La salida autogestiva

Ante la crisis de representatividad expuesta por la Paso y la inocultable caída en la pobreza de las mayorías, el mutualismo, las asambleas y el rechazo a las políticas digitadas por multinacionales renuevan sus fuerzas. 

Por Pablo Cabo.

La decadencia del sistema político representativo parece profundizarse si se interpreta al ausentismo electoral como una desaprobación de las Paso. Por citar un ejemplo: en la Provincia de Buenos Aires hay un padrón electoral de 12,78millones de personas habilitadas para emitir su voto. Evaluemos la categoría de Diputados: 4,3 millones no asistieron a la denominada “fiesta de la democracia”; la oposición de los “Juntos” obtuvo 3,14 millones de votos, y el gobierno de “Todos” obtuvo 2,78 millones seguido por los votos en blanco, nulos e impugnados con 0,51millones de votos. Será interesante comparar estos números con los de la Elección general, donde se espera mayor participación por parte de los ciudadanos habilitados.

En tiempos donde muchas personas no logramos participar activamente de la vida política de los partidos, queremos ensayar algunas propuestas y disensos respecto a las propuestas cada vez más homogéneas entre sí y alejadas de las necesidades de la población de los partidos vigentes, empezando por las asambleas.

20 años no es nada (y es mucho)

A 20 años del 2001, cuando la crisis de confianza en los bancos llegó a su punto más alto, el país dio muestras de rebeldía marcando un hito en la historia reciente argentina, con cinco presidentes en una semana, la propuesta de suspensión del pago de la Deuda Eterna, y asambleas de ciudadanos que ensayaron una democracia directa, producto de la necesidad y la falta de estabilidad política. Este proceso asambleario se fue apagando a medida que la economía comenzó lentamente a funcionar y, sobre todo, cuando se inició una política de ayudas sociales con planes como “jefas y jefes de hogar” o luego “Argentina Trabaja”, que inyectaron miles de pesos en los lugares donde el sistema neoliberal no “derramaba” sus aparentes bondades. Actualmente, ante el evidente fracaso del asistencialismo indiscriminado, algunos volvemos a insistir en encender la llama de la organización popular asamblearia y de las ayudas mutuas. Estamos en condiciones de aprender de las experiencias del 2001 y de estas dos décadas de errática vida política.

Argentina tiene actualmente la desgracia de continuar actuando como una tecnocracia, donde pequeños grupos de científicos y técnicos diseñan semillas transgénicas –como la soja, maíz o trigo- o aplican directamente las técnicas agrarias que bajan las empresas globales con sus laboratorios de la farmaindustria. Así, las poblaciones rurales deben convivir con millones de litros de venenos en aire, suelo y napas, animales encerrados por millares y la nueva propuesta: cerdos de a millones enjaulados y bajo techo.  Ante esta degradación del pensamiento técnico a un mero ejecutor de los intereses especulativos, es que las asambleas organizadas y las asociaciones de ayudas mutuas independientes de la tutela del Estado y de los partidos políticos pueden abrir un espacio a la participación política directa, entre pares, a fin de ir resolviendo los problemas de alimentación, trabajo y finanzas de forma autogestiva. También puede ser un lugar para aprender haciendo, con las asambleas como una Escuela de Disenso, donde cada uno con voz propia ejerce su pensamiento situado, desde el pie, persuadiendo a los demás o escuchando activamente la voz popular. Este ejercicio de escucha y de acción política bien articulado puede llegar a lograr un peso específico propio y ser considerado –o no- por el Estado, para avanzar en una reforma donde se considere la voz política de las asambleas en igualdad de condiciones que la de los partidos políticos.

Es necesario reconstruir la industria, la agricultura, la pesca y las actividades económicas y productivas en función del bienestar del pueblo y no en función de los intereses globales de las mega-empresas que colaboran cotidianamente en la contaminación y el saqueo. Por eso creemos muy importante volver a encender las brasas de las asambleas y del mutualismo que tienen tradiciones profundas en la vida política argentina. Actualmente la tecnología informática permite múltiples posibilidades: desde la creación de monedas sociales para reforzar la dignidad y el desarrollo productivo local, hasta la videoconferencia con más de 200 personas a miles de kilómetros de distancia para escuchar la voz de todos. Esta tecnología informática no existía hace veinte años, y estas propuestas no necesariamente implican la destrucción de los partidos políticos que van a tender a abrirse y buscarán su recuperación ya que cuentan también con largas tradiciones y proyectos inconclusos.

Nos proponemos dejar algunas formas de organización minimizadas u obsoletas, para iniciar un camino de comunidad organizada, con bastante más independencia y autonomía política local y regional. Abrazando un sueño de hermandad con los pueblos Ibero-americanos y pasar a pensar una Geopolítica desde abajo con una regeneración y cuidado de los suelos –incluyendo nuestro mar- y de la vida. Tenemos la responsabilidad de comprender que es muy probable que nuestro futuro esté ligado a nuestro pasado, a las sociedades de Socorros Mutuos, a los Cabildos Indianos, y a la creatividad que nos caracteriza como argentinos y americanos. ¿Acaso San Martín no fundó el Ejercito de los Andes prácticamente con la producción local cuyana y el desinterés de Buenos Aires? O más acá: Mosconi fundó YPF, la primera petrolera Estatal del mundo, con el rechazo explícito de los Estados Unidos. Ejemplos tenemos de sobra, nos falta tomarlos y volver a retomar la historia en nuestras manos.

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