Lorena Ventimiglia: “El accidente es parte esencial en mis procesos creativos”

Diálogo con la artista plástica que apuesta a saltar entre universos visuales diferentes y a encontrar desafíos en cada nueva obra.

Por Azul Gimenez y Nancy Giampaolo

¿Cómo fue que te encargaron retratos, nada más y nada menos, de los reyes de España a principios del milenio y qué fue lo que hiciste?

Año 2003, venía trabajando en la serie Retratos Documentales, cuadros de formato grande hechos a partir de fotos carnets. Estaba haciendo la muestra Ellos en la galería Braga Menendez- Shuster. Era una sala repleta de retratos de críticos colgados sobre una trama pintada en la pared con nombres de artistas. En ese contexto, y no sé muy bien por qué, vino a la galería un funcionario de altísimo rango del Gobierno español, Ángel Cortez, creo que se llamaba así… Le encantaron los retratos y me encargó retratar a sus hijos. Al mes nos comisiona a mí y al grupo mondongo separadamente los encargos reales. Parecía un chiste hasta que recibí la carta del Palacio de la Zarzuela con membrete y mi nombre escrito en tinta y pluma.

Hice retratos en acrílico muy matérico y monocromáticos de un color especifico cada uno. Al Príncipe Felipe lo pinte en azul, al Rey Carlos del color marrón de las pesetas, increíble si lo pienso ahora que este exiliado por corrupción y a la Reina en rosa por Rosa Luxemburgo. Se los entregamos a Felipe, entonces Principe en una reunión privada en la Embajada. Una experiencia muy rara y divertida transitar por protocolos Reales. Los Retratos están hoy en la colección Real Española

La relación con España no queda ahí, contá cómo sigue…

Más allá del coletazo de prensa vinieron después muchos encargos, alguna muestra y una residenciaren Mallorca no mucho más. 

Hiciste muchas muestras individuales en diferentes galerías. ¿Hay alguna de la que guardes mejores recuerdos o estés más orgullosa, o mantenés una “relación estable” con todas? ¿Perecibís alguna suerte de evolución entre la primera y la última?

De todas las galerías en las que mostré hay dos con las que trabajé muchos años, desafortunadamente ambas cerraron. La primera Braga Menendez  y la última Sly Zmud.  De ellas me quedo con la profesionalización y la libertad. Con Flor Braga Menendez fue una explosión, esa galería era algo único, ella también. No sé si percibo una evolución, éramos todos más jóvenes y un poco más naives en relación al mercado, era súper profesional, pero con una mirada más blanda. Mi última galería Sly Zmud creció muchísimo pero el costo de ir a ferias más los gastos fijos no cerraba en números, independientemente del éxito de ventas. En los últimos años cambió mucho todo, antes una galería vendía sostenidamente durante el año, ahora (pre pandemia digo) las ventas de todo el año son durante los tres días de ArteBa. 

Entiendo que trabajás con esmalte sintético hace más de 10 años y que explorás sus límites. ¿Podés contar cómo es la cocina de esa explotación? 

Después de diez años, creo, me convertí en una especialista del material, lo digo en cuando a dominio específico. La cocina es un quilombo, porque el material es muy pegajoso y complicado para manipular. El piso y las paredes de mi taller dan cuenta de los procesos que fui desarrollando. El esmalte sintético como un material es muy generoso, suena un poco animista pero la relación que tengo con la pintura es un poco así. ¿A ver que me podés ofrecer ahora? me pregunto enfrentado las latas. (Risas). 

También sería interesante que te explayes un poco en los conceptos/estados que definís como “El de la suspensión” y el de “Recuperación y fosilización”…

Suspensión, recuperación y fosilización son diferentes estadios a los que fui llegando con las obras. En todos ellos está implícito y hermanado el Tiempo, tiempo de secado, tiempo de espera, tiempo adecuado para hacer movimientos. Al estado de suspensión llego mediante la generación de una piel de sintética que va a contener un volumen de pintura pura que contaría la gravedad, son meses de atención puesta en una pieza y cada movimiento es muy chiquitito y medido. La pintura queda suspendida dentro de sí misma como una gota o una panza de pintura colgando del bastidor. 

A ese estado de Suspensión aplica los múltiples sentidos epistemológicos de la palabra, hay una pintura detenida, apresada dentro de una piel, en suspensión porque lo que tendría que caer al piso no cae, una latencia que contraria las leyes de la física. Algo que exige un detenimiento para ser percibido. El accidente es parte esencial en mis procesos creativos, ellos me llevan a nuevos estadios, el de la Recuperación es otro de ellos. 

De una obra terminada, hablo de las pinturas suspendidas, hay dos que quedaron en el camino. Ese material de desperdicio vuelve a tener un sentido poético en cuanto lo redescubro.  Por sus compuestos químicos y su propia elasticidad, en un momento casi caprichoso eso que cae se detiene.  Esa pintura casi seca es moldeable y da lugar a otro tipo de representación.  A esos pedazos duros como estalactitas colgando de gotas rotas a la espera de ser encontrados los llamo Fósiles, agregándole un sentido histórico al material, lo que trae, lo que quedó inconcluso o lo que no fue, algunas de esas piezas tienen nueve o diez años. Pese a su origen industrial terminan teniendo un acabado tan orgánico que parecieran restos prehistóricos de plantas acuáticas fantásticas. 

¿Establecés una división tajante entre lo figurativo y abstracto? 

No, en mi obra.  Puedo estar haciendo gotas y en paralelo, como ahora, paisajes mitológicos de El viaje de los argonautas. Me encuentro fascinada con el pasaje de las sirenas, cuando Butes sucumbe su canto y se tira al agua. Esa instancia del goce de entregarse a la muerte, esa tentación irresistible, me lleva a pintar estos paisajes marinos muy oscuros y amenazantes. Otro universo del de la síntesis, pero convivo saltando de un universo a otro muy cómodamente. En la serie Lovenland hice una figuración freak donde lo se establecía un límite claro entre lo abstracto y lo figurativo.

Lo que mejor te define es artista visual porque no sólo te desarrollaste en el campo de la plástica, ya que sos directora de arte y participaste en diferentes películas. Hablá un poco de esas experiencias sin dejar de mencionar, por supuesto, la colaboración con tu marido director de cine Mariano Galperín… 

Con Mariano estamos juntos hace treinta años, prácticamente crecimos juntos. Cuando empezó a filmar en el 92 yo empezaba pintar, trabajé en 1000BOOMERANGS, su primera película, como actriz. 

A partir de su segunda película, Chicos Ricos, me involucré más en el proceso y terminé haciendo la dirección de arte. Ya tenemos hechas juntos siete películas. El cine es otro universo al de la pintura tan solitario donde todas las decisiones son tuyas.  Hacer películas es otra cosa, un monstruo de tres cabezas donde la del director baja la linea de lo que quiere y junto al director de fotografía se trabaja bajo esas directrices. Un trabajo grupal adrenalínico, divertidísimo, agotador y gratificante. 

Cada película es un universo, acabamos de terminar de filmar justo antes que empiece la cuarentena un documental de las tertulias de la Editorial Mansalva, la anterior, Todo lo que veo es mío una ficción ambientada a principios de siglo veinte en Buenos Aires con Marcel Duchamp de protagonista, Su Realidad con Melingo una ficción hecha a modo de documental de sus giras por Europa. El abanico es muy amplio.

En los últimos años tienden a establecerse etiquetas que separan a las artistas mujeres del conjunto de artistas. ¿A vos te interpelan ese tipo de distinciones o sos de las que categorizan el arte más allá del género del artista/autor?

Me interpela todo. En principio percibo las obras más allá del genero del autor, lo que no quita que existen diferencias en lo económico entre géneros y ahí está la lucha. La conquista feminista, para mí, pasa primero por lo económico que es fácticamente lo emancipatorio, el resto es discursivo hablando en el campo del arte. 

En las en colecciones institucionales importantes hay más hombres que mujeres y a lo largo dela historia hubo una invisibilizacion de las artistas mujeres en los grandes movimientos, eso es innegable. Hace unos años se empezó a cuestionaren voz alta y con acciones esa estructura tan establecida, “Nosotras proponemos” es una agrupación de artistas mujeres con consignas concretas en esos aspectos. 

¿Alguna vez te sentiste discriminada por ser mujer dentro de tu trabajo?

Si alguna vez me sentí discriminada fue más por linda que por mujer, la idea belleza e inteligencia estaba muy puesta en duda a la hora de exponer tus ideas.

¿Qué relación guardás con lo que hacés en un plano más íntimo? ¿Sos muy crítica? ¿disfrutás a full de los resultados? ¿un poco y un poco?

Soy mi peor enemigo. En el proceso soy tremendamente rigurosa y busco la excelencia, no sé si la logro. Pero cuando una obra me gusta, me encanta y la amo mucho, son parte mía. Soy animista como dije antes, aunque bastante   desprendida, no me da nada de pena cuando se van las pinturas. 

¿Cuánto hay en vos de esa vieja idea del artista que es un poco esclavo de su talento?

Hay bastante, si no estoy en algún proceso creativo, internamente mi vida se torna un infierno, lo único que me salva en esos momentos son la lectura y la jardinería.

Han escrito sobre tu trabajo escritores vinculados al mundo del cine como Alan Pauls o Sergio Bizzio, y músicos de perfil lector como Adrián Dárgelos… ¿Cuál es tu relación con el cine, la música y la literatura?

Una relación muy íntima. La música es mi amigo invisible como un novio eterno que siempre está ahí.  La literatura el mar donde navego. Tengo la suerte que tener amigos muy íntimos escritores y músicos.

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