24/12/2019 4 min to read

¿Por qué es malo el fracking?

Category : autonomía, geopolítica, nacional, neoliberalismo, opinión

Ante lo que está aconteciendo en Mendoza cabe preguntarse qué es
exactamente el fracking. En esta nota, el arquitecto especialista en
sustentabilidad Pablo Cabo explica de qué se trata, cómo ha sido su
trayectoria en la región y qué técnicas alternativas hay disponibles
para no contaminar de forma irreversible suelos y aguas.

El fracking es una técnica no convencional para extraer gas y
petróleo. A grades rasgos, consiste en hacer fracturar los suelos en
niveles muy profundos con la inyección de enormes cantidades de agua y
químicos que quiebran las rocas para dejar aflorar el gas y petróleo
que se encuentra abajo. En muchos lugares del mundo esta técnica de
fractura hidráulica no es permitida porque presenta muchas
posibilidades de contaminar las napas de agua, lagos, ríos y todo el
sistema hídrico del lugar donde se hace la perforación. Por eso es que
los mendocino iniciaron hace unos días diversas movilizaciones
destinadas a cuestionar la implementación irrestricta de las
actividades contaminantes.

Un poco de historia

En Argentina, el fraking comenzó a utilizarse en el yacimiento
conocido como Vaca Muerta, donde entre otras actividades, se
desarrolla la agricultura frutihortícola del Alto Valle de Río Negro y
Neuquén. A pesar de haber grandes manifestaciones en contra de esta
práctica, las exploraciones en medio de las chacras y de las mesetas,
continúa más vigente que nunca al ser respaldada por los gobiernos que
ven en esta extracción de gas y petróleo un avance en la economía
nacional. Aparte de tener altos riesgos de contaminación y daño al
medioambiente, el fraking no supone una sostenibilidad en el tiempo
porque una vez terminados el gas y petróleo, se levantan los pozos y
quedan para las nuevas generaciones los llamados “pasivos ambientales”
o “zonas sacrificadas”. Buena parte de Mendoza lo sabe y se resiste a
eso.

Allí donde hubo contaminación química en sistemas hídricos, los
habitantes que decidieron permanecer en sus fincas han tenido que
recibir agua envasada debido a la contaminación y también han debido
abandonar la actividad ganadera, por mencionar algunos aspectos que
evidencia la negatividad de una práctica de estas características. En
este sentido, también podemos decir que es una actividad como la
minera, donde terminada la explotación no habrá continuidad de la
actividad económica para las próximas décadas. Pero además se corren
serios riesgos de terminar de perjudicar totalmente a una zona que se
caracterizó por ser gran proveedora de peras, manzanas y frutas a todo
el país y a nuestros países hermanos, en el caso de la Patagonia, y
algo similar en el caso de Cuyo con sus vinos y aceites de oliva.

Tal vez lo más desacertado de estas políticas es que se plantean como
generadoras de divisas para pagar las deudas asumidas por el Estado
Argentino, en vez de asignarles un rol dentro de algún tipo de Plan
Nacional de re-industrialización o de Plan Estratégico Regional o
hispanoamericano.

Pero las empresas insignia son chinas o norteamericanas, como la
Chevron, que viene de destruir la selva ecuatoriana y de ser expulsada
-por causa de este terrible accionar- por el ex presidente Rafael
Correa, que al ver todo el daño causado, el petróleo derramado sobre
la selva, las enfermedades y destrucción del ecosistema, decidió
iniciar juicios que llegan tarde por no haber incluido en su política
energética otras formas no contaminantes de generación. Estos errores
en cuanto a política energética y matriz productiva de extracción
primaria ya han regado enfermedades y muertes en la zona, y a pesar de
ello se sigue adelante de forma suicida para satisfacer las demandas
de agentes y empresas extranjeros.

Si hubiese que plantear un plan energético de carácter nacional
creemos que las actividades con altísima probabilidad de contaminación
deberían suspenderse y buscar alternativas no contaminantes como la
biomasa, la fuerza mareomotriz, la energía eólica y solar, apuntando a
generar tecnología nacional y producir todo o parte de los
equipamientos necesarios para cambiar la matriz.

Mendoza nos pone ante la oportunidad de cambiar la matriz energética
para las próximas generaciones de argentinos y de invertir en el
desarrollo de las tecnologías nacionales.

Incluso se debe plantear la necesidad de traer técnicos y empresas que
desarrollen aquí su tecnología y no firmar convenios “llave en mano”
de entrega de infraestructuras o equipamientos. El plan energético
debe contemplar la creación de trabajo argentino para dignificar a las
familias, no solo cuidando los suelos y las aguas para producir
agriculturas y ganaderías sustentables y sin agrotóxicos, sino también
para generar cientos de nuevas industrias y talleres donde el trabajo
industrial se encuentre al servicio de un Proyecto de Liberación
Nacional.

El fracking no representa nada de esto, antes bien es la disputa de
empresas globales por el desarrollo de sus políticas de extracción
hidrocarburífera a las que no les importa como quedan esos
yacimientos, ni la contaminación y ni la salud de los pueblos que
habitan aquellos suelos.