Los agrotóxicos se perfeccionan aumentando daños

Pese a las prohibiciones en gran parte del mundo, Argentina apuesta a la implementación de 24D, un veneno imperceptible al olfato y mucho más pernicioso que el glifosato.

Por Pablo Cabo.
Fotografía: Juan Merlos – Ramiro Lezcano

“Eso nos permite volver a tener conversaciones interesantes con el Gobierno de La Pampa, provincia en la que hoy rige una restricción a aplicaciones de microemulsiones. Creemos que tenemos la información técnica suficiente como para respaldar, e iniciar conversaciones”, dijo Dardo Lizárraga en Infocampo. Para quienes suponen que hablar de química y de genocidios rurales no es hablar de política, la cita textual de la empresa fabricante de un nuevo agrotóxico en el portal Info-campo, debería ser suficiente para comprender que estamos ante un problema principalmente político.

El fracaso del glifosato debido a la adaptación de las malezas pone en juego un nuevo herbicida (y biocida) llamado 24D, inodoro e imperceptible ¿Para quiénes? Para los pobladores y turistas rurales. Fabricado por la empresa Alemana DVA, se define como un herbicida altamente tóxico e inoloro. Las personas van a poder transitar las rutas siendo rociadas con un veneno hecho con tecnología de punta, sin siquiera advertir su olor. Esto, que a simple vista pareciera ser algo impensado, es parte de la nueva realidad del país. Gracias a la complicidad de medios de comunicación, la opinión pública, mayormente de vida urbana, no accede a la información que permitiría calcular lo pernicioso del uso de un veneno sin malos olores con el que fumigar para lograr mejores rendimientos económicos en el cultivo de forrajes.

No estamos hablando solo de una empresa, ya que probablemente sean varias las que van a comenzar a lograr formulas químicas inodoras y serán, también abundantes los emprendimientos que apliquen este nuevo paquete químico sobre sus arrendamientos, que incluyen napas, ríos y las pocas escuelas rurales que quedaron en pie en las zonas sojeras. Ante esta deshumanización e insensibilidad, nos convocamos para lanzar nuevamente un grito de guerra, una mano llena de sueños por un país con futuro y no una suerte de despojo que va quedando a manos de intereses globales, con un pueblo mal nutrido que, de no mediar algún tipo de asistencia social, estaría en grado de inanición alarmante.

Podríamos ser un paraíso semi-rural, y hemos llegado a este estropicio urbano que en la ciudad de Buenos Aires alcanza su muestra más acabada, y se complementa con un creciente desierto silencioso de forrajes, avionetas y mega cosechadoras. Argentina debería apostar a la multiplicación de árboles, el preparado de fertilizantes ecológicos, la generación de plantines, el criado de animales con pastoreo racional, la biodiversidad, la huerta o chacra en favor de las actuales y las próximas generaciones de compatriotas. O morirá envenenada.

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