terapeutas que la ciudad ofrecía para amortiguar el desasosiego de una generación que heredaba golpes, insurrecciones a escala planetaria y la revolución sexual.

Tiempos en que el rock no estaba totalmente digerido por la sociedad, perturbaba a los mayores y el estado supervisaba la infiltración de “pautas inmorales” entre los jóvenes.

La contracultura urbana, anclada en los sectores medios, se fundía con las organizaciones políticas y las vanguardias se conformaban al calor de la lucha común de intereses. Eran tiempos de utopías totalizadoras en aparente convivencia de dedos en V. Pero el maridaje de objetivos duró poco. El ascenso del movimiento de masas al gobierno, a partir de la asunción de Héctor Cámpora y la opción por la lucha armada, bifurcó senderos allanando el camino a enemigos íntimos.

La existencia sincrónica de ambos mundos en el naciente rock argentino nos legó algunos ejemplos:

Almendra y Aquelarre contenían en sus formaciones el vector que las aunó: el bajista y compositor Emilio del Guercio. Tanto del Guercio como Luis Alberto Spinetta tuvieron una efímera militancia en JAEN (Juventudes Argentinas para la emancipación nacional), organización política de un difuso nacionalismo de izquierda que luego confluyó en estructuras políticas más amplias. En el segundo disco de Almendra, editado en 1970, la balada “Camino Difícil” sintetizaba, en sus líneas poéticas, la tensión existente entre la política revolucionaria y el ideario del bucolismo hippie. Dos años después, ya en Aquelarre, la canción “Yo seré el animal, vos serás mi dueño” contenía una prosa críptica sobre los tiempos de insurgencia.

Hacia mediados de los setenta, Miguel Cantilo se radicó en el Bolsón y hasta allí llegaron Diego Villanueva y Alejandro Marassi, la base rítmica de la agrupación La Banda del Oeste, para formar el Grupo Sur. La Banda del Oeste había tenido su bautismo militante al abrir el frustrado concierto llamado “Festival del Triunfo Peronista” en 1973 y organizado por las brigadas de la juventud. La Banda del Oeste, casi una excepción, se identificaba con el movimiento nacional y popular. Cantilo, tiempo antes, rechazó la propuesta realizada por agrupaciones peronistas para componer“La Marcha del Retorno”, una elegía para el líder exiliado. En un rapto tardío, con Perón fallecido y el lopezrreguismo desplegando su furia sobre el territorio, grabó “La Leyenda del Retorno”. Una pequeña sutura catártica en una herida que se infectaba.

La historia del músico mendocino de origen estadounidense, Billy Lee Hunt, es una rareza digna de mencionar para el rock argentino. Hunt, líder de la agrupación Los Carabells, tuvo militancia orgánica en el peronismo combativo. Ser rockero, presidente de un centro de estudiantes y peronista de izquierda era comprar el certificado de defunción en un pago. Su vida quedó en manos del sicariato en lancha Falcon y, de esta manera, engrosó la lista de desaparecidos de la última dictadura cívico-militar. El hecho pasó desapercibido y durante décadas fue ignorado por cronistas e historiadores hasta que su coterráneo, el músico Miguel López, recreó la odisea del secuestro de Hunt en una memorable canción.

Entre la sangre y el tiempo, el rock argentino eligió un tercer tiempo. Ni liberación ni revolución. El tiempo escogido se detuvo en la estación de la aceptación para luego esgrimir una certeza contradictoria: el rechazo a un mundo que lo cobijó.

Desplegó su mayor arsenal ideológico en esa etapa. Ni cómplice ni activista. Antepuso la micropolítica e instaló sobre la mesa el riesgo de la urticancia cuestionadora pero alejado de la lucha continental de su época.  

La militancia revolucionaria y el proyecto nacional tuvieron su trágica derrota.

El rock también, aunque no se note.

Almendra “Camino difícil” (1970)

Aquelarre “Yo seré el animal, vos serás mi dueño” (1972)

Miguel Cantilo “La marcha del retorno” (1975)

Lopez “Billy Lee Hunt” (2014)