Marcelo Gullo: “El trabajo digno es la condición primera de la libertad”

Luego del anuncio de su nueva etapa como dirigente político, el Profesor, Analista y Consultor en relaciones Internacionales Marcelo Gullo expresa algunas de las ideas que lo representan, estableciendo de esta forma un esquema específico desde el que proyecta su camino en la política argentina.

Por Romina Rocha.

Desde la geopolítica y el mundo del trabajo, explicás con mucha claridad algunos aspectos fundamentales de las formas de colonización y sometimiento que sufrimos los mal llamados pueblos del “tercer mundo”. ¿Cómo podrías definir el accionar del neoliberalismo, que es la política económica que padecemos en la actualidad?

La oligarquía financiera internacional, que es hoy el gran actor de las relaciones internacionales,  fomenta como ideologías de colonización  y sometimiento tanto al neoliberalismo como al progresismo, que son las dos caras de una misma moneda. El neoliberalismo pulveriza a nuestras fábricas y el progresismo aniquila nuestras familias. Sin fábricas no hay trabajo sin familia no hay Nación. Sin trabajo y sin familia, el obrero está solo frente al poder mundial, solo frente a los buitres del capital financiero internacional. La industria necesita de un importante mercado interno y  del proteccionismo económico para poder desarrollarse. Todos los procesos de desarrollo exitoso, como el que realizaron Estados Unidos, Alemania, Japón, Canadá y más recientemente Corea del Sur,  fueron el resultado  de una insubordinación fundante, es decir, del rechazo del libre comercio como ideología de subordinación y de la aplicación de un adecuado impulso estatal tendiente, entre otras cosas a aumentar la población. El neoliberalismo y su apertura indiscriminada de la economía inhibe el desarrollo industrial y el progresismo, con su obsesión abortista y su desinterés en fomentar las familias numerosas, inhibe el crecimiento de la población, la posibilidad de tener una población numerosa que es la condición necesaria, aunque no suficiente, para tener un importante mercado interno. Perón sabía que necesitábamos poblar el país para ser soberanos y tener un importante mercado interno, por eso se opuso frontalmente al aborto y a todo intento de control de la natalidad. Por eso los enemigos de la patria quieren reducir los nacimientos. Para entregarnos más fácilmente  a los que ambicionan nuestras riquezas.

¿Y cómo se manifestó esto a lo largo de nuestra historia? Porque es un cuento bastante viejo…

Toda la historia argentina es la lucha entre aquellos que quieren industrializar la Argentina, porque saben que sin industria no hay trabajo, ni justicia social, ni soberanía, y aquellos que, al servicio -consciente o inconscientemente- del extranjero, quieren hacer de la Argentina una semicolonia que sólo produzca materias primas. Ayer nos convirtieron en una semicolonia inglesa, hoy quieren convertirnos en una semicolonia china. Puede afirmarse, entonces, que predicar y ejecutar el proteccionismo económico significó, sin lugar a dudas, luchar por la verdadera independencia, la independencia económica de Gran Bretaña; mientras que predicar y aplicar el libre comercio implicó estar al servicio de esos intereses. Dicho más crudamente: predicar y aplicar el proteccionismo económico significó luchar por la liberación del imperio, mientras que predicar y aplicar el libre comercio significó trabajar para que las tierras del Río del Plata fueran una colonia informal del Imperio Británico. La contradicción proteccionismo-librecambio fue, desde entonces, en términos políticos, sinónimo de liberación o dependencia.

¿Por qué creés que esto aún no se termina de comprender por parte de las grandes mayorías?

Es que el debate político en Argentina se caracteriza por su superficialidad, por la falta de formación de los dirigentes políticos y por su alto grado de subordinación ideológica. Pongamos tan solo un ejemplo. ¿Podría nuestra clase dirigente discutir sobre el significado profundo de la propiedad privada?  Siguiendo el pensamiento de Santo Tomás de Aquino y la tradición de la Iglesia, la olvidada adrede Constitución de 1949 estableció que la propiedad privada tenía una función social. Mientras para el liberalismo, el hombre tiene el derecho absoluto sobre la propiedad, incluido el de su destrucción, y mientras para el marxismo esa propiedad privada era un robo y debía desaparecer, para la tradición cristiana (hecha ley suprema de la Nación en 1949) los hombres son, ante los ojos de Dios, simplemente administradores de esa propiedad que debe estar siempre en función social. San Clemente de Alejandría nos ilustra muy bien sobre qué sentido debe tener para un cristiano la posesión de los bienes materiales. Entonces, ¿cómo reconstruir el poder nacional con una clase política sin formación filosófica y completamente subordinada ideológicamente? Nos ha faltado patriotismo, formación y valores morales suficientes. Los pueblos se pudren por la cabeza, por culpa de quienes lo conducen, pero también se reconstruyen desde la cabeza y por eso es imprescindible reemplazar esta clase dirigente neoliberalprogresista que nos ha llevado a la catástrofe, que nos ha puesto al borde del abismo. 

¿Cuál es el rol del peronismo en este contexto que describís?

Lamentablemente hoy el rol del peronismo, por la claudicación de sus dirigentes,  consiste en administrar la dependencia. El peronismo que fue un movimiento de liberación nacional se ha transformado en un partido de administración de la dependencia porque en la década del ‘90 adoptó el neoliberalismo – que es una ideología de dominación-  y ahora ha adoptado el progresismo que constituye también una ideología de subordinación. Pongamos tan solo un ejemplo. El peronismo histórico luchó por la instauración de la justicia social, no de la inclusión social, que es un concepto progresista. Este falso peronismo que nos toca sufrir se llena la boca hablando de inclusión social. La justicia social consiste en dar trabajo digno para que cada argentino pueda producir, por lo menos, lo que consume. El subsidio permanente degrada al hombre; el trabajo, en cambio, lo dignifica. Perón, inspirándose en el evangelio y en la más pura tradición de la Iglesia, afirmaba que cada argentino debía por lo menos producir lo que consumía. Los planes, por los cuales se otorga dinero sin trabajar, sólo pueden ser una herramienta puntual y necesaria ante una catástrofe. El peronismo consiste en crear trabajo digno. Por el contrario, la inclusión social consiste en hacer vivir a los pobres eternamente de un subsidio, para tenerlos permanentemente como rehenes electorales. Sin trabajo y sin salario digno, no hay justicia social ni libertad. El trabajo digno es la condición primera de la libertad.

Pero se supone que estamos ante un gobierno conformado desde el peronismo, ¿cuál es la necesidad de hacerlo, habiendo tantas expresiones políticas posibles?

En nombre del peronismo se está destruyendo material y espiritualmente al pueblo argentino, introduciendo como ideología de subordinación el neoliberalprogresismo que, incapaz de defendernos frente a la competencia china, hace que cierren nuestras fábricas y nuestros obreros queden en la calle, y que predicando a los hijos de nuestros obreros la ideología de género, les provoca un daño psicológico irreparable. Siguiendo el pensamiento de Perón, sólo nos queda por decir que Dios nos ayude si somos capaces de ayudarlo.

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