Rafael López Vilas: “Basta con tener a los grandes medios de comunicación a tu servicio y la creencia ciega en el mayor de los absurdos resulta inquebrantable”

Luego del lanzamiento de Tierra Quemada, conversamos con el escritor, poeta y novelista Rafael López Vilas, quien desde España logra una confluencia de sensaciones, observaciones y reflexiones de sus recorridos poniendo la atención allí donde, muchas veces, pasamos distraídos ante la historia que nos constituye.

Por Azul Giménez.

Contanos, ¿desde cuándo escribís y por qué elegiste la poesía como principal canal de expresión?

Bueno, a decir verdad, no elegí la poesía como canal de expresión, sino que se me empezó a conocer como poeta antes que como novelista al haber publicado antes poesía que novela, lo cual supongo que ha podido inferir esa interpretación. Si en 2007 hubiese ganado el Premio Joven de Novela de la Universidad Complutense en lugar de haber sido sólo finalista, se habrían intercambiado sus papeles. Yo escribo poesía o novela en función de lo que quiera contar y cómo quiera contarlo. A veces, también dependiendo del momento. Siempre ha sido así. Me gusta la poesía y me gusta la narrativa, y me gusta transitar entre ambas sin cortapisas ni límites. Tierra Quemada es un perfecto ejemplo de ello. Es innegable que muchos de sus pasajes mantienen una estrecha deuda con la poesía. Una deuda que yo mismo elegí contraer y que, estoy convencido, enriqueció y dotó de una mayor profundidad a esta novela.

Mirando atrás, hace ya mucho tiempo que escribo. Lo hacía incluso en mi etapa como artista plástico, en la que acuñé algunos textos que acompañaron una serie entera de mis cuadros relacionados con el maltrato machista, la indigencia… En aquella época, me ganaba la vida pintando. Me la ganaba mal. Pobre y paupérrimamente, pero fue algo más de una década muy interesante, llena de estímulos y de una creatividad apabullante que resultó enriquecedora. Luego vino la catarsis, y los colores y los lienzos, los pliegos de papel, cedieron su lugar con gusto a las palabras que, hasta la fecha, no han dejado de brotar.

Hace unos pocos meses lanzaste Tierra Quemada, novela que ya tiene nominaciones internacionales. ¿Qué significa para vos este trabajo y por qué elegiste enfocarte en ese entorno para escribir?

Es curioso cómo suceden las cosas. Si tuviese que reflexionar sobre lo ocurrido con la crisis de 2007 en España y la corrupción sistémica que acucia el país diría que, o bien los escritores españoles no han encontrado interés alguno en este tema o que, por el contrario, las editoriales han preferido soslayar el asunto o simplemente censurarlo. Todo puede ser. Es cierto que en ningún rincón del mundo la novela social aspira a conquistar el estante librero. No sería realista. Estaría bien y sería fantástico, pero hoy por hoy, no es más que una absurda entelequia sin viso alguno de convertirse en un hecho consumado. El poder ha sofisticado mucho sus métodos, y todo es mucho más sibilino y obsceno, y ha reducido infinitamente su margen de error. El control es cada vez mayor, y el grueso de la ciudadanía está a expensas y se conforma con esa ínfima sensación de libertad a la que el sistema ha ido reduciendo nuestra existencia. Hay demasiado en juego. Demasiado dinero. Demasiado poder, y las multinacionales de toda índole cuentan con todos los elementos para desactivar cualquier movilización popular posible. Ni siquiera les hacen falta políticos con una dialéctica brillante o un discurso audaz. Basta con tener a los grandes medios de comunicación a tu servicio y la creencia ciega en el mayor de los absurdos resulta inquebrantable. Y los tienen, a los medios. Son suyos, les pertenecen, y éstos no dejan de repetir incesantemente el discurso más conveniente con el que educan a la gente, sus intereses, guiando su pensamiento hacia donde necesitan hacerlo, y de un modo cada vez más exitoso. En España casi ningún novelista ha bajado al barro a fajarse con la corrupción político-empresarial que pudre el país, y escasas son las editoriales que se han mostrado dispuestas a investigar esa senda. Yo escribí esta novela porque durante años he visto como mi pueblo ha asumido sin inmutarse la factura de una crisis provocada por los mismos poderes que la derecha española ha ayudado a enriquecerse más que nunca, mientras los derechos de los ciudadanos eran recortados hasta la infamia y muchos se quedaban en casa cabizbajos mirando al lado contrario de su dignidad. Lo dijo muy bien Galeano, y sin saberlo, escribí algo parecido ignorando que él lo había dicho, al finalizar con estos versos un poema que titulé “Dulce Peperito”:

«…mientras sigues rezando para que no te despidan de la fábrica o sellando la cartilla del paro/ y si algún día te despiertas y crees que lo que está cayendo sobre tu cabeza española es lluvia/ te equivocas, peperito/ Son los del traje y la gaviota que te mean por encima/ mientras te miran y se parten el culo de risa»

(*Nota: con “los de la gaviota” el poema hace alusión a la gaviota que figura en el anagrama del Partido Popular de España.)

¿Qué relación encontrás entre lo que viste en España y lo que pasa en Argentina? ¿Diferencias, coincidencias, qué predomina?

La verdad es que es difícil establecer diferencias y paralelismos entre dos países, sobre todo, cuando uno no conoce de primera mano la realidad de ambos. La opinión que pueda tener yo de la realidad argentina es muy sesgada, formada a través de opiniones de segunda y tercera mano en el mejor de los casos. No puedo opinar con rigor de la realidad argentina como tampoco puedo hacerlo de la marroquí ni de la china, aunque en el caso argento me resulta mucho menos ajena. No obstante, ambos países vienen de gobiernos fachos. Macri, Rajoy. La misma clase de basura. La misma clase de mentiras, de infamia, y vasallos de los mismos acumuladores de riqueza y negreros. En cualquier caso, argentinos y españoles parecen aquejados de esa triste patología en la que trabajadores y desempleados son incapaces de distinguir políticos que intentan defender las necesidades y los intereses de la ciudadanía de los que buscan el re-enriquecimiento y la perpetuidad de las élites económicas a costa de los primeros. En el caso de España, son muchos los que ni siquiera saben distinguir entre un partido fascista de otro que no lo es. Además, como la mayoría del Congreso de los diputados español cuando en 2011 votaron el artículo 135 que se incluyó en nuestra constitución, en la cual la devolución de la deuda pública (legítima o no) del país subordinaba las necesidades del pueblo, Argentina tiene su Ley de pago a los fondos buitres que rubricó “El Gato” Macri en nombre de todos los ciudadanos argentinos. En cualquier caso, argentinos y españoles son víctimas de las grandes estafas que se han promulgado desde el teatrillo parlamentario con el aval de nuestros votos, pero no parece que unos y otros hayamos hecho demasiado por perseguir a los criminales que han vaciado las arcas del Estado en ambos países, empeñando el futuro de generaciones enteras en el intento. Además, en España tenemos el plus del descarado ascenso del fascismo más recalcitrante y rancio, lo que, visto lo visto, era sólo cuestión de tiempo. Con la muerte del dictador en 1975, la transición fue una discreta labor de maquillaje, ya que quienes ostentaban el poder con el genocida lo siguieron haciendo luego. Súmale las víctimas de la guerra, las generaciones de republicanos asesinadas, el adoctrinamiento de la población durante cuarenta largos años y la desvergüenza con que se han tratado las leyes de memoria histórica, y tendrás el peligroso escenario en el que se permiten manifestaciones de nazis por las calles y se prohíben las del Día de la Mujer. Tras muchos años, han dejado las caretas en el armario y han sacado las esvásticas a relucir. Lo peor, sin embargo, es la falta de reacción del resto de la población. Lo peor, y también lo inquietante.  

¿Qué te preocupa más de lo que está sucediendo a nivel global actualmente? ¿Qué pensás que se podría hacer para subsanarlo?

Respondiendo a la segunda parte de la pregunta primero, y partiendo de la base de que cada pueblo podría hacer lo que quisiese con su destino, con sinceridad y con la mayor de las pesadumbres, creo que es tarde para hacer nada. La voluntad de la inmensa mayoría ha sido doblegada hace rato. La revolución no será, sino es en un sótano con goteras y cuatro individuos hambrientos de libertad. Lo más importante de cualquier país es la educación, y eso los poderes lo han identificado hace tiempo y lo han utilizado para adoctrinarnos en multitud de cuestiones e inculcarnos la resignación como forma de vida. Por eso ese conflicto sempiterno de la derecha con la universidad pública y con el resto de la educación estatal. En general, la gente ha aceptado que la desastrosa situación que vive no puede cambiarse, que es lo que hay y que hay que apechugar y salir como sea adelante. Eso incluye desmantelar servicios públicos y alimentar su privatización hasta un lugar donde la indecencia es un pequeño punto que queda en el horizonte pasado. Estamos demasiado ocupados intentando salvarnos y preocupándonos de nuestras necesidades como para interesarnos qué les sucede a los demás. La desunión es absoluta, y la falta de solidaridad y empatía podrían perfectamente cotizar en bolsa de tan al alza que están. En España la desigualdad es cada vez mayor. La pobreza es mayor. Vemos morir gente que cruza el Estrecho todos los días. Gente que viene escapando del hambre, de la guerra, y en España son demasiados a quienes les importa un rábano o que piensan que vienen a delinquir o a robarles el trabajo lo que, tratándose de un país como el español, no deja de ser una cruel ironía. Por otro lado, la elegante y vieja Europa pagó miles de millones al régimen turco para detener el éxodo de los sirios durante la guerra y para que estos se pudriesen lejos de nuestras confortables fronteras de primer mundo o se ahogasen en el Mediterráneo. Dicho esto, los que luchan y se parten la cara para dignificar su vida, deben seguir haciéndolo a pesar del resultado.

En cuanto a la primera parte de la pregunta, la concentración del poder y la riqueza constituye el origen de la inmensa mayoría de los problemas, incluyendo, por supuesto, las guerras y el cambio climático que hará que cualquier día el planeta salte por los aires o que éste decida deshacerse del comportamiento vírico del ser humano.

Y para cerrar, ¿tenés proyectadas otras publicaciones en adelante?

A finales de 2021 está previsto la publicación del poemario “Vosotros, el Pueblo. Poemas Anti-sociales” con el que he dado por completada mi “Bilogía Obrera”.

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