17/12/2019 15 min to read

“Para vivir de la misma manera que se piensa es necesaria la libertad”

Category : Entrevista, filosofía, geopolítica, historia, nacional

Segunda parte de la entrevista a Martín Ayerbe, Presidente del Foro Naval Argentino, para comprender la necesidad de volver a edificarnos a través del trabajo.
Por Romina Rocha.

Veníamos hablando sobre cómo la creación de la industria naval fue una iniciativa de liberación nacional, pensada estratégicamente. ¿Cómo se ordenó algo que empezó desde cero y en semejantes escalas?

Con Perón y antes de la dictadura genocida, era política de las empresas del Estado generar su propia cadena de proveedores, nacionalizar todos sus componentes. Esto fue a tal nivel que la Comisión Nacional de Energía Atómica, YPF, Astillero Río Santiago, Fabricaciones Militares e Industrias Aeronáuticas del Estado, tenían la obligación mediante sus trabajadores y funcionarios públicos, de cumplir con la responsabilidad de construir la cadena de proveedores nacionales y asistirlos, capacitarlos, desarrollarlos.
El Plan Naval Argentino que nosotros impulsamos es el único existente, después del que impulsó Perón en la década del ’70. Después nadie más se ocupó de esto, solamente nosotros y no sé si eso es algo para sentirse orgulloso o para entristecerse…

Parece ser las dos cosas en simultáneo. Antes hablaste del fundamento filosófico de la Constitución del ’49, que termina siendo algo así como el eje ordenador de lo previo y de lo posterior en este proceso que explicaste

La base de la Constitución del ’49 es Rerum Novarum, del Papa León XIII, la doctrina social de la iglesia. Eso es el peronismo, esas son sus bases fundacionales. Después el movimiento va creciendo y desde las raíces, pasando por el tronco y hasta que llega a la copa del árbol crea totalidad. Luego, en su copa, muchos otros pueden habitar, pero eso no quiere decir nada más que eso: que el árbol y su copa son tan grandes que permite que otras expresiones de la vida lo habiten. Pero la raíz es aquella doctrina social que dice que la justicia no puede ser algo que tengamos que esperar después de la muerte, cuando Dios en su juicio final sobre nosotros decida qué hacer con nuestra alma según todo lo que hicimos. No, lo que tiene que haber es justicia en la Tierra, en esta vida. No es fatalismo ni materialismo dialéctico, es espiritualismo patriótico.

Queremos todo ya, es cierto

El argentino es así y por eso también tiende a desconfiar de los religiosos cuando le plantean que uno se tiene que portar bien en este mundo, o sea no armar quilombo, aceptar cualquier injusticia y aguantar hasta morir, porque después, en la otra vida, Dios te va a dar un premio. El argentino siente que eso es una transacción de mostrador, un comercio de fariseos que no tiene una mierda que ver con Cristo. Él decía que hay que romper la vieja alianza, que es el materialismo de la jerarquía religiosa judía y del imperialismo romano, a los que Cristo enfrenta y expulsa a latigazos porque son los sátrapas del imperio. No solamente a Poncio Pilatos sino también a Caifás, que tenía negocios con éste. Ahí propone la nueva alianza, en la que las relaciones humanas estén basadas en el amor. “¡No, éste está loco, mátenlo, métanlo en cana! ¡Clávenlo en una cruz! ¡Éste rompe todo el orden que tenemos!”, dijeron… Y sí, vino a eso. Hay un fundamento que plantea Perón en un momento en el que había mucha alegría en el Pueblo y en torno a esta constitución proclama que los argentinos nos merecemos lo mejor de lo mejor de este mundo, lo mejor de la humanidad. “¿Y qué es eso, General?”. Tres cosas, responde él:

  • La cultura de los griegos
  • El derecho de los romanos
  • La fe de los cristianos

Por el primero, Aristóteles: hay que dar de manera desigual a los desiguales para igualarlos. Parece justo, ¿no? El segundo dice que nadie puede dar lo que no tiene ni nadie puede quitar lo que no dio.

Suena justo también

Y se cruzan los guaraníes con los jesuitas allá en las Misiones, en el norte de nuestro país, y los primeros aceptan a Cristo viviendo en la selva y no sabiendo qué carajo es un desierto.  Pero aceptan a un Cristo que no hace acepción de personas. Y cuando vienen los jesuitas buscando la Tierra Prometida, toman de los guaraníes la Tierra Sin Mal. ¿Hay contradicción?

No, porque de hecho los jesuitas les permitieron a los guaraníes escribir aquello que pensaban, les enseñaron a registrar

Y en el pobre argentino hay un sentido práctico de la vida, por eso el peronismo se jacta en afirmar que es una filosofía práctica, profundamente humanista y cristiana, reafirmando el hecho de lo práctico porque no contrapone. Entonces cuando Kant plantea que tiene que haber un orden moral que organice este mundo y que esto no viene de Dios, ni lo encontramos en la naturaleza, es necesario que nosotros como humanos lo construyamos y cuando los pueblos de nuestro continente, tobas, guaraníes, coyas, tehuelches, dicen que hay que volver al equilibrio de los seres humanos con la Pachamama, ¿hay contradicción con lo que dice el cristiano Kant o lo que hay es una profunda conexión? ¿Y el judío Spinoza con su “Deus sive natura”? La Madre Tierra, la Virgen del Socavón, La Virgen de Guadalupe, la Virgen de Luján protectora de los caminos… resulta lógico que en un país tan extenso como la Argentina tengamos una virgen cubriéndonos ahí, como para los bolivianos es en el Socavón y así todos. Porque hay un sentido práctico de la vida que se expresa tanto religiosamente como filosóficamente y que no se contraponen uno con otro.

Buscamos fundamentos para nuestro diario vivir, como puntales para no perdernos

Porque estamos hechos de tiempo, que es la sustancia inmaterial que constituye nuestra vida. Lo que hacemos con nuestro tiempo, es lo que dice que persona somos. Nuestra vida no está cerrada hasta la muerte porque la existencia es una decisión indeterminada dentro de un mundo al cual hemos sido arrojados y que no terminamos de comprender del todo, y hay una circunstancia que condiciona nuestras la decisiones. Hay un Hombre que decide, pero hay una circunstancia. Existe la libertad, pero está condicionada. Y eso hace que la persona esté afectada por la circunstancia en la que está inscripta su decisión, eso lo convierte en un traidor o en un leal. No da lo mismo ser cualquier cosa. Y la vida no se trata de que las cosas sean fáciles para tomar posición, porque también tiene que ver con el obrar y con la coherencia interior, con la parresía, con vivir de la misma manera que se habla. No es solamente acompañar la acción gregaria de la masa, porque ésta también se puede equivocar. Es como decir que vamos a juntar 100.000 personas en la cancha de River y como son esa cantidad, no pueden fallar, ya que de ellos va a salir la verdad. Es tonto eso.

Y volviendo a los recursos, ¿cómo hacemos para compensar la balanza comercial y fiscal?

Con el proyecto de Ley de Transporte por Agua con Reserva de Carga se restablece el equilibrio en Argentina de transportar en buques de bandera nacional el 50% de los fletes marítimos, una facturación de U$S 3500 millones al año para el país. Es estratégica, te define el comercio con las naciones del mundo, te permite defender los precios de tus productos y que no te roben en la importación, porque hoy en día compramos y vendemos en nuestro propio puerto, en lugar de ir a buscar lo que necesitamos. A su vez, defiende los precios de la producción nacional en el mundo.

El flete de ultramar, además, factura alrededor de U$S7000 millones al año que es una bestialidad, pero da poco trabajo porque con 15 personas se tripula un barco. Entonces lo que se necesita es socializar la facturación de la navegación de ultramar en la actividad mano de obra intensiva de astilleros con el FODINN, que grava con un 2% a todos los fletes marítimos, ahí se da el equilibrio. Si los proyectos, que ya están en el Congreso Nacional, son aprobados y Alberto Fernández los promulga con su decreto reglamentario, esto inicia de inmediato, no hay que esperar un montón de años ni nada de eso. La reserva de cargas factura inmediatamente, porque el armador nacional empieza a realizar fletes con empresa, tripulación y cuentas argentinas. Y el FODDIN recauda todos los días, porque es un impuesto que empieza a recaudar inmediatamente el 2% de todos los fletes de ultramar.

Esto en el marco de que el 95% de las exportaciones argentinas viajan en buque

Hace 500 años que existe la navegación de ultramar, lo nuestro no son novedades. Nuestra condición de borde es el Plan Naval Argentino para reconstruir la industria naval porque si no esto no va a ser posible. En la década del ’90 Ménem destruyó toda la industria naval. Con el Astillero no pudo porque ahí fue derrotado por la acción de sus trabajadores, que a su vez vieron como toda la industria naval privada cayó, tirando abajo los demás astilleros que no tenían a quién carajo fabricarle los barcos. Río Santiago contó con la conducción estratégica del conflicto en la persona del Ingeniero Ángel Cadelli que entró como peón en el ‘74, convirtiéndose en un emergente social: la peonada de Perón. Peonada que, al igual que Ángel, empezó a laburar en blanco gracias a la política del Estado Empresario después de una vida en negro y en las calles. El objetivo era que te hicieras desde abajo, que no entraras por amiguismos o herencias, sino como peón: como todo el mundo. Eso es justicia desde el inicio, y cuando la justicia se constituye en el orden en el cual vivimos, podemos decidir la vida que queremos llevar y la Patria que queremos construir. Porque así como lo que hoy nos oprime se naturaliza, aquello que nos libere también puede naturalizarse.

Y hablaste de los proyectos de ley que ya tienen estado parlamentario, mencionando un elemento más, ¿cuál es?

El tercer proyecto es ELMA XXI, que es el armador estatal, el Estado empresario que tanto nos hace falta porque es lo que siempre quiere destruir el imperialismo. Y en el caso de que no hubiera armadores nacionales que quisieran navegar, está el armador estatal que es una Corporación Estatal multimodal de transporte. Porque actualmente todo el transporte está supeditado a empresas multinacionales, dejándonos subordinados como eslabón de un orden extranjero en nuestro propio territorio. Con la conducción del Estado Empresario haciéndose cargo de la gran actividad, se fortalecería a la PyME que tanto necesita un impulso interno para salir del ahogo de depender de intereses que no son nacionales.

¿Y en qué marco quedaría todo eso que le estaríamos quitando a la multinacional o a los países involucrados cuando remplacemos cada instancia con trabajo nacional?

Ahí el sentido de avance va a ser que las empresas internacionales que quieran hacerse del 50% de la reserva de carga argentina, se constituyan como Armadores Nacionales en tanto y en cuanto tengan una personería jurídica, una cuenta personal, tripulación, capital argentino y construyan barcos acá. Pueden navegar porque el régimen es general y abarca tanto a privados como a estatales. Y no es que no van a quejarse, pero se van a tener que adherir porque van a querer seguir haciendo esos fletes. La condición será esa porque si no nos quitan el flete y el trabajo. Importar flete es como importar aire: si todo el tiempo estás pagando por un servicio, nunca lo vas a tener ni a producir y eso hace que sea un accionar tonto e improductivo. Entonces estos tres proyectos son una política general del Estado para reactivar la industria naval y del transporte.

Bueno, la dictadura hizo su laburo con propaganda antinacional. Yo recuerdo una de las emblemáticas, en la que un milico agarraba una silla que se rompía toda porque era hecha en Argentina. Y esa construcción cultural de que lo nuestro no es de calidad y que lo mejor viene de afuera tiene que ver con esto que contás. Ahí la respuesta que das en cuanto a la reactivación de todo esto no sólo significaría recuperar la autonomía y reactivar la industria pensando en un plan de liberación nacional en términos concretos a través del trabajo, sino que además empujaría a toda la industria naval de la región y la Patria Grande. Entonces no se estaría anulando lo que existe, sino que se le estaría dando un impulso nacional, ¿no’cierto?

Claramente. Hay que sacar a Astillero y a AFNE del proceso de privatización que lleva 30 años, porque con AFNE recuperaríamos un bien intangible, para la fabricación de grandes motores diesel bajo licencia como Grandi Motori Trieste FIAT de Italia, Burmeister & Wain de Dinamarca, Sulzer de Suiza. Permitiría que la Argentina vuelva a generar valor agregado porque nosotros, para fabricar una serie bajo licencia, lo que tenemos que pagar es entre el 3 y el 5% del valor del bien de capital, pero todo el valor agregado de la mano de obra  queda en el país. En el ’70, llegamos a producir el 75% de nuestros motores marítimos.

¿Y cómo se expresa ese valor? ¿De cuánto estamos hablando?

La chatarra naval es muy codiciada en la industria porque es baja en fósforo, baja en azufre (que son contaminantes que debilitan al acero) y es también baja en carbono. Porque si los valores de éste son altos, hay que quemar oxígeno para bajar el carbono, cosa difícil de hacer; tanto como sacarle el exceso de sal a un guiso. De ahí que la chatarra naval se la puede conseguir por 10 centavos de dólar por kilo. Si la fundimos y hacemos una chapa, podemos obtener 1 dólar por kilo, ahí ya multiplica por 10 el valor. Si esa chapa se usa para un trabajo de calderería se puede cobrar 3U$S por kilo. Y si fuera una pieza fundida, como un barbotín o una cadena, se puede cobrar 5U$S por kilo. Si además de fundida fuera forjada para hacer una biela, un cigüeñal, una válvula, eso podría cobrarse 7U$S por kilo. Y si a esa pieza fundida y forjada la mecanizamos, podemos cobrar entre 9 y 12U$S por kilo: torno, fresa, cepillo, rectificadora, máquina herramienta. Pero si esa pieza, después de pasar por la máquina herramienta, la tiene que montar un mecánico sobre otra estructura mediante un laburo delicado, fino, para que integre una máquina compleja, podemos pasar a cobrar entre 18 y 28U$S por kilo. Y en todo este proceso, desde los 0,10 dólares de la chatarra hasta los 28 por kilo, lo único que hay es trabajo de hombres y de máquinas. Y no hay un carajo de especulación financiera, no hay contado con liqui, ni Lebac ni nada de toda esa mierda que se apropia de todo pero no produce nada.

Es todo trabajo humano, es muy claro el proceso…

Y ahí está la vida nuestra. Y la de la mayoría de los argentinos, que en estos oficios junto con otros, nos ganamos el pan, construimos la casa, educamos a la familia y vivimos felizmente con ese cansancio y esa mirada ciertamente inocente de aquel que termina la jornada y siente satisfacción por haber cumplido con el deber de trabajar. Esa mirada de cansancio, al final de la jornada, de satisfacción y de contemplación sobre lo que uno ha hecho, que se expresa en millones de trabajadores argentinos, también tiene su cierta razón espiritual, que no tiene que ver con la mecánica ya o con la ciencia aplicada, sino que es una condición en donde el argentino construye su propia vida con el tiempo. Y lo que hizo en ese tiempo de trabajo lo constituyó como persona, porque lo hizo queriendo cumplir con el deber y sintiendo cierta vergüenza ante el error. Y esa necesidad de ser un poco infalible, de hacer las cosas bien, es una suerte de ética industrial, de moral de la vida con la cual todos nos vamos convirtiendo en la persona que somos. Eso es lo que hace que el argentino, cuando se le pregunta “quién es” responda con su oficio: costurera, carpintero, soldador, tornero, chofer, eso hace que seamos quienes somos. Y no somos solamente trabajo, los argentinos somos más persona que trabajo pero sin éste, nos roban la identidad y no nos permiten desarrollar la persona ni la comunidad.

De ahí que el plan de desmantelamiento del Estado argentino no sea sólo un tema económico, sino también una condición de vida…

Por eso la base de refundación nacional es el trabajo, que sobre todo en lo industrial nos va a dar laburo a todos. El campo expulsa, la mecanización ahí es irreversible y no va a generar nuevas fuentes. Lo que va a generar laburo es hacer las cosas que importamos. Sobre esa base se va a reconstruir la Argentina, sobre el orden del pleno empleo que desestabiliza al sistema y permite que enderecemos la espalda de esclavo y no aceptemos trabajar bajo cualquier condición; eso permite la libertad. Porque para vivir de la misma manera que se piensa es necesaria la libertad. Si la gente no puede elegir, es esclava. El no poder elegir constituye a la persona en una hoja en la tormenta, en un evento casi de la naturaleza, en algo que es un devenir en el que nada tiene que hacer, sino que está presa en su condición material de vida y no puede escapar. Entonces lo que vuelve a ordenar es el trabajo, que es esa condición de dignidad del argentino, porque la libertad es condición necesaria de la existencia de la moral, para poder vivir de la misma manera que se piensa. Y eso es lo que permite que después el argentino pueda decidir por sí mismo qué persona quiere ser, qué comunidad quiere construir y qué Patria quiere desarrollar. Primero es el trabajo.

Primera parte: https://mogambo.com.ar/hace-150-anos-que-los-argentinos-tenemos-una-accion-ejemplar-de-liberacion-nacional/