Loola Pérez: “los hombres, las putas y las personas trans no son mis enemigos, sino mis compañeras en la lucha por la igualdad”

En una entrevista hecha por Esteban Sargiotto, publicada originalmente en Primera Generación, la española Loola Pérez habla sobre la situación de los nuevos feminismos, entre otros temas.

Nació en Murcia, España. Es filósofa, sexóloga, trabaja como integradora social y tiene una cuenta de Twitter (@DoctoraGlas) con decenas de miles de seguidores.  Es autora de Maldita Feminista (Seix Barral, 2020), donde propone un abordaje diferente sobre la igualdad sexual y hace una dura crítica al feminismo hegemónico. Hace pocos días Esteban Sargiotto la entrevistó vía mail para Primera Generación.

Publicaste un libro hace muy poco, Maldita Feminista (Seix Barral, 2020). En él, establecés una primera distinción que creés fundamental entre feminismo de la igualdad y feminismo de género. ¿En qué consiste esa diferencia conceptual?

En Maldita feminista referencio la demarcación que propone la filósofa Christina Hoff Sommers. El feminismo de la igualdad tendría una tradición humanista y liberal, enfocando su lucha contra la discriminación y violencia que sufren las mujeres ante hechos objetivos. Por ejemplo, discriminación ante la ley, agresiones, etc. Es decir, no se trata de decir que las mujeres están oprimidas por un sistema patriarcal que supuestamente lo impregna todo. Por su parte, el feminismo de género, de corte marxista y posmodernista, defiende que las mujeres son oprimidas atemporalmente por el patriarcado. En el feminismo de género predomina la idea de que las diferencias de género son construcciones sociales que buscan mantener la dominación de los hombres sobre las mujeres. Lo que yo trato es de situar bajo esas dos tradiciones las corrientes teóricas más populares e influyentes en la actualidad: el feminismo radical, el feminismo pro sex, el feminismo anticolonial, el feminismo liberal, etc.

¿A qué atribuís esta actual hegemonía del feminismo de género? ¿Coincidís con el diagnóstico de Camille Paglia al respecto?

Actualmente, el feminismo hegemónico, es decir, el feminismo predominante, es una expresión de la tradición del feminismo de género. Ese feminismo de género viene muy marcado por la corriente del feminismo radical y cultural. Coincido con Paglia en que hay una demonización de la masculinidad y una vuelta al puritanismo en cuanto a la vivencia de la sexualidad. Es un error que el feminismo hegemónico se empeñe en la idea de que todo lo que ha aportado el hombre a la civilización ha sido dañino, que tiene que juzgarse siempre como sospechoso… El feminismo hegemónico se ha convertido en un ginocentrismo y tomar como válido únicamente la perspectiva de la mujer se aleja mucho de la igualdad. Además, ese ginocentrismo defiende una forma innata de ser mujer, identificando mujer con una vagina y una forma innata, por ende, de ser hombre. Por tanto, podríamos decir que el feminismo hegemónico está llevando a una reafirmación esencialista del género, a una vuelta al naturalismo e incluso a un biologicismo radical. Justamente esta tendencia es la que está resquebrajando las alianzas entre el feminismo y el movimiento LGTBI, especialmente con el colectivo trans.

El feminismo hegemónico muestra una falta de compromiso intelectual, pero también actúa en muchas ocasiones de espaldas a los derechos humanos. El interés por mejorar la situación de las mujeres ha sido sustituido por imponer un modelo de mujer. Menospreciar a los hombres, a las trabajadoras sexuales o a las personas trans no te va a convertir en una feminista comprometida con la igualdad. Esa actitud lo que muestra es que eres una persona intolerante y dogmática, y que además solo está interesada en una forma unívoca de ser mujer, la cual es incompatible con la diversidad cultural y sexual del mundo en el que vives. Para mí los hombres, las putas y las personas trans no son mis enemigos, sino mis compañeras en la lucha por la igualdad.

¿Cómo te describirías ideológicamente? Sobre todo considerando que sos filósofa, ¿podrías describir aspectos epistemológicos, éticos, de fundamento político y tradición histórica?

Muchas mujeres hoy se identifican como feministas desde los valores liberales. Creo que ese es mi caso. El feminismo liberal ha sido y es la mecha de los derechos de las mujeres en las democracias modernas. Figuras como Mary Wollstonecraft, Stuart Mill, Harriet Taylor o más recientemente autores como Ronald Dworkin o Judith Shklar han sido muy inspiradoras para mí.

Percibo que muchas personas al hablar de ‘feminismo liberal’ están más interesadas en usar la expresión de forma prejuiciosa que en conocer verdaderamente el impacto de este pensamiento en el movimiento feminista. Hay una confusión casi generalizada entre liberalismo y neoliberalismo, o entre liberalismo y mercadocentrismo. Cuando hablo de feminismo liberal no estoy hablando de sacrificar la dignidad humana a cambio de la libertad de mercado. La idea de ‘mercado libre’ no puede operar por encima de la soberanía política de las sociedades democráticas y los derechos humanos.

Para algunos sectores de la izquierda el feminismo liberal es ‘solo’ para ‘mujeres privilegiadas’ mientras que voces de la derecha defienden que es un tipo de pensamiento que atenta contra la tradición y los valores familiares. A través del feminismo liberal defiendo que la igualdad entre mujeres y hombres no se puede contemplar desde una doctrina elitista, paternalista o un uso represivo de la ley. La libertad es el centro de mi pensamiento como feminista. No se trata solo de una forma de no interferencia sino también abre la posibilidad de tomar decisiones desde nuestra capacidad de agencia, facilitando nuestro desarrollo personal. Es un error entender la libertad como un valor o un derecho pasivo. La libertad implica la ausencia de barreras para acceder a los derechos sociales, los cuales son fundamentales para cada individuo de la sociedad y también para que ésta progrese.

Si bien parto del feminismo liberal considero que el pensamiento feminista es un diálogo con muchas corrientes filosóficas y cuya brújula son los derechos humanos. Me gusta decir que soy, en ese sentido, una feminista impura.

Formás parte de una agrupación feminista. ¿Cómo definirías sus líneas teóricas fundamentales?

MUJOMUR es una entidad comprometida con la igualdad de género. Sus actividades se centran principalmente en la educación y la juventud, pero también trabajamos con familias y otras entidades sociales. Creemos que la educación es un valor esencial para comprender el valor de la igualdad de género, la prevención de la violencia de género y la violencia en la pareja, erradicar el sexismo ya sea hostil o benevolente… Es una entidad bastante plural. Mis compañeras tienen a menudo puntos de vista diferentes a los míos, pero nunca he visto eso como una amenaza sino al revés, como una riqueza. La diferencia nos permite dialogar, cuestionar los propios puntos de vista y llegar a acuerdos. Lo más importante es que partiendo de esos acuerdos hemos articulado un proyecto común, el cual se establece desde la intervención comunitaria y el emprendimiento social.

Para nosotras la educación en igualdad y la educación sexual son herramientas imprescindibles para el desarrollo de la personalidad, la autonomía, el sentido crítico, la igualdad entre los sexos y una actitud positiva hacia la sexualidad. Además, comprende valores como la comunicación de emociones, la tolerancia, el respeto mutuo y el cuidado de la salud sexual. En España, el problema ya no es tanto que los jóvenes carezcan de información sino que tienen un exceso de información y con ello, dificultades para filtrar y comprender los mensajes desde un sentido crítico. Si los jóvenes no tienen la información adecuada, recurrirán a los medios inadecuados: los estereotipos de las series, el boca a boca o la pornografía. Además, en esta época de excesiva información tanto jóvenes como adultos parece que hemos perdido el criterio para distinguir entre una opinión, una información y un conocimiento.

Noté que distinguen entre violencia de género y doméstica. ¿Me podrías explicar las bases de esa distinción?

Antes de abordar esa distinción creo que es básico clarificar que la violencia contra las mujeres es un fenómeno universal e histórico, el cual supone una manifestación de la desigualdad entre los sexos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia contra la mujer constituye un grave problema de salud pública y una violación de los derechos humanos de las mujeres. En España, la violencia contra las mujeres en el ámbito de la pareja o ex pareja es denominada ‘violencia de género’. Aunque el término sea confuso, hace referencia a una violencia muy concreta: la violencia que el hombre ejerce sobre la mujer en el ámbito de la pareja o ex pareja por el mismo hecho de serlo. Esto es, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión. No obstante, pienso que es importante entender que el ‘machismo’ no es el único factor que predispone a ejercer este tipo de violencia contra las mujeres. Esto es algo que no contempla la ley y que está conduciendo a malos entendidos y a una comprensión ciertamente ideológica y reduccionista sobre este tipo de agresiones.

Por su parte, en España, la violencia doméstica es aquella violencia que se ejerce en el ámbito familiar de un cónyuge a otro, de padres a hijos, de hijos a padres, entre hermanos… Tanto la violencia de género como la violencia doméstica están recogidas en el Código Penal, la diferencia es que una consta de una ley específica y la otra no. Existen otras diferencias también en cuanto a la asimetría penal, siendo este un tema muy controvertido. Sin embargo, la asimetría penal también se da en otras tipologías.

En el marco jurídico español existen tipos específicos en los cuales el autor tiene que reunir una condición concreta, por ejemplo, es el caso de los funcionarios públicos que se enfrentan a una agravación de la pena en algunos delitos dada su condición y responsabilidad, en comparación con un autor que no sea funcionario público. En el Derecho Penal, el funcionariado público se enfrenta a penas específicas o suspensión de su cargo ante determinados delitos. En el caso del hombre, los tipos penales diferenciales se encuentran, en comparación con los que se pueden aplicar a mujeres por los mismos actos, en las amenazas leves, por ejemplo. En ese sentido, no significa que todos los hombres que amenacen levemente a sus parejas o ex parejas tendrán una pena mayor en comparación con las mujeres que cometan ese delito. Es necesario que se pruebe que existe una relación de dominación hacia ella.

Personalmente no me atrevo a afirmar sí es comparable o aceptable, creo que eso es una cuestión que le corresponde en este caso al legislador. Lo que sí creo es que es una cuestión discutible porque la maldad no es un patrimonio exclusivo de los hombres, ni siquiera cuando hablamos de amenazas leves.

Más allá de lo que dice la ley es importante conocer el origen o las causas de esas violencias. Personalmente, desde una visión académica, me parece muy atractivo el modelo ecológico de Bronferbrenner. Se trata de una propuesta multifactorial y contempla distintos niveles de influencia, recíprocos e interrelacionados: el nivel social, el comunitario, el familiar y el individual. Defiende que la conducta es el resultado de la interacción entre los elementos ontogénicos y de socialización. El sujeto no se concibe como pasivo sino que es considerado un agente activo en un entorno dinámico. En mi opinión, el modelo ecológico constituye un marco de análisis muy sugerente tanto para comprender la violencia contra las mujeres como para formular programas de reinserción y reeducación del agresor. Creo que es una propuesta que nos permite entender que la violencia contra las mujeres no solo se basa en el ‘machismo’ o que no toda la violencia contra las mujeres tiene un móvil machista. Es importante valorar tanto factores individuales como la falta de control de impulsos, el afrontamiento violento del conflicto, características de personalidad (perfil antisocial) o las dificultades de expresión emocional en el agresor como otras que tienen relación con la cultura, por ejemplo, los mitos culturales sobre las relaciones de pareja.

Afirmás que no existe el patriarcado. ¿Cómo describirías, entonces, lo que existe actualmente en países como España? ¿Lo llamarías machismo, roles de género, o cómo? Y en todo caso: ¿qué es el patriarcado?

Sí, esa afirmación que hago en Maldita Feminista parece que ha sido muy controvertida. Creo que es muy difícil hablar de patriarcado en una cultura que ha asumido el valor de la igualdad de género. Pero, más allá de esto, considero un error percibir la historia  de la humanidad como una sucesión de abusos de hombres a mujeres. Muchos hombres también han protegido y venerado a las mujeres y también muchas mujeres han abusado abiertamente de otras mujeres.

En general, en el pensamiento feminista, existe la tendencia de considerar el patriarcado como el resultado exclusivo y ahistórico de las relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres. Es una explicación simplista, lineal y universalista. Hay que prestar atención a otros aspectos que pueden encontrarse en una organización patriarcal como las estructuras de parentesco o la división del trabajo basada tanto en las diferencias biológicas como jerárquicas. Tampoco el feminismo hegemónico ahonda en los significados de todas esas estatuas antiguas que veneraban a las mujeres como diosas o que idolatraban la maternidad o la voluptuosidad femenina. En esos símbolos históricos la mujer no ocupa una categoría de pasividad o sumisión sino que es representada como una fuerza transformadora de la civilización, como una figura venerada y poderosa. 

Algunas autoras feministas como Celia Amorós señalan que el patriarcado es ‘metaestable’. Esto es, el patriarcado se reinventaría y adaptaría diferentes formas de expresión en las modernas sociedades occidentales. ¡Es como si nunca nos pudiéramos librar de esa sombra! Es un argumento bastante peligroso, meramente descriptivo, que apenas ahonda en cuestiones antropológicas y que determina el destino de las mujeres. Si el patriarcado se supone que siempre se reinventa, ¿con qué objetivo se lucha? ¿Acaso no hemos avanzado nada? ¿Acaso la lucha feminista ha sido en vano? Es caer en un victimismo constante y exagerado.

Esto no significa que no haya hombres que sean machistas, que maten a las mujeres por considerarlas inferiores o meros objetos sexuales, que las mujeres sufran violencias específicamente de género como es la mutilación genital femenina o los crímenes de honor… Algunos países presentan una alta tasa de violencia contra las mujeres, pero cabe reflexionar sobre si tales actos constituyen una manifestación del patriarcado o si existe de forma generalizada en esos contextos una legitimación de la violencia. Es importante analizar los modelos de la cultura patriarcal, pero también entender que en muchos casos la violencia es una conducta que tiene una legitimación social independiente de los estereotipos de género.

Además, si todo es culpa del patriarcado ¿para qué realizar investigaciones sobre la violencia sexual o sobre las motivaciones que llevan a una mujer a desempeñar la prostitución? Esto tiene un impacto comunitario ya que conduce a un itinerario en las políticas públicas ineficiente, a la creación de contenidos en el ámbito académico reduccionistas y a la creencia inmadura de que ‘con perspectiva de género’ ya todo está solucionado.

¿A qué atribuís la brecha de género?

Los estereotipos culturales no son la única explicación sobre la brecha de género. Las motivaciones e intereses de las personas son diversos y no son extrapolables a todo un grupo. Hay mujeres que privilegian la familia al trabajo, pero eso puede responder tanto a una aceptación o reproducción de un rol de género inconsciente como a una elección individual previamente meditada. En mi caso no sé si antepondría mi carrera profesional al cuidado de unos hijos, pero entiendo que haya mujeres que no piensen como yo. Habrá también situaciones diferentes, por ejemplo, mujeres que quieran aspirar a tener más responsabilidad en su puesto de trabajo y sean ninguneadas porque sus superiores crean que ‘no conviene’ porque es madre. Eso es, en cambio, un trato discriminatorio. Mucho más si se elige a un candidato varón sin importar ni valorar que es padre. Creo que a determinadas edades, la maternidad, a diferencia de la paternidad, puede penalizar y actualmente, penaliza a muchas mujeres.

Sos muy crítica del constructivismo social. ¿En qué consiste tu crítica? ¿Podrías explayarte?

Me preocupa que en el feminismo exista una fe ciega en el constructivismo social, en especial, en lo que respecta a las diferencias entre mujeres y hombres, pues estas no solo responden a la socialización sino también a cuestiones hormonales, genéticas, biológicas, psicológicas… Negar los aportes de la biología o mantener una visión prejuiciosa de sus descubrimientos no hará que comprendamos mejor la sexualidad humana o las diferencias entre mujeres y hombres. Hay una diversidad sexual innegable en el ámbito social, pero asimismo, la biología ha proporcionado grandes conocimientos y evidencias sobre esa diversidad existente. Por ejemplo, a través del conocimiento de cómo influyen las hormonas sexuales en el periodo prenatal en la diferenciación sexual o los diferentes tipos de intersexualidad y su configuración anatómica. El camino no es caer en el biologicismo ni el constructivismo radical.

¿Qué opinas sobre el giro que han tomado partidos históricamente socialdemócratas y progresistas hacia las políticas de la identidad y el creciente desinterés por la realidad social de los trabajadores, los desocupados y los pobres, en especial los más marginados?

Las políticas de identidad están fragmentando a la ciudadanía. Mientras venden falsos ideales de progreso continúa el desmantelamiento del estado del bienestar. Necesitamos gestores responsables y sensibles con los derechos humanos de las personas.

Creo que la sensibilidad social no puede diluirse en las etiquetas de ‘feminista’, ‘ecologista’ o ‘LGTBI’ para hacer política. La buena política debe aspirar a un proyecto común e integrador. Vivimos en un momento en el que los gobiernos tienen serias dificultades para dar respuesta a aspectos fundamentales como la vivienda, el trabajo, la educación o la dependencia. Ante ese fracaso, acuden a lo identitario y a la proclama populista. En España, la izquierda está en crisis y cree que puede disimular apuntándose a la moda de lo políticamente correcto. Sin embargo, lo identitario no es una característica exclusiva de la izquierda. La derecha identitaria está ganando fuerza en muchos países, siendo el principal soporte de los racistas supremacistas y los negacionistas del Holocausto. Sin embargo, a diferencia de la izquierda identitaria que presenta una mayor homogeneidad, las derechas identitarias responden a diferentes contextos sociales, políticos, económicos y culturales.

Un debate muy rico que se ha dado el feminismo en el último tiempo ha sido el de la prostitución. ¿Qué opinión tenés sobre la prostitución? ¿Creés que debe ser legal?

El debate feminista acerca de la prostitución posee un recorrido significativo, a menudo exento de distanciamiento crítico y poco interesado en dar voz a las trabajadoras del sexo. Las trabajadoras sexuales no son seres pasivos y por ello es sumamente importante escuchar sus voces, conocer sus necesidades, comprender sus reivindicaciones… Esto no está reñido con asegurar alternativas laborales efectivas y realistas para aquellas personas que quieran abandonar la prostitución y mejorar la atención y recuperación de las víctimas de trata de personas con fines de explotación sexual.

Hay que diferenciar entre prostitución y trata de personas con fines de explotación sexual. La trata es un problema global y constituye una profunda violación de los derechos humanos. Cuando hablamos de trata de personas hablamos de una forma de delincuencia que se ceba con la dignidad y la libertad de las víctimas. En cambio, cuando hablamos de prostitución estamos hablando de una actividad laboral. Quizá no está hecha para todo el mundo, al igual que trabajar en un matadero o en una mina no es una actividad atractiva para otras personas, pero no se puede criminalizar la forma de sobrevivir de unas personas simplemente porque contradicen nuestra visión personal de la sexualidad.

Algunos eslogan como “la prostitución es violencia” o “nadie nace para puta” son el discurso ideológico que alimenta las medidas que sancionan a prostitutas y clientes; y que conducen inmediatamente a la clandestinidad de la actividad y a la de desprotección policial de las trabajadoras sexuales en caso de agresión.

¿Cuál es tu opinión sobre la pornografía? ¿Considerás que debería ser prohibida?

La pornografía es una representación de la sexualidad. Al igual que ocurre en el arte, en la pornografía también existen buenas y malas propuestas. No creo que la pornografía sea per se propaganda antifeminista. El porno no ha impedido que las mujeres avancen en la consecución de sus derechos. Tampoco creo que la utópica abolición del porno vaya a acabar con los problemas de las mujeres. No debería entenderse la pornografía como enemiga del feminismo, pues este tipo de material también ha facilitado que las mujeres experimenten su sexualidad de forma segura. Tenemos que entender el porno como lo que es: una ficción, una representación de las fantasías… Hay fantasías que pueden ser asquerosas o de mal gusto, pero no constituyen un delito. Creer que el sexo explícito es sinónimo de sexismo huele a conservadurismo.

El daño de la pornografía no está en la existencia de este material sino en la censura del mismo. De lo que sí podemos hablar es de algunos elementos negativos dentro de la industria del porno o consecuencias de la misma: el sexismo, la falta de derechos de las personas que se dedican a estas modalidades de trabajo sexual, la adicción a este contenido o la facilidad con la que los jóvenes pueden acceder sin tener previamente una educación sexual integral y continuada. También, como expreso en Maldita Feminista es importante conocer la influencia de la pornografía en la vivencia de la sexualidad y en la violencia sexual.

Recientemente se ha publicado un estudio (Siria, Echeburúa y Amor, 2020) que ha analizado las características y factores de riesgo presentes en una muestra formada por 73 jóvenes que estaban cumpliendo una medida judicial por delitos contra la libertad sexual en diferentes comunidades autónomas españolas. Los autores del estudio señalan que los principales factores de riesgo asociados a la conducta sexual violenta en este grupo están asociados a su historia familiar, a determinadas características de personalidad y al desarrollo de una “sexualización inadecuada” (96% de los casos) relacionada, fundamentalmente, con un inicio precoz en el consumo de pornografía (70%), un ambiente familiar sexualizado (26%) y la presencia de victimización sexual durante la infancia (22%). Creo que es una línea de investigación interesante para conocer la relación entre pornografía y agresión sexual.

Sos una militante contra la pederastía y como sexóloga y filósofa has tenido opiniones para algunos polémicas a la hora de entender de raíz la pedofilia y saber cómo combatirla para que no se convierta en pederastía.

Bueno, hay personas que manipulan mis tuits y palabras, la sacan de contexto y ponen mi boca algo que no he dicho ni pienso. Lo ha hecho gente de distintos polos políticos, desde la ultraderecha hasta determinadas feministas… Pero también son cada vez más personas las que entienden mi trabajo, agradecen lo que hago… Soy socia fundadora de Ângel Blau, la primera asociación en España para prestar apoyo y ayuda tanto a pedófilos como a víctimas de abuso sexual infantil. Es una entidad inspirada en el método de Latifa Bennari en Francia.

Hay mucha confusión sobre la pedofilia y es necesaria una labor pedagógica al respecto, empezando por la terminología y sus implicaciones en el abuso. La pedofilia es un tipo de parafilia, es decir, un interés sexual poco común. En concreto, se trata de una atracción por edad y no es algo que se elija. Comprender un fenómeno (pedofilia) aplicando la investigación no es equivalente a justificar el abuso (delito). Al igual que quien investiga el fenómeno de una epidemia aplicando la investigación no equivale a justificar el contagio. La pedofilia no impide a ninguna persona distinguir entre el bien y el mal, al niño del adulto, lo legal de lo ilegal. No es una alteración psicótica de la realidad. El deseo sexual no es ningún atenuante en el acto delictivo. Por ello, si un pedófilo abusa de un niño se aplica la ley. Sin embargo, ni todos los pedófilos abusan de un niño ni todos los pederastas son pedófilos. El abuso sexual infantil también es cometido por personas que sienten atracción hacia adultos. Los motivos por el que abusan de un menor pueden ser varios: en sustitución de una mujer, como un castigo o humillación o bajo los efectos del alcohol y de las drogas. Mi compromiso como profesional de la sexología es evitar que haya más víctimas. Por ello, es fundamental trabajar con pedófilos que no han cometido un delito y brindarles herramientas que respalden su compromiso para vivir una vida segura, saludable y no delictiva. Siempre partiendo de la investigación y la prevención. Y sí, también es importante trabajar con aquellos que han cometido un delito o que han consumido material de explotación sexual infantil (MESI) con el objetivo de que no reincidan y no haya nuevas víctimas. El griterío, la indignación o aseverar que ‘hay que matar a los pedófilos’ no protege a ninguna víctima.

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