La democracia inoculable

A poco de que lleguen las PASO (Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), algunas observaciones sobre una campaña mediática y biológica que deja mucha tela para cortar.

Por Valeria Vizioli.

En Argentina, con la incorporación del sufragio femenino en 1947, votar es un derecho y una obligación para todos los ciudadanos. A partir de esa fecha, las personas mayores de edad y hasta los 70 años (luego de esa edad es optativo), deben presentarse a votar en cada elección. Según la Ley 19.945 del Código Electoral Nacional “Votar es ejercer tu derecho político a elegir a las autoridades que te van a representar en los cargos públicos del país”. En caso de no presentarse a votar, el ciudadano debe justificar debidamente su inasistencia, de lo contrario será multado.

Este año 2021 hay elecciones legislativas. Las primarias definen los candidatos de cada espacio político y se llevarán a cabo el 12 de septiembre, y las generales de diputados y senadores serán el 14 de noviembre. 

Con este escenario en puerta, los gobiernos se desesperan por incrementar desmesuradamente la cantidad de inoculados contra la covid-19. Y ejemplo de ello son las declaraciones del ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, quien anunció que se comenzará a vacunar “casa por casa” en aquellos lugares donde se detectó menor porcentaje de inyectados.

“Hemos trabajado para poder tener colectivos que funcionen como vacunatorios móviles y poder adentrarnos en territorios donde estemos detectando menor porcentaje de vacunación y vacunar casa por casa”, aseveró Kreplak durante una conferencia de prensa en la Casa de Gobierno de la provincia de Buenos Aires. *

A partir de acá podemos plantear varias inquietudes: ¿Cómo interfiere la obligación de votar con el derecho a elegir sobre mi cuerpo? ¿Qué pasa si decido no inocularme? Si un derecho civil interfiere con un acto optativo y voluntario, ¿soy pasible de esperar algún tipo de multa económica? ¿O puedo incluso pasar a integrar o ser parte de una suerte de lista negra?

Según el artículo 19 de la Constitución Nacional, “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe.”

Teniendo esto en consideración y reflexionando objetivamente sobre un tema tan sensible como es elegir (o desechar) un tratamiento médico adecuado y personalizado para un síndrome del que aún se desconocen sus verdaderas causas y sus vehículos de transmisión, podemos decir que esta elección no debiera afectar la moral de terceros, ni mucho menos perturbar el orden de una Nación.

Sin embargo, con las elecciones como pretexto, la vacunación de quienes han sido seleccionados como autoridades de mesa de los comicios es inminente. Los poco agraciados, producto de esta medida, deberán ingresar en la aplicación destinada a la comunicación con el Juzgado Elecciones PBA y, al registrar sus nombres, los mismos serán integrados a la nómina de autoridades a vacunar.

“Mi cuerpo, mi decisión” reza un bonito eslogan que cobra significado en otras oportunidades, porque en este caso, ciertamente, parece diluirse como la nieve al entrar en contacto con cualquier superficie. “Tu cuerpo, nuestra decisión” se acerca bastante más al lema por el cual nos persuaden para acatar medidas supuestamente beneficiosas para un amplio colectivo. Por supuesto, nada probado, nada justificado, todas bajadas de línea que se repiten incansablemente sin el más mínimo sustento. Repite, repite, que algo quedará… Y lo que verdaderamente deberíamos querer que quede intacto, y no en el éter, es nuestra integridad física y emocional. Quienes desde los gobiernos y autoridades bajan estos mandatos por unanimidad, lejos de ser temidos o ignorados, debieran ser expuestos en todos los estratos de la sociedad y hasta el hartazgo, ya que de eso depende que podamos tomar decisiones reales sobre nuestra integridad individual y colectiva.

Lo curioso es que todos estos personajes que dicen “velar” por nuestra salud omiten en sus discursos (y sobre todo en las medidas impuestas) un instrumento normativo de importantísimo valor en materia sanitaria, como es la Declaración universal sobre Bioética y Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). La misma, según su artículo 6 en el que habla sobre el consentimiento reza:

“Toda intervención médica preventiva, diagnóstica y terapéutica sólo habrá de llevarse a cabo previo consentimiento libre e informado de la persona interesada, basado en la información adecuada. Cuando proceda, el consentimiento debería ser expreso y la persona interesada podrá revocarlo en todo momento y por cualquier motivo, sin que esto entrañe para ella desventaja o perjuicio alguno. La investigación científica sólo se debería llevar a cabo previo consentimiento libre, expreso e informado de la persona interesada. La información debería ser adecuada, facilitarse de forma comprensible e incluir las modalidades para la revocación del consentimiento. La persona interesada podrá revocar su consentimiento en todo momento y por cualquier motivo, sin que esto entrañe para ella desventaja o perjuicio alguno (…). En los casos correspondientes a investigaciones llevadas a cabo en un grupo de personas o una comunidad, se podrá pedir además el acuerdo de los representantes legales del grupo o la comunidad en cuestión. El acuerdo colectivo de una comunidad o el consentimiento de un dirigente comunitario u otra autoridad no deberían sustituir en caso alguno el consentimiento informado de una persona”. **

Por ende, es menester recordarles a todos estos promotores de las jeringas que las vacunas contra la covid-19 siguen siendo experimentales, ya sea en un trabajo, en un establecimiento educativo o en un comicio. Y que, en última instancia, la decisión final es siempre individual. Lo que no da igual es que sigan alterando el discurso público con el fin de llevar más y más agua para sus molinos y confundiendo, en primer lugar, a los más vulnerables. Pero para frenar toda esta parafernalia, hace falta unir nuestras voluntades.

Si los políticos que supimos conseguir quisieran un poco de dignidad para el pueblo, sin dudas empezarían por destinar recursos para llegar a alimentar las millones de bocas que no tienen un plato de comida diaria en este país. En vez de perseguir víctimas con vacunatorios móviles, so pretexto de las elecciones legislativas, abogarían por la salud más básica y primal de todo ser vivo que no es otra cosa que el acceso a la alimentación, a la educación y a un hogar.

*https://www.telam.com.ar/notas/202108/565302-salud-provincia-buenos-aires-nicolas-kreplak-vacunacion.html
** http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=31058&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html

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