La Amazonía en la Geopolítica del Cambio Climático

No se trata sólo de fuego, sino de un nuevo orden mundial impuesto, claro, a los garrotazos. Por Gustavo Koenig.

El cambio climático genera una nueva geopolítica, un reordenamiento de las estrategias por el control de la geografía mundial.  Atentas a estos virajes, las grandes corporaciones transnacionales como Bayer-Monsanto, Cargill, Barrick Gold o Chevron entre otras, suman sus objetivos particulares a un cuadro general en que los países ya no son los únicos capaces de tener injerencia en el nuevo orden. Estos ya no son los sujetos ordenadores del mundo en soledad. La búsqueda de tierras aptas para cultivo y la consecuente necesidad de agua fue transformándose en una cuestión central de las agendas militares de las principales potencias.

Latinoamérica es el mayor reservorio de naturaleza del mundo y el Acuífero Guaraní, situado precisamente bajo el Amazonas, es el mayor reservorio de agua dulce. También entran en la ecuación el control de territorios ricos en tierras atípicas para la tecnología militar y aeroespacial, sumado al control de la proteína vegetal en la producción de alimentos. Estamos ante un reordenamiento global producto del calentamiento climático. Habrá zonas que se congelarán por causa del derretimiento de los casquetes polares y zonas que arderán de calor por ausencia de precipitaciones.  Las potencias intentarán, por las buenas o por las malas, ocupar territorios con climas más favorables o utilizarlos en su provecho.  

La Amazonía incendiada circulando por las redes sociales podría ser una sutil e inteligente forma de invasión para hacer legítima la presencia de Organismos Internacionales a través de los que las potencias interfieren. EEUU, por ejemplo, ha desarrollado una forma de control de los Recursos Naturales a través de la colaboración con las Fuerzas Armadas de países subdesarrollados con la excusa de la Prevención de Desastres Naturales. Algo tan efectivo como la prevención al narcotráfico de la DEA. Una Amazonía “protegida” por EEUU es la entrega del mayor reservorio de agua y diversidad biológica del mundo a la potencia que ha demostrado, a lo largo de todas sus intervenciones en países extranjeros alrededor del mundo, que las expectativas de que la situación mejore no pueden ser muchas.

El aumento de la población mundial incrementa la necesidad de alimentos y el cambio climático modifica la capacidad de la naturaleza de proveerlos. El aumento de zonas áridas, inundaciones, sequías, deforestaciones, incendios forestales, pérdida de fertilidad de los suelos deben ser entendidos como armas de guerra de la nueva geopolítica mundial, tiene más capacidad de doblegar a un pueblo la imposición de una política agraria que una bomba, porque una sociedad que no tiene la capacidad de controlar la producción de sus alimentos está rendida de antemano. La agricultura transgénica está prohibida en casi toda Europa, mientras las principales empresas fabricantes de transgénicos, agrotóxicos y fertilizantes son de patentes europeas. El mensaje es claro: a cagar a lo de Carlitos. Los royalties los cobran quienes se imponen, mediante estos nuevos métodos de sometimiento del conjunto, y el cáncer y la desertificación nos los quedamos los pueblos.

(Gustavo Koenig es Licenciado Sociólogo de la U.B.A. y se encuentra Maestrando en Defensa Nacional en la UNDEF)