02/09/2020 3 min to read

La infancia feliz: Deudas con la niñez, más allá de las palabras

Category : historia, nacional, opinión, pensamiento crítico

Algunos apuntes sobre la representación de los más chicos a la luz del discurso de la diversidad.

Por Nancy Giampaolo.

“¿Dejan de ser niños porque sus experiencias sean distintas? ¿Hay dos personas en el mundo que vivan experiencias iguales? Me parece que es más importante partir de lo comunal/social que los iguala o que debería igualarlos, que desanclar su experiencia individual de la comunidad que debería protegerlos”, reflexionó a propósito del novedoso mote “Día de las infancias”, la socióloga Dionela Guidi. Es que entre todos los abordajes para modificar el lenguaje en función de los recientes activismos vinculados a mujeres y minorías sexuales, el que plantea que la infancia como concepto debe pluralizarse para ser más inclusiva, es uno de los más discutidos.

Las dudas aparecen, sobre todo, porque el supuesto de abarcar a todo tipo de menores a través del agregado de una S supone que en esas “infancias” se incluyen las que no responden al modelo heteronormativo pero también las infancias pobres, marginales, migrantes, desclasadas. “Nombrarlos en plural no es hacerles justicia –amplía Guidi– es simplemente ponerle una etiqueta de exclusividad a una vivencia”. Otras voces apuntan que, lejos de ser un ejercicio de justica social, la naturalización de las infancias que se transitan por fuera de los parámetros de protección que todos los menores sin excepción deberían tener, profundiza los problemas. Durante los últimos, años el trabajo infantil y la desnutrición aumentaron drásticamente en Argentina, incrementando la brecha entre los niños que acceden a todos sus derechos y los que se encuentran privados de la mayoría. ¿Pueden estas situaciones de desamparo de los más indefensos resolverse a través de lo que para Guidi es “una maniobra académica que se dedica a hacer el inventario de la diversidad”? ¿O el panorama sólo cambiará a través de políticas contundentes de apoyo especial para los niños que atraviesan situaciones de vulnerabilidad extrema?  

Diversidad en las cuentas pendientes

Para los sectores medios, también queda mucho por hacer. A fines de 2018, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), recomendó un mínimo 14 semanas de licencia por maternidad remunerada que Argentina no cumple, ya que continúa con 13 semanas mientras que en los países modélicos para los activismos llegan a otorgarse más del doble. Otro tema postergado que, a diferencia de los cambios de nominales formula un efecto social concreto en el terreno familiar, es la licencia para padres. En febrero de este año, el gobierno finlandés anunció que padres y madres tienen la misma cantidad de días de licencia parental y cada uno recibe un permiso laboral pagado de casi siete meses, en tanto para las embarazadas se otorga un mes adicional. En paralelo, aún en tiempos en los que la Organización Mundial de la Salud es, debido a la pandemia, la institución más mentada en todos los medios, siguen sin atenderse sus recomendaciones respecto de la lactancia y la demanda de lactarios en lugares de trabajo tampoco ocupa un lugar preponderante en las agendas de los portavoces del derecho infantil.

La apuesta por diversificar y etiquetar no debería tapar lo urgente y podría, incluso, llegar a permutarse por un acento mayor en lo colectivo. “Fragmentar el cuerpo social/comunal al extremo parece ser la única política homogénea y totalizadora de estos tiempos”, reflexiona Guidi y de alguna manera invita a reflexionar más detenidamente en torno a aquella vieja frase “Infancia hay una sola”.

Nota: Para ilustrar este artículo se convocó a usuarios de redes y lectores de Mogambo a mandar una foto personal de niñez. Con sus diferencias de época, situación y estilo, las que se recibieron coinciden en la sonrisa de los retratados. A todos ellos, muchas gracias.