Nicolás Mealla: el mejor guardado

En esta entrevista exclusiva, el teórico (en los dos sentidos de la palabra) Franco Dell’Imagine logra finalmente dar con el enigmático artista cuyo nombre recorre el espinel de la historieta como un susurro a voces. Y no sólo eso: consigue respuestas.

Por Franco Dell’Imagine.

¿Es cierto el rumor de que una gran exposición retrospectiva estaría próxima?

Gran exposición, tal vez en cuanto a la cantidad y tamaño de las obras. La retrospectiva, si lo fuera, se limita a producciones de este año. Tal vez más alguna yapa. Se verán originales bastante coloridos de la clásica mayonesa mental. Un sinfín de personajes y abstracciones confundidas entre el paisaje de la improvisación. “El arroz y las palomas”, llevará la muestra por título. ¡Y no es para menos! ¿Qué otro eufemismo cabe al concepto de aventuras en el registro civil? Esto será en la sala de exposiciones de la comuna 13. La yuxtaposición entre los dibujos y los padrinos, el juez de paz, los que griten “viva los novios” será inevitable. Ojo, también pueden renovar el documento si quieren. O ver la muestra sin compromiso con total libertad. 

“El arroz y las palomas” se podrá ver entre el 1 y el 15 de agosto, de lunes a viernes entre las 8 y 20. En la comuna 13 (Av. Cabildo 3067 segundo piso), Belgrano, Ciudad de Buenos Aires.

Algunos caracterizan su trabajo recurriendo al mensajero kafkiano con su telegrama que nunca llega, la imposibilidad de narrar una historia, esa batalla constante entre los diversos componentes de una historieta que problematiza relaciones armónicas para el común de los autores…  

Si el propósito fuese escandalizar a la burguesía, una respuesta puede ser que la historieta es el último reducto donde esto es posible. Veamos: una pelela autografiada con seudónimo, el señor que no se cortó las uñas, en fin… Ya no vuelan sillas por estas cosas. No es mi intención indignar a nadie de todas formas, así que no es este el motivo. Pero analicemos el fenómeno, desglosando una página de “La guerra de los tostados”, que como ejemplo es engañoso, pues, aunque críptico y metafórico, tiene un sentido. ¿Qué pasa si privamos a esta página de texto (y viñetas)? Bueno, queda un dibujo y punto: tres personajes, dos en situación de diálogo y desplazamiento, uno medio cabezón, otro más tirando a un delfín salchichón cabeza de calavera con capucha. Nada que no se entienda. Volvamos a la página original, despojémosla de todo lo que no sea texto y tendremos: 

“LA GUERRA DE LOS TOSTADOS / SE ABRE LA INSCRIPCIÓN AL CONCURSO DE PIÑATA DE LA MEGA CORPORACIÓN DE LOS MUY MALOS Y SUS SUPLEMENTOS CUL-TU-RA-LES / Y A SU OFICINA LLEGAN MULTITUDES… / CONDENADOS, INGENUOS, SUICIDAS… TODOS FORMAN FILA/ ¿Qué tengo acaso que perder? ¿Toda esperanza? Bien, ¡allí voy! “

Macanudo, una situación narrada en un par de versos. Cataloguémoslo cómo poesía y nadie saldrá herido. Ahora, si quieren que se arme la gorda, tomad la página completa y leedla en clave de historieta. Kaboom. La necesidad de entender de qué va la cosa irritará a varios, sobre todo a los que reclamaban una etiqueta a los gritos. 

“¿qué me quiso decir?”, “¿es esto historieta?”, o mi favorita (y cito textualmente), “lo que pasa es que dicen que es historieta para engañar a la gente y hacerse millonarios”.

Si una ferretería se llamara “farmacia” no dejaría de vender bulones. Ahora, si vende aspirinas y vacunas, así también serruchos, es, guste o no, una farmacia. O al caso da lo mismo. Lo que es seguro, es que nadie se hizo millonario por decir que es una historieta algo que no lo es. 

Así que es un tema de las famosas etiquetas. Que uso, es cierto, para ubicar mi producción, pero son totalmente prescindibles, al menos si lo que importa es si está bueno el resultado o no. En cuanto a la caracterización de la obra, es acertada. Es un tema central la búsqueda de sentido. 

-Sin embargo, esa dislocación tan característica entre causa y efecto que vemos en su obra ha llegado a ser señalada como indicativa de los efectos de haber crecido bajo la influencia del menemismo…

Bueno, cómo diagnóstico me parece sensato. Otra forma de astrología sería analizar la influencia esotérica, catódica, subliminal, publicitaria y al ritmo de la lambada de la televisión argentina de los 90. ¿El efecto mariposa? ¿El dominó de Chuang Tzu? Vaya uno a saber. Solo puedo responderle agradecido al destino, el haber crecido en un mundo analógico. 

-Creo haber oído que usted fue alumno de autores clásicos. ¿Los recuerda? Me interesaría saber cómo tomaban el uso heterodoxo que usted dio a sus enseñanzas.

¡Cómo olvidarlo! Los años de formación… Hablamos de los años 97 y 98. Por no decir el 96 y en otra medida, el 94. Es curioso, pues si las intenciones y las referencias eran, en cierta medida, diferentes a las actuales, los resultados de aquellas historietas narrativamente siguen siendo los mismos hoy día. Bueno, fueron comprensivos. No censuraron. Alentaron, incluso, aunque dejando en claro que el desafío era contar algo. 

-En un reciente documental de circulación en las redes se lo ficcionaliza como perteneciente a una secta de autores, con algunos de los cuales posee efectivamente una afinidad…

Si, en el documental “los esta11ados” he sido personajizado. Pero esto es apenas personajizar, pues no me presentan como ingeniero (pensemos en el señor Blumberg) ni como Diego de la Vega (Guy Williams). Aquí no hay patraña, pues el documental es abiertamente apócrifo, ni ficción alrededor de mi obra, puesto que el libro “Curso de pensamiento paranoico” es en efecto de mi autoría. La ficción que propone, es a partir de las opiniones de los personajes que se manifiestan entusiastas o indignados, opiniones la mar de verosímiles pero ficticias al fin. La ficción está en la denominación, en el nombre impuesto al grupo y el en el grupo en sí. ¿Pero es primero el huevo o la gallina? Por ejemplo: juan y pinchame, banjo y peine pantera mediante, interpretan melodías estadounidenses… “renovación de la música country”, “ritmos extranjerizantes”… ¿Qué diferencia hay en que la sentencia, apodos, etc., provengan de la opinión alguien que exista o no? Más de una vanguardia genuina obtiene el nombre por el que se la reconoce, a partir de un mote despectivo más que de una autoproclamación manifiesto mediante. 

-Sí, sí, pero… ¿cómo se sintió?

¿Cómo me sentí? Bueno la lectura que se hace del libro es atenta y dedicada. Uno no puede menos que alegrarse cuando un botellazo al mar obtiene un interlocutor. Ok, podría pasar que se tergiversara el mensaje, que me acusaran para bien o para mal de decir cosas que no dije, pero no es el caso, afortunadamente. Y la afinidad con varios del grupo es concreta. Mejor estar entre dibujantes e historietistas, amigos y admirados, que entre represores y promotores de la ignorancia, nabos y botones. 

-Bueno… esteee…  sé que en su caso las fronteras borrosas de la historieta conviven con los territorios limítrofes del diseño de juguetes, la animación, los murales, el libro objeto, los fanzines…

En el caso de “Juguetes Menhir” volvemos al tema de las etiquetas. Si nos fijamos, son esculturas pequeñas, de diseño exclusivo, serruchadas y pintadas a mano. Pero al ser articulados, estar envasados y presentados como juguetes, más de uno los ha interpretado como de consumo infantil exclusivo. La próxima tanda seguramente sea en serie, para aumentar la confusión. 

Gran parte de mi obra publicada es el formato fanzine. He sacado unos cincuenta y tantos diferentes y no veo por qué dejar de hacerlo. Es el soporte por excelencia. Allí la experimentación no se limita a la página, a la hora de dibujar: se amplía a todas las áreas de edición, distribución y venta. Todo lo contrario a una publicación de Marvel o DC, por ejemplo, donde cada historieta tiene más créditos que un film hollywoodense. “Idea fulano, argumento mengano, diálogos decano, lápiz rolando, tinta montoto, color aníbal, ilustración de tapa el perro y el mono, etc., etc., etc.: Superman creado por Siegel y Shuster” 

Por describir alguno: el “Laberinto autoadhesivo de súper acción pollo Tritón” (presentado y puesto a prueba con resultado óptimo en “Estación Espacial Hawaii, CCR”) es un juego de estrategia sin tablero para varios jugadores. Editado como fanzine, está compuesto por el reglamento, mapas, vistas laterales, tarjetas, autoadhesivos troquelados, y el llamado pentagrama de la aventura. 

No está mal definirlo como una síntesis entre el “Prince of Persia” y la “batalla naval”. 

-Siguiendo su producción, puedo advertir como algunos elementos suyos, estilísticamente estables en el tiempo y muy personales, parecen haber sido absorbidos por cierta moda gráfica de los últimos años que propone versiones empobrecidas. Me refiero a aberraciones como Mr. Doodle y similares. ¿Le preocupa esta situación? 

Ciertamente. Es el triunfo de la planta de plástico sobre la vegetación del paisaje. 

Podría desarrollar el tema por horas, dándome manija con un complot superior a la pesadilla más exagerada. Y me quedaría corto. Es un poco como tratar de comunicarse con un macroorganismo que arrasa todo e incorporara masa como una bola de nieve pero de hormigas, con forma de Mazinger Z… Hacerle meditar sobre su criterio, las modas, es en balde. ¿Cuánta gente, por ejemplo, celebró el remplazo de los hermosos vagones históricos de la Línea A por los actuales? Argumentando incluso “¡estaban tan viejos!”.

Perdónalos, Señor, no saben lo que hacen. 

-Una buena parte de su universo gráfico parece reproducirse por acumulación, imitando la conducta de las cepas virales. Su “Curso de pensamiento paranoico” parece ser un vademécum dedicado a estas formas de vida…

Un poco como en “Circo atómico y sopas”, pero en blanco y negro, hojas más pequeñas y muchas más páginas, en “Curso de pensamiento paranoico” (editado por Panxa comics) hay un rumbo y es hacia adelante. Tal vez no haya destino hasta que éste llegue, pero hay un orden y es el de aparición. Quizás una lectura acertada sea sintonizar con un presente remoto llamado pasado, en el que las páginas estaban en blanco y seguir su linealidad dedicándole el tiempo que les tomó surgir. Pero es solo una opción. 

-Sabemos que está trabajando en un proyecto secreto, una bomba de tiempo que modificará el panorama gráfico, algo por el estilo, la gente habla en voz baja, las paredes tienen oídos. ¿Sería indiscreto pedirle que se refiera a él?

Revelemos algo, sí. ¿Hipérbaton e hipérbole? ¿Genuino guiso de la novela gráfica? ¿Pescando el patrón? Como fuese, se trata de un voluminoso libro de historietas. Autoconclusivas a su manera, inconclusas visto de otro modo, por gracia de la selección, orden y conjunto tenemos a una auténtica licuadora del comic en acción. Clásicos como “El rey de la salud”, “Contando los chichones” o “Golfo: el niño pillo” renuevan su sentido al secuenciar secuencias entre secuencias. Material mayormente inédito, ajeno incluso a internet. Por la editorial Wai Comics. Eso es.