Ray Blanchard: “Los puntos de vista de Judith Butler son irrelevantes para la toma de decisiones médicas”

Unos de los más destacados especialistas canadienses en género, advierte sobre las confusiones y la desinformación que orbitan en torno a la agenda LGBTIQ.

Por Nancy Giampaolo.

Miembro, desde 1980, de la Clínica de Identidad de Género en el Instituto Clarke de Psiquiatría en Toronto (ahora parte del Centro para la Adicción y la Salud Mental) y Jefe de los Servicios Clínicos de Sexología de la misma institución, entre 1995 y 2010, el psicólogo canadiense Ray Blanchard fue también presidente de la Academia Internacional de Investigación Sexual y, en 2017, recibió el Premio “Richard Green Lifetime Achievement”, por parte de la “International Academy of Sex Research”. Sin pares en America Latina, ayudó a echar luz sobre el fenómeno de la comunidad LGBTIQ desde una perspectiva que privilegia el cuidado de la salud física y mental, y recela de la injerencia cultural e ideológica en tema que tiene cada vez mayor presencia en las agendas políticas.

Tras haber leído tus trabajos, entiendo que dentro de lo que conocemos como LGTBIQ se engloba a gente con muy diferentes características ¿Quién gana y quién pierde en esta categorización?

Después de que se legalizara el matrimonio entre personas del mismo sexo en muchas jurisdicciones, varias organizaciones de derechos de los homosexuales perdieron su razón de ser primaria. En algunos casos, la financiación todavía funcionaba, y activistas trans se movieron para llenar el vacío. Naturalmente, los nuevos líderes se centraron en los cambios legislativos que se referían a los transexuales y no a los homosexuales, por ejemplo, un relajamiento de los requisitos para un cambio legal de sexo. Algunas lesbianas, aunque no todas, sienten que este cambio de énfasis las hizo invisibles e irrelevantes para las organizaciones que habían ayudado a construir. Este grupo claramente siente que el cambio de LGB a LGBT ha sido beneficioso solo para las personas trans y a expensas de las lesbianas.

Muchos aseguran en Argentina, y en otros países con mayor caudal de pensadores críticos y disidentes, que gran parte de la movida LGBTIQ tiende al elitismo. ¿Cómo ves vos el panorama en tu región?

Un poco como te decía en mi respuesta a tu pregunta anterior. El cambio, donde el liderazgo y el mandato de las organizaciones de derechos humanos LGBT ha quedado en manos de los activistas trans, ha ocurrido mayormente en los principales países de habla inglesa, si no en todos. No puedo hablar por otras áreas; por ejemplo, Europa continental. El derecho legal a cambiar la propia designación sexual en documentos oficiales simplemente declarando el sexo al que uno siente pertenecer también ha sido de interés para algunos grupos feministas en países anglófonos, que creen que erosiona los derechos y las protecciones de las mujeres “por nacimiento” (biológicas). Las áreas de interés incluyen el uso de baños, vestuarios y duchas de mujeres por parte de transexuales previos a una cirugía de reasignación sexual de hombre a mujer, y la entrada de transexuales de hombre a mujer en los deportes femeninos, donde tienden a ganar competencias en virtud de su musculatura masculina, estructura ósea, y así sucesivamente. En los países anglófonos, la palabra elitismo suele estar reservada para los hombres gay, blancos y relativamente masculinos, que son percibidos por algunas personas trans, lesbianas y “personas de color queer” como relativamente privilegiados por un enfoque asimilacionista que abandona a otros componentes de la “comunidad” LGBT.

Hace poco Judith Butler, referente top de la comunidad LGBTIQ de Argentina, nos visitó para dar su particular visión sobre el género, lo performático, etc. ¿Cuál es tu consideración sobre sus trabajos y cómo es juzgada en general por los profesionales médicos que trabajan con pacientes con disforia de género?

Nunca he leído sus escritos. Ella no es ni una profesional clínica ni una investigadora clínica, y consideraría que sus puntos de vista son irrelevantes para la toma de decisiones médicas. Incluso los médicos pro-hormonas o más pro-cirugía que conozco basan sus posiciones en cosas distintas a Judith Butler, Teoría Queer, posmodernismo o cualquier otra cosa proveniente del sector académico de Humanidades

Has hablado de las graves consecuencias de usar bloqueadores de la pubertad y de apurar operaciones de reasignación sexual ¿Podrías explayarte un poco sobre tu posición en todo esto?

Si uno demora el tratamiento de transición y el bloqueo de la pubertad en un niño que, eventualmente, podría haberse beneficiado de él, lo peor que puede ocurrir es que se sienta psicológicamente incómodo por unos años más y su cuerpo sufra algunos cambios que podrían dificultarle un poco el “pasar” como miembro del sexo opuesto. Sin embargo, este tipo de “error” clínico es en gran parte corregible. En el caso opuesto, administrar hormonas o realizar cirugías en un niño que termine lamentando esto en el futuro es casi completamente irreversible. Por lo tanto, el segundo tipo de error clínico tiene consecuencias mucho más irreparables y desastrosas.

¿Creés que la proliferación de nuevos patrones de conducta sexual benefician a profesionales de la salud u otros actores dentro de la medicina? 

No hay mucho dinero involucrado, excepto por los cirujanos y profesionales de la salud mental que se especializan en pacientes con disforia de género. Pero las compañías farmacéuticas sí obtienen cuantiosos ingresos de dinero debido a que, para estos tratamientos, se requiere el uso de medicación diaria en forma permanente.

Versión en inglés ACÁ.