04/04/2020 8 min to read

Pandemia: el negocio de la big data que te salva la vida

Category : ensayo, geopolítica, mundo, nacional, opinión, pensamiento crítico

Cuarentena y crisis económica mediante, algunas reflexiones sobre quiénes ganan y quiénes pierden con el sacudón que está cambiando al mundo.

Por Romina Rocha.

Con el pasar de los días y la circulación de información, sea ésta buena, mala o falsa, se generó una serie de movimientos dentro de las reflexiones y teorías sobre lo que hay envuelto en el ataque masivo del nuevo y feroz coronavirus COVID-19, lo que permitió que muchos vayamos pudiendo construir algunas piezas del rompecabezas. O que al menos intentemos hacerlo. En este caso, el punto es pensar desde la conveniencia (sea oportuna o inducida) de demostrar cómo la tecnología, con el foco puesto en el manejo de la big data y los sistemas de vigilancia, nos puede literalmente salvar la vida.

Los ejemplos que más difusión han tenido han sido los extremos: por la negativa en los casos de Italia, España y luego EE. UU., donde el común denominador es que sus sistemas de salud, desfinanciados en lo público y privatizados, ya estaban saturados e impedidos de atender una demanda exponencial en temporada de resfríos. Pero, además, ninguno de ellos atendió las “recomendaciones” de la OMS sobre el proceder ante este virus. Y por la positiva con los ejemplos asiáticos, en especial el modelo chino porque fue donde todo comenzó, pero también el japonés y el surcoreano, este último con mucha más fuerza a medida que evoluciona la situación global.

En estos países lo que funcionó fue el estricto control social del que disponen mediante el uso de la tecnología: con el manejo de la big data, es decir, de bases de datos que contienen la información personal obtenida por el uso de redes y sistemas; pero también de los sistemas de vigilancia, que en comunión con aquella y sumando presencia física con cámaras que, además, miden la temperatura corporal, hacen un combo “perfecto” para controlar al COVID-19. Porque hasta hace poco se miraba con desconfianza (cuando no con la certeza de que la intromisión de la tecnología en nuestra intimidad no puede ser algo que celebremos) la noticia de que, en estos países, con sus cámaras en la vía pública de manera masiva y sistemática, ya podían medir cantidades enormes de datos de cada persona que circulase.

Esas imágenes que antes sólo se veían en películas de futuros distópicos y apocalípticos, en medio de las noticias hacían ruido y, posteriormente, fueron motivo de discusiones a nivel local ya que ocurrieron una serie de “errores” generados por esa misma tecnología que se había comprado a los fines de brindar “seguridad” a la ciudadanía. ¿Y cuál fue la respuesta como justificación de esos “errores”? Lo que compraron era insuficiente, había cosas que funcionaban mejor. Tecnología de punta, que le dicen. Aunque no sea para nada conveniente para nosotros en verdad. Pero ahora que esas mismas cámaras pueden medirte la temperatura corporal y, así, controlar a quiénes andan enfermos por la vida y contagiando a los demás, ya no parecen ser tan malas como antes… Más bien, pareciera que son necesarias.

Entonces las palabras del artista plástico Daniel Santoro, en una entrevista realizada por la misma que escribe en los últimos meses del año 2019, pasaron a ser descriptivas del momento en el que estamos, ya que cuando hablaba del Adán Tecnobiológico hacia el que pareciera dirigirse la humanidad, decía: “Y además hay otra cosa: te muestran el avance de la tecnología mediante prótesis humanas. Las primeras impresiones 3D eran manos para chicos sin manos. Entonces no hay manera de que te pongas en contra de eso, no podés ser tan hijo de puta. Pero mientras tanto la CIA está haciendo andá a saber qué en 3D y te la van a vender después como prótesis. Así van presentando todas las nuevas tecnologías… (…) Pero no te la venden así, te la venden con un tipo que le falta la pata y que está contento porque la tecnología se la devolvió”.

Este esquema, ejemplificado con prótesis pero válido para cualquier elemento tecnológico pensado en clave de salud, es el que se refuerza con la presencia cada vez más contundente de un actor esencial en la aplicación de este orden, en que biología y tecnología son recíprocamente necesarios: Bill Gates, dueño de la mayor administración de datos y software del mundo, además de inversor y coorganizador del simulacro llevado a cabo en Nueva York en octubre de 2019, el “Evento 201”, ahora aparece con soluciones para enfrentar la pandemia. Y suenan sumamente tentadoras.

“La gran propuesta de Bill Gates para enfrentar al coronavirus”

Es uno de los títulos elegidos por algunos diarios del mundo para hablar sobre una columna que escribiera el magnate tecnológico en The Washigton Post, en la que ofrece una serie de “recomendaciones” ante la situación de los países como EE. UU. donde ni se escuchó a la OMS (que es a la salud lo que el FMI a la economía) ni se está controlando a la gente como se supone que se necesita. En ella, básicamente, lo que hace es vender sus productos, pero ahora para mejorar la salud. Un chip intracutáneo que por un tiempo te monitorea para saber si estás infectado o no, y tener a mano todas las bases de datos posibles para seguimiento de contagios, son las herramientas con las que cualquier país puede tener bajo control la enfermedad. Esto hasta tanto la vacuna esté disponible, lo que se estima sería en 12-18 meses. Durante ese lapso, sólo la adecuada utilización de la tecnología, en conjunto con el sistema de salud y la industria farmacéutica, claro está, salvaría a la mayor cantidad de personas del virus que sacudió al mundo en este tiempo.

Esto, que más que conjetura es una relación lógica entre hechos objetivos, pone en evidencia que existe una oportunidad de posicionar positivamente al control social por la vía tecnológica para la supervivencia. Y Gates, sale ahora a dar las buenas nuevas en las que él es uno de los grandes ganadores, aunque se presente a sí mismo como un héroe. Porque de eso se han tratado cientos de películas e historias en las que se pone al individuo por encima del conjunto al ser aquél, uno distinto, quien salva con su accionar al resto de la humanidad. Y aunque esto es opuesto a nuestra concepción oesterheldeana de la vida en la que el único héroe es el héroe colectivo, el cuento del salvador es harto conocido, lo que le da un estado de latencia que puede activarse en momentos extremos como el que vivimos.

Trayendo esto a nuestra coyuntura local, aunque es cierto que los medios parecieran querer convencernos de que esa concepción de héroe colectivo es la que necesitamos para salir lo mejor posible de esta situación, en el fondo (y no tan profundo) se está gestando un estado de nueva normalidad. En ella, si necesitáramos estar así de vigilados y controlados para superar este acontecimiento, se supone que lo aceptaríamos sin demasiadas resistencias. Esta afirmación, además de estar respaldada por la conclusión anteriormente expuesta, tiene sus fundamentos materiales.

La Argentina es uno de los 10 países “elegidos” por la OMS para hacer pruebas de vacunas relacionadas con el COVID-19, teniendo un sistema de salud pública precarizado e intervenido de distintas maneras. Entre ellas, los organismos de crédito internacional como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, entre otras organizaciones de capitales globales que vienen “invirtiendo” en nuestro país con el pretexto de estimular los avances en temas de género y diversidad sexual, y que ahora lo hacen para “asistirnos” con dólares para ayuda social. En este terreno, todo pareciera estar ya preparado para la instalación de estas nuevas necesidades y sólo sería cuestión de convencer a las mayorías para que la demanda haga a la oferta. 

¿Y para qué nos sirve pensar en todo esto? Para poder discernir entre aquello que nos conviene y aquello que nos quieren vender como necesario. Sea que se adhiera a la teoría de la conspiración en la que tanto Gates como los dueños de los bancos, el FMI, la OMS y los dueños del mundo están trabajando para disminuir la población mundial y ejercer un dominio total sobre las personas y los Estados, como que se adhiera a cualquier otra teoría que explique el trasfondo de esta pandemia con streaming; sea que se piense en un plan o en una oportunidad, la realidad, que es la única verdad, indica que una vez más hay ganadores en esta tragedia a gran escala y que, otra vez, no somos los pueblos.

Y en la medida en que sabemos que por h o por b nos toca perder, la responsabilidad que tenemos es la de intentar comprender un poco más qué es lo que ocurre, para así tener la chance de decidir qué hacemos con ello. La carrera ya no es por llegar al espacio, sino por penetrar en la intimidad y el cuerpo de los que habitamos este planeta. Tendremos que volver a pensar qué tipo de humanidad queremos ser, porque hay algunos que ya tienen un modelo a seguir. Y si no elegimos, elegirán por nosotros.

La entrevista que se referencia: https://mogambo.com.ar/daniel-santoro-la-democratizacion-de-la-felicidad-es-el-horror-que-produce-el-peronismo-dentro-del-capitalismo/