Jorge Rulli: historia del agronegocio en Argentina, 2da parte

El contexto en que ocurren los hechos que relatábamos en la primera parte de esta entrevista al histórico militante Jorge E. Rulli (PARTE 1), es el de la disputa que dio comienzo a la lucha y concienciación sobre el daño del modelo de agronegocios impuesto en la Argentina específicamente. La misma tuvo como epicentro a las cúpulas del poder tanto eclesiástico como político, en estrecha relación con los capitales privados que desarrollaron e impulsaron el esquema venenodependiente. En esta segunda parte, Rulli profundiza en las acciones realizadas en favor y en contra del mismo.

Por Romina Rocha.

Habíamos quedado en la concreción del seminario en Roma…

El seminario en el que quisimos participar se presentó ante nosotros la primera dificultad que no esperábamos, ya que el Vaticano era el último lugar donde imaginábamos que Monsanto podría estar, el último lugar en el que pensamos que se podría tomar partido a favor de la biotecnología. Porque dos o tres años después, la respuesta que allí obtuvimos se replicó en la Argentina a través del Obispo de la iglesia de Zárate-Campana Oscar Sarlinga. Nos pasó lo mismo que aquella vez en Roma: nos enteramos de manera inesperada que se estaba convocando un seminario similar sobre plantas y animales transgénicos, en el hotel Sofitel de Los Cardales, en la provincia de Buenos Aires. Entonces nos fuimos a Campana, donde teníamos algunos amigos, y planificamos con ellos llevar adelante una movilización local contra el seminario convocado.

Comenzamos haciendo una filmación contra el Obispo, un pequeño vídeo que circuló muchísimo en el que se diseñó una caricatura de Sarlinga como el Obispo de Monsanto. El resultado fue que, poco tiempo después, volvimos a pedirle una entrevista al Obispo, que esta vez nos concedió. El hombre era una persona muy elegante, con varios títulos universitarios, y nos recibió en su despacho con un abogado a su lado. Sarlinga inició el diálogo explicándonos que el abogado lo acompañaba en la reunión porque ya nos habíamos ganado una querella, y nos mostró un afiche con su caricatura y el texto que lo acusaba de ser el obispo de Monsanto. Añadió luego que nos recibía simplemente porque había despertado su curiosidad el que nos dirigiéramos a él mencionándolo como “Padre Obispo”. Le explicamos, entonces, que éramos parte de la iglesia y que, como tales y estando en contra de la biotecnología, nos proponíamos que él retirara su respaldo al seminario. El obispo reconoció que era un tema polémico y nos mostró un libro de Gustavo Dutch, de Barcelona, quien era muy amigo nuestro y se encontraba consultando. Nos pareció poco casual el gesto de tener preparado ese libro y reiteramos nuestra oposición al seminario. Fue entonces que el obispo Sarlinga nos manifestó que respetaba nuestras posiciones, pero no comprendía por qué concentrábamos nuestro esfuerzo opositor en él, y nos repitió la demanda … “¿por qué a mí?”. Entonces le respondí: “discúlpeme por lo que voy a decirle…el punto más débil de esta cadena de complicidades es usted, y lamentablemente tenemos planes para que la cadena se corte en usted”.

¿Y cómo reaccionó ante esta declaración que podríamos considerar “de guerra”?

El Obispo no podía creer escuchar una cosa semejante, pues se lo dije con mucha certeza. Y, en realidad, ya teníamos pensado jaquearle la página y hacerle un escándalo memorable en su diócesis. Cuando se dio cuenta de que era objeto de una ofensiva planificada, se asustó muchísimo. Entonces comenzó a negociar y nos ofreció abandonar el respaldo a esas políticas, mientras nosotros le anunciábamos que teníamos un acto organizado para el día siguiente en Campana, su diócesis. Nos prometió una carta de apoyo que cumplió en redactar. Terminamos haciéndonos amigos. Nos dimos la mano y me acuerdo de que le regalé el libro “Guerrero de la periferia”. La verdad, terminamos simpatizando mucho, era un hombre enormemente culto y muy inteligente, y además conocía los mismos autores que nosotros manejábamos. Tenía un amplio conocimiento. Estaba corrigiéndose de sus compromisos con los organizadores del seminario y nosotros estábamos dispuestos a darle la ayuda necesaria para que volviese a actuar desde su rol más genuino.

Bueno, es un buen antecedente en relación a los resultados de la lucha directa…

Sí, pero esto es apenas un ejemplo para mostrar cómo estaba preparándose la política en el ámbito eclesiástico en Argentina, con las actividades que desarrollaba Monseñor Sánchez Sorondo, ya que la presión venía desde las Academias Pontificias de la Ciencia del Vaticano. Se intentaba replicar en el hotel Sofitel aquel seminario sobre vegetales y animales transgénicos, ahora nada menos que en Argentina. Y aunque nosotros nunca dejamos de mencionar a los responsables de esto, lo cierto es que teníamos muchas expectativas de que la situación cambiase cuando eligieron a un Papa argentino… pero a pesar de lo que nosotros esperábamos, sólo seguimos acumulando interrogantes.

¿Cuál era el contexto mundial en ese entonces en torno a este tema?

En África, uno de los líderes religiosos que había llamado nuestra atención era el Obispo Turkson, una persona sumamente capaz y muy inteligente. Los episcopados africanos habían desarrollado, antes de la llegada al papado de Francisco, una serie de medidas de resistencia contra Monsanto, y ello incluía la oposición a las semillas transgénicas. Estas políticas de Monsanto, y en especial el respaldo a las semillas genéticamente modificadas, habrían tenido el apoyo de las fuerzas cubanas que operaron en África, particularmente en Namibia. Cuba operó en África, de hecho, como introductora de semillas transgénicas y los episcopados africanos se opusieron en defensa de las prácticas y de la cultura campesina. Soy consciente de que muchas cosas que he contado son muy densas y difíciles de metabolizar, pero es lo mejor que te puedo contar desde los casi 30 años de lucha que ya llevamos a cuestas. Durante muchos años fuimos, como GRR (Grupo de Reflexión Rural) para Monsanto y en el Cono Sur, una molesta “piedra en el zapato”.

Ciertamente puede pecar de desagradable, pero no de falso… y el tiempo les ha dado la razón, para desgracia de todos nosotros… ¿Qué pasó al final con Bergoglio?

A poco andar de que él se hiciera cargo del papado, no lo echó a Sánchez Sorondo como nosotros imaginábamos, sino que le cambió la función y lo puso a coleccionar pelotas y camisetas de los equipos de fútbol, que eran regalos al Papa. Y durante los primeros tiempos se sacó innumerable cantidad de fotos con jugadores, todo eso mientras el Papa empezaba a trabajar en cuestiones más serias y trascendentes. Pensó en cómo debilitar las empresas y trabajó mucho en las asociaciones católicas de empresarios, en las que logró que muchas asociaciones religiosas abandonaran los paquetes accionarios de las grandes empresas de energías fósiles.

Y en los últimos tiempos, Sánchez Sorondo habla por el Vaticano enfrentando al Reseteo y lo hace de una manera correcta, pero parece no darse cuenta de que el embrión del Reseteo que ahora nos propone el Foro Económico Mundial era la política de biotecnología a la que apoyó durante veinte años. Según sabemos, privadamente el prelado ha reconocido haber sido mal aconsejado y que estuvo equivocado. Algunos personajes siniestros que se deben de contar entre los que mal aconsejaron al monseñor, instalaron el modelo de los Agronegocios y supeditaron a nuestro país a los intereses de los mercados globales. Esa servidumbre nos ha colonizado y no nos basta con que uno de sus responsables confiese ahora que estuvo equivocado… Lo menos que pretendemos es que se reconozca públicamente esa posición, así como también pretendemos que se reconozca la lucha del Grupo de Reflexión Rural, y en particular la lucha de nuestros hermanos en la fe, como el ingeniero agrónomo Adolfo Boy y el maestro Víctor Montesco, quienes bien podrían haber participado de las Academias pontificias en lugar del responsable del arroz dorado transgénico, que incorporara a esa institución vaticana el Monseñor Sánchez Sorondo. Esos compañeros murieron en el ostracismo sin ser escuchados por sus obispos y tampoco por el Vaticano. Y cuando nos presentamos en Roma con ánimos de participar en la conferencia de organizaciones populares y campesinas, se nos cerraron las puertas. Tampoco se nos han respondido las cartas sobre el reconocimiento a la legitimidad del trigo transgénico que realizara años atrás la Congregación para el Culto Divino, en su resolución acerca de las hostias para celíacos. No son hechos menores, ni merecen el olvido, por eso reclamamos justicia y reconocimiento, y se los reclamamos directamente al Papa Francisco.

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