19/03/2020 1 min to read

PARIS TEXAS

Category : mundo, opinión, pensamiento crítico

Una crónica desde el París del Corona Virus.

Por Nancy Giampaolo.

Mucho se ha hablado del spaghetti western, ahora es el turno del foie gras. Las calles de una Paris desierta podrían pertenecer a cualquier ciudad perdida del oeste norteamericano en la que un arquitecto enloquecido hubiese decidido reemplazar modestas construcciones de madera por los edificios imperiales de Haussman. Los pasos de los pocos que esquivan las estrictas normas impuestas por el gobierno de Emanuelle Macron para lograr un casi total confinamiento, resuenan en boulevards tan vacíos como un callejón de tierra a la hora del tiroteo.

Las medidas para permitirse realizar un breve paseo cambian minuto a minuto, y el formulario gubernamental que explicaba las razones de la salida ha tenido que dejar lugar al texto manuscrito, tras el descubrimiento de que buena parte de los ciudadanos carecían de una impresora hogareña. Es así que los parisinos se pasean hoy con certificados expedidos por ellos mismos que los habilitan a realizar unas pocas actividades al aire libre. Otros han decidido reemplazar el documento por señales inequívocas de locura. El recurso resulta también válido a la hora de librarse de la atención policial.

Macron, en cadena nacional, se refirió a la “guerra” que libra contra un “enemigo invisible”. Desde sus ventanas, los parisinos esperan el resultado de esta nueva “Hora señalada”.