Jorge Rulli: Historia del agronegocio en Argentina, 3ra y última parte

Como ya pudimos leer en las otras dos partes de esta entrevista al histórico militante y activista Jorge E. Rulli (PARTE 1 y PARTE 2), tenemos una síntesis concreta de cómo se dieron las cosas para que hoy estemos más pobres y envenenados que nunca en nuestra historia. Si comprendemos mejor la raíz del problema, tendremos más cerca la posibilidad de remediarlo.

Por Romina Rocha.

Hasta ahora, lo que nos contaste supera a cualquier ficción que se pudiera inventar para hablar del mal en el mundo…

Sí, toda esta historia es bastante siniestra, nosotros nos fuimos informando de manera muy reservada a lo largo de los primeros años de lucha del Grupo de Reflexión Rural. En un momento de ese recorrido, Cuba decide premiar con la medalla Lenin al Obispo Monseñor Sánchez Sorondo en nombre de la Academia de Ciencias de ese país y, por supuesto, nadie entendía qué era lo que estaba pasando. Nosotros, a través de nuestra compañera, la bióloga argentina Lilian Johensen, sumado a mi propia experiencia durante el exilio, pudimos comprobar cómo viajaban a Europa cientos de cubanos que iban a formarse allí en biotecnología e ingeniería molecular, financiados por Monsanto. Como anécdota que podríamos agregar, digamos que a estos becarios, cuando retornaban a la isla, se les permitía la excepción de llenar sus valijas con electrodomésticos. Este gesto de la aduana implicaba un privilegio colosal, y lo digo con el conocimiento que me da el haber sufrido las penurias cotidianas de la vida en Cuba.

Este dato no está para nada difundido, ni siquiera entre los más férreos defensores de la Revolución Cubana…

Nosotros nos preguntamos muchas veces en aquellos años (a principios del nuevo siglo) por qué Monsanto había llegado al nivel de transgredir las normas norteamericanas del bloqueo, que en realidad es un embargo, para facilitar estas situaciones y así convertir a Cuba en una potencia en biotecnología. Y teniendo ese interrogante en mi conciencia, ocurrió que en una ocasión me crucé con una científica argentina que trabajaba en México y que también lo había hecho en Cuba. Cambiando pareceres con ella, me dijo simplemente: “Rulli, ¿dónde creés que Monsanto puede llevar a cabo las prácticas habituales y más reservadas de quimeras con humanos en un laboratorio de biotecnología?”. Y hablamos de las quimeras más horribles y espantosas que se les puedan ocurrir ya que, en Cuba , probablemente, Monsanto podía tener la impunidad de saber que ningún grupo de bioética ni religioso lo iba a denunciar. Además, se conocía que Cuba tenía una práctica muy extensa en mezclar genes humanos con cerdos. Existe un registro reciente de un cerdo que nació con el rostro similar a un mono “milagrosamente”; asimismo, hemos visto también una secuencia fotográfica de cerdos híbridos con genes humanos, a los que se les deformaban la patas como por un principio de artrosis, hasta hacerlos inviables.

Modelo híbrido entre cerdo y humano

¿Y por qué motivo Cuba estaba experimentando con tales aberraciones?

Estos intentos eran parte de un proyecto siniestro de producir órganos para transplantes humanos, desarrollados en cerdos hibridados con genes humanos. La isla ponía muchas expectativas en esta industria, en la que Monsanto, por supuesto, los respaldaba. De hecho, Monsanto usaba a Cuba como una plataforma para hacer lo que no podía llevar a cabo en el resto del mundo. Al aceptar Cuba las condiciones de la corporación, tendría a cambio el respaldo que el bloqueo le impedía tener a la vez que acceso a un nivel científico de agrobiotecnología, que le proporcionaba un liderazgo sobre países más pobres, particularmente en África. Si bien ese liderazgo se enmarcaba en las necesidades del agronegocio y del servicio a las corporaciones en los nuevos mercados globales, impresiona comprobar que, en aquellos años, Cuba respaldó y difundió las semillas transgénicas de Monsanto en los mismos países donde a mediados de los años ’60 combatiera el Che Guevara. Y lo hacían aprovechando la leyenda del guerrillero heroico, así como el aporte militar del ejército cubano contra las tropas sudafricanas en Namibia. Destaquemos también que, en el caso de las semillas de Monsanto, fueron nada menos que los episcopados africanos de la iglesia católica, liderados por el Cardenal Turckson, los que las denunciaron y lograron detener su difusión.

Por la dimensión de lo que venís contando, no pareciera ser que la estrategia de Monsanto tuviera sólo fines comerciales o científicos… ¿Qué otros intereses se hicieron evidentes con esta relación?

Lo que ha ocurrido con el surgimiento y extensión del populismo oligárquico fue colonizar y crispar a América, y esto es una terrible pena. En una de las conferencias que dejo a disposición, me invitaron a hablar en el Senado de la Nación sobre la encíclica Laudato Sí y debí compartir el panel con el Obispo Lozano, quien fuera el responsable de firmar con las grandes corporaciones sojeras, Emilio Pérsico del Movimiento Evita y el Mocase Vía Campesina, en 2014, en Añatuya, Santiago del Estero. Era un acuerdo de coexistencia entre ambos modelos: el de la agricultura familiar y el de los agrobusiness. Este es el mismo Obispo que alguna vez, cuando Sánchez Sorondo convocara en el Vaticano a un seminario a favor de las plantas transgénicas, me negara haber recibido  nuestra demanda de participación, diciéndome que él no era Bergoglio y que sí era el responsable de medio ambiente…

Todos los mismos personajes, una y otra vez…

Volviendo al Papa Francisco, y más allá de su negativa a respaldar éticamente a los transgénicos, decisión en la que me mencionara, debemos observar que Sánchez Sorondo sigue siendo parte de su equipo más íntimo y que si bien algunas de sus antiguas funciones cambiaron y hoy se encuentra más controlado y acotado, tenemos razones de sobra para no confiar en su persona. No obstante ello, que ahora podamos coincidir en sus críticas al reseteo y a la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, nos obliga a recordar esta dolorosa historia de equívocos y concesiones a las políticas de la ciencia empresarial. Me importa fundamentalmente reivindicar en esta situación a compañeros del GRR como Adolfo Boy y como Vìctor Montesco que, siendo fieles a la iglesia, murieron sin reconocimiento alguno de sus opiniones y convicciones. Mientras tanto, se incorporaba a las Academias Pontificias a personajes notables de la tecnociencia que se ha impuesto con los agronegocios. No sólo fueron y fuimos desoídos innumerables veces, sino que tampoco fueron respondidas nuestras cartas y, cuando viajamos a Roma para participar en el primer Encuentro Mundial de Movimientos Populares, se nos negó la entrada. Ello fue en el año 2014, y de ese encuentro no queda la menor memoria ni quedó rastro alguno en el plano de las luchas sociales. Solamente nosotros lo recordamos, los que fuimos del Grupo de Reflexión Rural, porque siendo una de las organizaciones más importantes en las luchas antiglobales y contra las fumigaciones, se nos negó la entrada al encuentro cuando se habían enviado invitaciones a grupos de izquierda en la Argentina, que se caracterizaban por conducir campañas a favor del aborto.

Se parece bastante a lo que pasa actualmente respecto de la participación popular real en las discusiones de interés público, con esos sectores de izquierda como parte de los armados más relevantes a nivel nacional.

Fue el germen de los días que corren. Nosotros, a lo largo de una lucha de más de 25 años, hemos sido objeto de muchas injusticias, pero pocas veces se nos negó la existencia como luchadores tal como en aquellos días amargos. Si bien numerosos altos funcionarios del Vaticano se enteraron de cómo se nos censuraba y las razones oscuras e inconfesables que existían por detrás de esta acción innoble, el veto se mantuvo y se mantiene. Tenemos, por ello, todo el derecho a desconfiar de personajes como Sánchez Sorondo y como Juan Grabois, más allá de cómo endulcen sus discursos y los acomoden a las necesidades de la audiencia. Del encuentro mundial de los pueblos que convocó el Vaticano no queda memoria alguna, pero algunos seguimos preguntando la razón de que la academia de ciencias de Cuba premiara a un prelado con la medalla Lenin y, más aquí, todavía nos preguntamos la razón por la que el documento de la Congregación para el Culto Divino  reconoce que la hostia consagrada debe tener, al menos, una parte de trigo verdadero; pero sorprendentemente aclara que ese trigo puede ser transgénico… La biotecnología fue el embrión de la nueva política que ahora nos proponen con el nombre de “Reseteo”, y si ello no se comprende, se estaría falseando la historia cercana y, por lo tanto, se nos estarían ofreciendo falsas y tramposas soluciones. Es importantísimo que la lucha contra los transgénicos sea reconocida como la lucha antiglobal a la que la Argentina le dio la espalda desde la época de Menem y en adelante. En aquellos años de principios del nuevo siglo, nosotros como GRR peleamos en muchas ciudades y somos testigos de que muchos jóvenes de los movimientos antiglobales europeos fueron muertos o quedaron seriamente heridos por la represión policial.

¿Y qué pensás que debería pasar hoy para no repetir la historia?

Tengo siempre presente que toda una generación de esos jóvenes fue sacrificada, mientras se impuso el agronegocio y la compra de tierras (land grabbing) por parte de las empresas en los países pobres. Y esto pasaba mientras acá se festejaba la sojización, como si fuese el destino nacional logrado de una Argentina exportadora de commodities. Todavía hay quienes insisten en que la soja “es peronista” y ocurre que han olvidado las propuestas de liberación nacional que alguna vez nos caracterizaron. Hoy, bajo las viejas banderas, estos sectores han devenido en servidores de las nuevas colonialidades. Y con todo lo vivido me cuesta aceptar que esas luchas queden en el olvido. Los responsables de dar la espalda a estas razones tienen que pedir perdón, tienen que asumir que estuvieron equivocados. Esta historia no habría sido la misma sin las decisiones o sin la indiferencia de muchas personas que se negaron a ver lo evidente. Y tienen que hacerlo ahora, porque sólo así podremos actuar todos viendo la trama completa de esta historia de terror, que no hace más que profundizarse en nuevas servidumbres.

Jorge Eduardo Rulli, en el homenaje que le realizó Pino Solanas en el Senado.

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