08/06/2020 5 min to read

Sergio Bizzio: “Las influencias son incitaciones que pueden despertar capacidades y potencias preexistentes”

Category : arte, editoriales, Entrevista, literatura, opinión

Aunque publicó tres libros el año pasado y espera publicar dos más este año, Sergio Bizzio dice que es “haragán”. Mientras lleva la cuarentena “sobre los hombros como todo el mundo” habló con Mogambo sobre libros, películas, plagios e influencias, entre otros temas.  

Por Nancy Giampaolo.

El año pasado publicaste La escultura (Iván Rosado), La conquista, Iris y Construcción (Random House) y La pirámide (Blatt y Ríos). Son tres libros muy diferentes, editados por sellos también muy diferentes. ¿Qué creés que dice eso de vos como autor?

No, no sé, no creo nada. Pero es cierto que los relatos de cada uno de estos libros son muy diferentes entre sí. Cuando salieron me llamó la atención que eso fuera lo primero que me señalaban algunos lectores, lo diferentes que eran los relatos entre sí. No sabía que la tradición de unidad temática tuviera tanto peso todavía. Yo tiendo a rechazarla. Este año voy a publicar dos libros, uno de ellos con tres relatos sobre extraterrestres. Ahí no pude hacer nada por evitarla, porque los cuentos se continuaban con apenas algún cambio de registro, pero cuando le iba a dar el segundo libro a una editorial me di cuenta de que todos giraban alrededor de un mismo asunto y lo desarmé, le di otra forma. Prefiero que no haya ninguna unidad.

¿Hay algo que determine a priori el formato novela o cuento?

Mi hija. Desde que nació, hace tres años, mi autonomía se redujo muchísimo, por lo que desde entonces escribo cuentos de veinte o treinta páginas y ni sueño con escribir una novela. Las interrupciones son casi permanentes, ni siquiera la famosa atención flotante tarda mucho en estallar. Es como escribir en el interior de una pompa de jabón.

¿Te irrita eso?

No. Para un haragán como yo es la mejor excusa.   

Publicaste los tres libros casi al mismo tiempo, pero ¿cómo fue la escritura? supongo que no en simultáneo. ¿O sí?

No, no, uno por vez, e incluso con largas pausas entre uno y otro. Y siempre en mi nuevo horario: me levanto muy temprano, a las cuatro o cuatro y media, y escribo hasta las siete. Así que ahí tengo tres horas completas sólo para mí. Todavía es de noche, hay silencio, no tengo otra cosa que hacer. Son tres horas de libertad, una libertad que no implica ningún esfuerzo en particular. Lo único que hay que hacer es acostarse más temprano. Me doy cuenta de que estoy hablando en pasado, sin rastros de coronavirus todavía…

¿Cambiaron esos horarios con la cuarentena?

No, ya estoy habituado a despertarme a esa hora, así que me levanto igual, aunque no esté escribiendo ni tenga ganas de hacerlo.    

¿En qué estás trabajando por estos días?

En nada. Leo, escucho música, miro películas, recorto papelitos y hago collages, unos collages un tanto disparatados… El collage es algo de lo más curioso: no ocupa lugar, uno no se ensucia las manos, es baratísimo, los materiales son ajenos, cualquier cosa puede servir, es muy fácil volver atrás, uno puede combinar los recortes de muchas formas distintas y ver decenas de resultados posibles antes de decidirse a pegarlos, no produce angustia, es muy entretenido, y si sale mal no pasa nada. Yo hago uno por día. Es mi diario visual de la cuarentena.

¿Cómo vas llevando el confinamiento?

Sobre los hombros, como todo el mundo.

¿Arriesgás alguna hipótesis sobre la “nueva normalidad” que todos dicen que se avecina?

No tengo ninguna hipótesis.

A partir de Parasite y su Oscar se habla de las similitudes con tu novela Rabia ¿Qué opinás?

No vi la película. Recibí una montaña de mensajes indignados por “el robo”, incluso de abogados frotándose las manos y ya listos para intervenir, pero ¿qué puedo decir yo? ¿Vamos a litigar contra un estudio hollywoodense, seguramente muy poderoso? Unos años atrás pasó algo parecido con mi obra de teatro Gravedad, que cuenta la historia de tres astronautas varados en el espacio, dos varones y una mujer. No recuerdo ahora mismo el nombre del director… Bueno, hizo una película con tres astronautas varados en el espacio, dos varones y una mujer. ¿Y cómo se llama la película, por si hiciera falta decirlo? Gravedad. Esa sí la vi, y diría que es la misma idea. Pero estas son cosas perdidas de antemano. Me consuelo pensando que ya gané dos Oscar.     

Una de las cosas que más se destaca cuando se habla de vos desde la crítica es el uso personal y libre del lenguaje.

Bueno, gracias.

¿Coincidís? 

No sé, tendría que revisar mis influencias. Lo digo en broma, pero las influencias en realidad son incitaciones que pueden despertar capacidades y potencias preexistentes, así que nadie debería angustiarse. Y además uno escribe lo que puede y de la manera en que puede, como todos, incluidos los genios.

¿Cómo viene por estos días tu relación con el cine?

Desganada y como haciendo eses. No pienso en planos, soy un escritor, pienso en frases. Escribo guiones, pero ahí también me empieza a flaquear el entusiasmo. Ahora hay una productora norteamericana interesada en hacer una versión para cine de mi relato Viaje al único y estuve trabajando en eso con mi mujer (la directora y escritora Lucía Puenzo. Nota de la cronista), pero es ella la que sabe, la que lo lleva adelante y la que lo sostiene. Si sale, bien. Si no, ya la hará otro sin poner mi nombre en los créditos ni pagarme derechos de autor y ganaré un tercer Oscar.  

¿Te interesan las redes sociales?

Uso Facebook, nada más, y muy poco.

En algún momento dijiste “Este gobierno nos odia” en relación al gobierno de Macri. ¿Cómo ves la gestión actual?

En primer lugar, con alivio, porque la gestión anterior fue aplastante. Un tsunami de brutos, rapaces, ineptos y malignos, la clase de gente que patea al que está en el suelo. Fernández es todo lo contrario, no hay ninguna duda de eso. Es inteligente, inspira confianza y es mesurado, aunque a mí me gusta más lo que dice cuando se enoja. Ahora tenemos una oportunidad, antes no teníamos ninguna.

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