Es el mercado…

Algunas reflexiones sobre las responsabilidades compartidas a la hora de ver lo que pasa en nuestra sociedad, sin el velo de la indignación selectiva.

Por Adrián Berrozpe.

Mientras la noticia de que encontraron a la niña de Villa Lugano y aprehendieron a Carlos Savanz, quien fuera el que sustrajera a la niña de la propia marginalidad donde vivía, inundaba las pantallas televisivas y las redes, emerge casi espontáneamente la acusación hacia el Estado como responsable directo de la situación. Porque, claro que hay responsabilidad, pero… ¿Quién culpa al mercado?

Hay una realidad clara que no se puede obviar: tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en el país hacen faltas políticas públicas específicas para los sectores marginales, no sólo de las personas en situación de calle, sino para todo el esquema que esta realidad implica. La diferencia es que la contraposición de los dos proyectos, el de la ciudad y el que conduce el país, es la línea política que impulsan.

Hace 13 años que en CABA gobierna el mismo proyecto, que lleva adelante políticas neoliberales y no tiene reparo en mostrarse como un proyecto del mercado, aunque esto pase desapercibido en la mirada de la mayoría de nosotros. En otras palabras, se impulsan políticas a partir de las necesidades del propio mercado porque hoy en día y desde hace muchas décadas, éste les dice a los gobiernos que sobra gente.

Y si el mercado afirma que sobra gente (“la cultura del descarte” en palabras del PapaFrancisco) y hay gobiernos que desarrollan políticas en consecuencia de ellos, entonces debemos entender que hay Estados que son controlados por el mercado, que es lo opuesto a los Estados que intervienen el mercado. Entonces tampoco el mercado cumple con su máxima, la “no injerencia”, pero la realidad es que no hay nadie que culpe o responsabilice, aunque sea en parte, a esta entidad que es la que termina definiendo hacia dónde se dirigen las economías del mundo.

Consumir o ser consumido

Un ministro de seguridad analiza en una nota para un diario del mercado lo siguiente:

La pobreza extrema destruye la noción de ciudadanía, pues resulta un exceso del lenguaje llamar ciudadano a quien no tiene DNI, carece de escolarización, sufre hambre, vive en una carpa de nylon y padece un contexto de adicción. Son sujetos formales de derechos que en la práctica concreta no existen. Son muchos los compatriotas en esa condición de exclusión absoluta del consumo, de la educación, de la salud, del circuito productivo y de los más elementales derechos humanos.”, expresó en medios de comunicación Sergio Berni.

Y aunque seguramente no estemos de acuerdo en muchas cosas con este ministro, hay que decir que en esto sí. ¿Savanz puede ser considerado un ciudadano? ¿O es en verdad el descarte, necesario, del mercado, puesto que en la propia premisa de la oferta y la demanda hay que entender que si hay un alguien que se apropia de los bienes de consumo, hay alguien que no?

Porque hay que partir del hecho de que el mercado propicia el consumo, entonces si no consumís, el propio mercado te consume. Si un sujeto no puede adquirir los bienes esenciales para su desarrollo termina siendo descartado, entonces éste intentará de cualquier manera no serlo, porque de ello dependerá su propia subsistencia.

No solo debemos entender como bienes esenciales a los nutrientes para la subsistencia del propio ser debemos entender que, si ponemos todo bien necesario para cumplir con ésta, serán bienes esenciales. Podemos verlo en un ejemplo ficticio que grafique lo dicho:

Carlos consiguió luego de años una entrevista para trabajar en un call center, si Carlos consiguiera el trabajo podría acceder a un sueldo fijo que le permitirá, mientras el mercado lo disponga, cierta estabilidad de consumo. Ahora, para que Carlos quede en el puesto laboral necesita, además de estudios y buena presencia ya que así lo requiere el empleador, un domicilio fijo… pero Carlos no lo tiene, vive en la calle, no está escolarizado, tiene sólo un blue jean y un par de zapatillas que le regaló una vecina. Carlos no consigue el trabajo, por más que tuviera los bienes simbólicos (es decir, la capacidad de desarrollar la tarea), carece de los bienes materiales, Carlos no consigue el trabajo ni la capacidad monetaria de poder consumir o adquirir bienes esenciales que le ofrece el mercado.

Gramsci tenía razón…la batalla cultural y Fratelli Tutti.

Muchos dirán que no hay punto de entendimiento entre uno de los máximos exponentes del comunismo moderno y el máximo referente de una de las principales religiones a nivel mundial, pero sí lo hay: tanto Gramsci como el Papa Francisco afirman que la batalla por la sobrevivencia de nuestra sociedad es cultural y que el principal enemigo es el mercado.

En su encíclica, Francisco retoma el pensamiento de San Francisco de Asís, quien toma como principios la necesidad de carecer de bienes materiales (mal entendido como pobreza), el trabajo (la necesidad de este como organizador) y la búsqueda de un consumo de bienes culturales.

Hay reglas económicas que resultaron eficaces para el crecimiento, pero no así para el desarrollo humano integral. Aumentó la riqueza, pero con inequidad, y así lo que ocurre es que «nacen nuevas pobrezas». Cuando dicen que el mundo moderno redujo la pobreza, lo hacen midiéndola con criterios de otras épocas no comparables con la realidad actual. Porque en otros tiempos, por ejemplo, no tener acceso a la energía eléctrica no era considerado un signo de pobreza ni generaba angustia. La pobreza siempre se analiza y se entiende en el contexto de las posibilidades reales de un momento histórico concreto.”, reza uno de los fragmentos de la encíclica papal que vio la luz en los últimos tiempos.

 Y más adelante, hablando del contexto actual, Francisco agrega que: “Es verdad que una tragedia global como la pandemia de Covid-19 despertó durante un tiempo la consciencia de ser una comunidad mundial que navega en una misma barca, donde el mal de uno perjudica a todos. Recordamos que nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos. Por eso dije que «la tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. […] Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa bendita pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos»”.

Es el mercado, lo afirma Gramsci y lo reafirma Francisco, y hasta que no lo entandamos y no lo combatamos va a seguir siendo el mercado, porque para cierta clase política está mal que el Estado intervenga sobre él, pero le parece que está bien que el mercado intervenga sobre el Estado. Mientras que el statu quo se mantenga, la lucha o la grieta será entre los que busquen “querer ser” y los que busquen “no dejar de ser”.

Como decía Albert Camus: “Ellos mandan hoy… porque tú obedeces”.

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