Leandro Recalde: “Me fascina como los lenguajes pueden ser muy similares en una rama del arte o en otra”

Con su nuevo disco, Arroyo del miedo, Leandro Recalde se anima a explorar estilos y sonoridades diversas, a la par de letras que lo acercan a la literatura.

Por Nancy Giampaolo
Ilustraciones Leandro Recalde y Lucas Nine.

Empecemos por el principio y contame cómo ha sido tu relación con la música a lo largo del tiempo…

En mi casa el que escuchaba música era mi viejo. sobre todo en los viajes en auto. Predominaba por mucho el tango, el tango canción mucho antes que las grandes orquestas, pero también cada tanto se colaba algún Serrat o Alberto Cortéz. También abundaba radio Colonia. A los 10 años con el hallazgo en la casa de mi primo de un vinilo de Revolver de los Beatles cambió todo. Me volví loco y conseguí un par de cassettes más y unos años más tarde, la primera guitarra.

Nunca tuve facilidad para la música, de hecho no tocaba nada… en el secundario , a principios de los ’90 aparecieron las primeras bandas colegiales entre amigos. Eran épocas de punk-rock: los Pistols, Ramones, Los Violadores y a través de mis amigos uruguayos concocí a Los Estómagos, Los Buitres, Después de la una, etc.. Había en aquella época una valoración de lo feo, sucio y malo pero que al cabo de un tiempo empezó a ceder.

A los 19 años me fui a vivir a Francia con aspiraciones de convertirme en actor o artista circense y aparecieron otras músicas, músicas del mundo que le dicen. Empezó a importarme poco el género. Escuchaba música de muchos lugares que no conocía ni remotamente pero también escuchaba mucha música de nuestras latitudes con Caetano Veloso, Gardel y Eduardo Mateo a la cabeza.

En algún punto, esa es la música que me marcó junto con muchas otras influencias que uno no elije.

Contame un poco sobre Perro Azul, la banda con la que compartiste mucho tiempo…

Perro Azul es la última formación que armamos con Germán Nuñez, mi amigo desde que tengo 12 años. Ya habíamos armado juntos varias bandas de colegio secundario y después de eso también. Veníamos tocando juntos con mucha frecuencia y durante mucho tiempo. La banda la armamos muy poco tiempo antes de que él se fuera a vivir a España, donde sigue residiendo por lo que el recorrido que tuvo fue muy efímero.

¿Qué te impulsa ahora a hacer un trabajo solista como Arroyo del miedo?

El germen de “Arroyo” brotó espontáneamente en medio de un pequeño viaje a misiones, en medio de la selva misionera. Nunca me interesó en particular trabajar solo pero en ese momento sentía que no tenía a nadie o al menos no veía forma de asociarme creativamente a nadie. Y de pronto me vi con una serie de canciones nuevas en las que creía; me las creía y fui a buscar ayuda. Ahí me dio una primera mano importante Matías Bazzetti, sobre todo en materia de confianza porque venía muy apichonado. Después lo busqué a Marto Telechanski quien me abrió las puertas de su casa y de su estudio con mucha generosidad. Entonces creo que nunca tuve el impulso de hacer un trabajo solista sino que tenía la necesidad de hacer un trabajo que lo arranqué solo

La propuesta musical del disco es ecléctica. ¿Por qué?

El último disco, que lo llamamos así por costumbre, es decir, ya no se si sigue existiendo tal cosa, está hecho de temas que compuse en soledad y que armé y produje con la invalorable colaboración de Martín Telechanski que toca todos los instrumentos del disco y compuso también.

Este “disco”, Arroyo del Miedo, es un rejunte de canciones de distintas personas / personajes que, aunque no dejan de ser yo -suerte de alteregos- tienen su propia impronta. Los narradores son distintos y tienen distintas ópticas, sentimientos y posiciones. Creo que hay algo de teatralidad en cada tema, hay distintos escenarios, distintas atmósferas. Todo eso llevó a algo que luce ecléctico pero a lo que no dejo de verle su homogeneidad.

Los temas tienen historias detrás; hablame, por ejemplo, de la historia de “Volver”

Volver que es el primer corte es un tema que co-compusimos con Marto Telechanski. Habla de los ciclos, de como se vuelve de la tristeza pero como el retorno no es eterno, la vida como ciclos de todas las cosas, los finales que dan inicio. Es una canción a la que le sigo encontrando significados. Cuando la compuse, la primer relectura me llevó a pensar en Volver y Volveremos como consigna clásica peronista. Eran épocas aciagas de gobierno Macrista, pero sabíamos que en algún momento volveríamos. Afortunadamente fue más pronto de lo que la canción misma auguraba. Volver es una palabra de mucho peso. Ya venía connotada por el tango canción de Gardel, cargada de nostalgia. Hoy, en contexto de pandemia vuelve a sugerirme una cantidad de otras cosas. La composición se dio de manera mágica con Marto que es un guitarrista y productor de mucha experiencia, talento y dedicación. Le llevé la poesía, me preguntó como la escuchaba, le tarareé algo por arriba. Él agarró la guitarra y grabamos la primera toma. Después vinieron los arreglos pero la canción no se modificó desde esa primera pasada. Yo escucho en esa canción referencias a cantantes femeninas que me fascinaron en algún momento como Martirio o Lhasa de Sela.

Y El idioma del amor?

El idioma del amor es un bolero con comentaristas (Risas). Es una canción sentida de amor que después va a chocar con Ese Pibe -una canción sobre las canciones de amor romántico en el peor de los sentidos en la que me meto con una de mis cosas más queridas, Los Beatles-. El idioma se inspiró en una notita de amor que me dejó mi compañera al irse a trabajar. Como es psiquiatra la escribió en un recetario que era lo que tenía a mano. No solo me dio mucha ternura sino además risa. Me hizo pensar en el enamoramiento como una psicopatología, pero no lo digo en términos peyorativos. La canción habla de esa sensación de flotación que produce el idilio y que vista desde afuera, desde el no-amor, se asemeja a la estupidez. De hecho la llamábamos “El idiota del amor” pero también tenemos en general alguna dificultad para asumir esa sensibilidad, esa vulnerabilidad que nos provoca el amor y solemos rajarnos por la tangente. Quisimos que eso no pasara. Esta canción que no tiene segundo grado al menos no desde quien la interpreta, aunque termina con un corillo que alivia un poco el dulzor. Pero te repito, creo que era importante hacerla sincera y sin quitarle el culo a la jeringa. No tengo registro de que se hagan canciones de amor que no giren en torno al sexo o a los atributos físicos del ser deseado salvo por todas esas canciones de amor posesivo, celoso o de alguna manera patológico.

Hay una que es muy particular por su alto contenido literario que es El Manco Willi…

El Manco Willi es una historia, un cuento, una narración con remate. Un candombe canción. La historia por mucho tiempo la creí real, y me tenía a mi por testigo -el narrador- pero cuando la escribí no estaba seguro si era verídica o producto de mi imaginación. La historia es casi un chiste desarrollado escrito en décimas octosílabas. Hace poco, Tort, amigo uruguayo hincha de Peñarol me confirmó que El Willi existe realmente, así que es probable que la historia no sea sólo producto de mi imaginación. Ese cuento aunque tenga como protagonista excluyente al Manco Willi y como secundario a su antagonista Garompa trata en buena medida de parte de mi adolescencia.

El disco se acompaña de algunas ilustraciones hechas por vos, que sos también artista plástico y según los que saben, muy bueno. Contame un poco sobre esa faceta…

Bueno, honestamente no creo ser bueno ni mucho menos muy bueno y no lo digo por falsa humildad, lo que creo que hay es alguna suerte de autenticidad. Con la pintura arranqué de “grande” a los vieintipico, ya padre de mi hija mayor y dibujando con ella. A principio pintaba en formatos realtivamente grandes, con látex y pinceles grandes. Está bueno eso de “faceta” porque creo que es por ahí, que la pintura o el teatro o la música no dejan de ser distintas faces, distintas caras de una misma “cosa”. La llamaremos “cosa” por ahora ante la orfandad de un término más específico (Risas). Creo que soy igual de bueno, malo, intenso o superficial, creativo o chato haciendo música o pintando, actuando o editando. Lo que sí me fascina es como se pueden ir traduciendo los recursos de una materia a la otra, como los lenguajes pueden ser muy similares en una rama del arte o en otra.

Lucas Nine

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