La agonía del peronismo

El nuevo libro de Jorge Rulli se atreve a discutir con el presente del movimiento político que sigue obsesionando a los argentinos, tanto desde el amor, como desde el espanto.

Por Nancy Giampaolo.

En una nota publicada recientemente en la Revista Paco, el escritor Juan Terranova se pregunta: ¿Cuándo fue que el chisme se transformó en militancia? Y luego afirma: La política afectada por las redes sociales, donde toda lírica recae en la anécdota y en la acusación. Es primitivo y si no fuera tan siniestro, tan regresivo, podría ser hasta lírico. Inmolación y chismografía. Es nuestra breve época. El charco que hoy nos ahoga. En un sentido similar, el historiador Marcelo Gullo, prologuista del libro que hoy nos ocupa, espetó durante una de las presentaciones que hizo junto a Jorge Rulli, el autor: Casi todos los libros políticos, actualmente, son de chismes. Nadie que esté genuinamente interesado en la historia y la política recientes de Argentina puede negar la veracidad de estas conclusiones. Con las elecciones como norte para los dos lados de la grieta, con la dialéctica reduccionista de “ellos y nosotros”, con el meme, el tuit, el posteo y el hashtag como armas de combate inmediatas, accesibles y -en muchos casos falaces cuando no inútiles- la lectura y la relectura de documentos vinculados al pasado reciente de un país que no atina a salir de dicotomías paralizantes, se hacen más que necesarias. El peronismo sigue siendo un problema irresuelto para peronistas, antiperonistas o peronistas autopercibidos; y los candidatos del PJ en las dos boletas que definirán la elección, son la muestra más concreta de que no es un problema que pueda darse por concluido. Por eso la validez de un libro que critica al peronismo desde adentro, a partir de la experiencia de alguien que estuvo ahí casi desde el comienzo y que es, por decirlo sencillamente, un heterodoxo dentro del presente del movimiento. Catalogado como “Héroe de la primera resistencia”, preso del Plan Conintes -también de la última dictadura pese a no haber formado parte de la “tendencia”- y pionero de la lucha contra agrotóxicos y transgénicos, Rulli es, además, el antónimo del pejotismo. Un hombre que incomoda a peronistas, kirchneristas, marxistas y progresistas, al punto de haber sido denunciado por Horacio González como un “funcional a la derecha”, pero que al mismo tiempo es una voz fundamental dentro de un panorama en el que las voces cambian, mutan, se apagan y se enardecen de acuerdo a coyunturas volátiles. Al repaso testimonial de avatares que incluyeron exilio, cárcel, visitas prolongadas a Cuba o China, se suma la visión ecológica sobre las políticas agrarias y ambientales con la que Rulli se ganó la enemistad del kirchnesrismo en su etapa de fervor sojero, y las pautas con las que otros países lograron sostener cierta soberanía alimentaria, una cuestión sistemáticamente soslayada por los gobiernos nacionales de los últimos 40 años. Para dar una pauta más certera del contenido de “La agonía del peronismo” (Biblos 2019), transcribimos párrafos elocuentes de algunos de sus capítulos.

Del capítulo “Nunca fuimos una juventud maravillosa”

Muchas veces nos hemos referido a la clase política, pero vale la pena preguntarse si existe esa clase, es decir ¿lo que llamamos clase política en un sentido vulgar, se configura como clase? Es una buena pregunta y yo respondería en principio que sí, que se configura como una clase, que tiene la capacidad de reproducirse al igual que una clase, que su modo de abroquelarse cuando uno de sus miembros es agredido nos refiere a un estrato de raros privilegios en el que existe un fuerte sentimiento de cuerpo que permite cerrar filas y protegerse en códigos comunes tan fuertes como el temor a quedar fuera de ese círculo que refiere a la política entre comillas, y al privilegio del manejo de la cosa pública, y que sobrentiende un distanciamiento cada vez mayor con el común de la población.

Del capítulo “La vida en la cárcel: una pedagogía extrema”

…cuando nos referimos al Servicio Penitenciario estamos hablando de una institución militarizada que dispone a su antojo de miles de seres tan indefensos como moralmente condenados por la sociedad que se desinteresa absolutamente de su suerte; seres a los que se puede impunemente humillar, robar sus pertenencias o robar del presupuesto que la Nación les asigna para sobrevivir, abusar de los familiares de aquellos a los que tienen de rehenes, en especial de las mujeres de los encarcelados, utilizarlos como clientela cautiva para comercializar droga, pastillas, lugares más cómodos dentro de los penales, servidumbres sexuales y objetos de confort. Repasar estos ítems es como describir ese lado oscuro donde encerramos aquello que como sociedad no queremos ver. Esto es sobrecogedor, pero es aún más sobrecogedor pensar de qué manera el resultado de ese desinterés nuestro se nos vuelve en contra, como quien siembra tempestades. Sí: gracias a una clase política inepta y desinteresada del verdadero valor de la aplicación de los derechos humanos, las cárceles argentinas se han transformado en una incubadora de psicópatas resentidos por el trato inhumano, que inevitablemente sancionarán a la sociedad por el desinterés en ellos y en su suerte.

Del capítulo “Los sentidos de la política”

En estos días en que muchos antiguos cuadros de la vida política sentimos en cansancio de una democracia sin frutos y el hastío de una vida política sin grandeza, nos preguntamos qué habríamos hecho de haber padecido agotamiento en épocas pasadas. Sin duda que sabemos lo que habríamos hecho, pero también que aquellas prácticas y propuestas no dieron resultado y que gestaron monstruosidades de la vida política, generaron patologías de la política, practicas perversas, nuevos mecanismos de opresión y de enajenación (…) Si las viejas propuestas setentistas han perdido su razón y su sentido ¿qué nos queda frente al hastío y al agotamiento? ¿Qué debemos hacer cuando consideramos el arma por excelencia del ciudadano que es el voto ya no basta? (…) en estas vísperas electorales, aún más importante que el voto es nuestra palabra. Porque al voto lo instituimos nosotros en los últimos 100 años de nuestra vida ciudadana, pero la palabra es algo que nace de nuestra propia humanidad: la palabra es nuestra humanidad, no tenemos nada más valioso que nuestra palabra sino la conciencia, y la palabra es en última instancia el modo que tenemos de ejercer esa conciencia y de confrontar e interpelar a otras conciencias…

Del capítulo “Las interpretaciones del peronismo”

Si perdemos de vista que un proceso de emancipación nacional se genera desde el arraigo a la tierra y a la cultura, no comprenderemos nada y terminaremos, como ahora, en medio de una enorme confusión y, como hacen algunos, sopesando la posibilidad de una biotecnología nacional o de convertir las rentas de los monocultivos en un intrumento para la justicia social o acaso -como se tratan de persuadir algunos cretinos de izquierda- en un camino al socialismo (…)

Orden, desorden del orden y emergencia de vertientes de caos creativo conviven en estos momentos de enorme confusión, en los que las manifestaciones de lo popular se entremezclan a la ensordecedora voz de los multimedios, a la publicidad de las empresas y al modo en cómo se nos fascina a diario con la sociedad globalizada. Rechazamos todo pensamiento cerrado y toda propuesta acabada justamente porque cierran la oportunidad creativa que se genera desde el caos. Sospechamos de las ideologías y de los pensadores académicos que no construyen conciencia ni generan movimientos, sino que patentan frases y pensamientos que no son capaces de encarnar con el trabajo de arraigo. 

Del capítulo “La ecologización del pensamiento político”

“Solo la ecologización del pensamiento puede proveernos hoy una nueva mirada. Ello significa llevar a la política –o sea el pensamiento político- a la comprensión de la ecología, no a la idea moderno-cartesiana de naturaleza que nos permite sentirnos fuera de ella, sino por el contrario tomando conciencia que somos parte indisoluble de la bioesfera y que sus modos de articular la biodiversidad pueden producirnos una experiencia capaz de generar pensamientos superadores (…) Los recursos naturales convertidos en producciones masivas de commodities no son las únicas expresiones de la neocolonización; también lo son los salmones transgénicos enjaulados en Chile, las flores en Colombia, el gas y el petróleo en Bolivia, Venezuela y nuestro país. (…) Una ofensiva mediática concertada ha instalado la preocupación por el calentamiento global como si fuera un problema reciente y ajeno al capitalismo todo. (…) …la resistencia a los cambios climáticos y a la destrucción de la biosfera se nos presenta como un conjunto de problemas aislados, según los cuales ayer se trataba de salvar a las ballenas y tal vez hoy de evitar los desmontes, o advertir sobre el trágico deshielo de los casquetes polares, pero evitan referirse a las condiciones impuestas por los nuevos sistemas de globalización que nos colonizan (…) Gran parte de nuestros problemas provienen de los pocos conocimientos de nuestra clase política, ignorante frente a las nuevas realidades que sólo han sido abordadas con equipos de intelectuales obsoletos de la década de 1970, algunos reciclados en los 90, pero siempre de espaldas a toda comprensión de los ecosistemas y del valor de la biosfera.

Del capítulo “Progresismo de izquierda y progresismo de derecha”

…vivimos el tránsito a una nueva etapa de colonialidad globalizada sin siquiera haber podido comprender cabalmente la etapa que dejamos atrás. Continuamos sin poder escapar de las propuestas de una modernidad tardía y de un neodesarrollismo que difícilmente logró ir más allá del crecimiento del PBI, ecológicamente insustentable y socialmente injusto. Pasamos del capitalismo de amigos y de la devastación ecológica al gatopardismo del capitalismo verde y del management ambiental en el estilo de la World Wildlife Fund, la del osito panda, que pareciera propiciar la presidencia de Mauricio Macri (…)  también está en juego el temor al vacío de sectores de izquierda que exceden en mucho al kirchnerismo y que han optado, paradójicamente, por el posibilismo y por cultivar pensamientos precarios y antinómicos en medio de las mayor complejidad reinante. Las batallas que los intelectuales orgánicos del progresismo dieron en los campos de la retórica y de los contenidos han dejado en la izquierda mutilaciones que impiden o dificultan la compresión de procesos globales y obligan a la formación de nuevas militancias jóvenes para poder afrontar los desafíos que tenemos por delante (…) Salir del fangal que el progresismo en cualquiera de sus versiones ha convertido la vida política no será fácil, y sin dudas requerirá un trabajo que nos permita ser capaces de generar un proyecto capaz de romper la actual antinomia funcional al modelo de neocolonialidad.