Sembrando las semillas de una nueva conciencia

Por Jorge Eduardo Rulli.

Estoy mal, pero acostumbrado. En los años que llevo observando de cerca cómo funcionan las cosas en Argentina y en otras partes del mundo alrededor de la política, nunca antes vi con tanta claridad cómo el poder ha logrado hacer daños inconmensurables a la vista de todo el mundo y que muy pocos, estén alzando la voz por las injusticias que vivimos. Sobre todo cuando me entero de lo que está pasando en todo el norte de nuestro país, donde entre la utilización del aparato jurídico y policial para expulsar a familias enteras de sus tierras y la utilización del Estado para promover prácticas y formas de vida inhumanas, realmente no entiendo cómo es que la indignación no es generalizada.

Ejemplo concreto de esto es lo que hacen en Santiago del Estero, donde expulsan a las familias campesinas, mientras se amparan en las leyes que se crearon en los últimos años para, supuestamente, defender los derechos de los pueblos indígenas. Los acompañan desde la policía hasta los fiscales y jueces, y como no tienen límites y cuentan con el beneplácito del gobierno nacional, han ido despojando a los santiagueños con violencia, amenazas y hasta muertes que siempre, sin excepción, terminan justificadas y cajoneadas.

¿Y qué pasa con los expulsados? Pasan de trabajar y generar sus propios alimentos y medios de vida, a depender de un plan y vivir en una villa. Otro ejemplo es lo que pasa en Chaco, donde también mediante el uso de los planes sociales, se denuncia el armado de una red de prostitución para servir a funcionarios supuestamente “peronistas”. Es decir, a las mujeres que cobran planes las seleccionan para ser las servidoras sexuales de quienes dicen estar en la política para defender los derechos de los necesitados.

Entonces estoy muy preocupado por algunas cosas, pero al mismo tiempo me encuentro reivindicando lo que para mí es importante: en mi vida ha sido una bendición encontrar el camino de la ecología, el amor por la tierra, por las plantas, por la separación de residuos, por los pueblos indígenas… en el exilio descubrí muchas cosas que me permitieron salir de la amargura y la tristeza que me habían dejado la cárcel y la tortura. Encontré la cultura tibetana y la sabiduría de sus monjes, encontré muchas cosas valiosas entre los Verdes y los objetores de conciencia…  Reivindico todo eso porque es parte de esta mezcla que tiene mi pensamiento y mi palabra.

De hecho, hace poco me entrevistó el biólogo y filósofo Guillermo Folguera y me decía que, para él, yo soy un “peronista diferente” porque tengo rasgos del zapatismo y del ecologismo. Y sí, puede ser, es una mezcla; cada persona es un laboratorio. Yo me hice a mi manera, con el destino que tuve, y pretendo simplemente ser aceptado porque creo que lo que he puesto en práctica dio resultado sin traicionar a nadie. Por eso también reivindico la Carta Ambiental de Perón de 1972 y la defiendo, porque confundir la postura de Perón en el pleno de Estocolmo de las Naciones Unidas con el capitalismo verde, estúpido e inviable que nos proponen ahora es una tontera. El movimiento nacional requiere reencontrar una mística, un ardor, una ilusión… y a través de la negación del cambio climático no lo vamos a lograr.

Yo lo vivo. Vivo con dolor el cambio climático en mi propia huerta: las sequías, el granizo, las tormentas coléricas… ya desde hace años sufro todos estos cambios que cada día se profundizan y se tornan más imprevisibles. Además, y sin dudarlo, recojo el sentimiento y las experiencias de muchísima gente, como el maestro Jairo Restrepo, que dedicándose de lleno al trabajo sobre la tierra tiene todo que ver con lo que compartimos, la utopía de un mundo mejor.

Las nuevas generaciones tienen dificultades para imaginar lo que fue vivir en dictadura. En mi caso, lo llevo grabado en todo el cuerpo y en mi memoria. Y ahora entramos en una nueva fase, tan horrorosa como aquella, aunque de otro tipo: la injusticia, la banalidad, la comida chatarra… pero tampoco hoy se entienden las relaciones entre aquella Argentina que fue destruida por la violencia, y esta otra que es destruida por vías un poco más insidiosas, hipócritas y venales, pero igual de violentas. Así que reconozco que, ante algunos, parezco una especie de dinosaurio extraño que cuesta comprender de qué habla cuando habla… por eso apelo a que, a esta altura de mi vida, quien me escuche o lea pueda suspender el juicio, porque yo asumo la dificultad que puede existir al intentar descifrar de qué estoy hablando y por qué siento lo que siento, pero creo que es importante que estén dispuestos a recibir lo que tanto me ha costado entender y aprender.

En esta etapa en la que estoy, después de todo eso que me conformó el pensamiento así como lo expreso siempre que tengo la oportunidad de hacerlo, la síntesis se manifiesta en forma de un libro que titulé “Semillas para una nueva conciencia”, en donde trato de explorar algunos terrenos de la espiritualidad propia de nuestra condición humana. A mí la agricultura orgánica, la experiencia compartida de mi compañera acerca del parto sin dolor, así como el retornar a las luchas por intentar salvar el planeta, me permitió en gran medida transmutar ese pozo de amargura que me dejaran la tortura y los años de cárcel.

Es necesario que la lucha política sea de tal modo que ennoblezca al militante y le exija ser mejor, tanto en lo moral como en lo ético. La política ahora, lamentablemente, es una ciénaga. Entiendo que a la política haya que volver para poder transformar la realidad en todas sus dimensiones, pero para ello habría que prepararse bien, en conducta y valores humanos, para incursionar en ella sin perder los propósitos que llevamos.

Hay que hacerse de corazas muy fuertes que nos permitan asumir esa tarea sin perder de vista lo importante, y eso es lo que pienso que he logrado después de todo este tiempo. Y porque siento que estoy preparado es que creo estar en condiciones de promover, por lo menos a mi alrededor, un círculo de gente que pueda tener una mirada más limpia sobre lo que debemos y es posible hacer.

Sembrar en tierra fértil para que el porvenir sea mejor que nuestro presente y nuestra historia es la tarea a la que me encomendé en esta etapa de mi vida, y por ello es que apelo, de todo corazón, a que los argentinos volvamos a defender el sueño de un país en el que no haya una sola persona que no tenga un plato de alimento en su mesa, un vecino a quien saludar y la felicidad de vivir en una tierra rica y maravillosa. Quiero pensar que las semillas ya están listas para germinar…


Para adquirir el libro en preventa:

https://econautaseditorial.com/productos/semillas-para-una-nueva-conciencia/

Te puede interesar...