“Sincronizamos nuestras menstruaciones”

Un grupo de escritores argentinos lanzó Paco Ediciones, una derivación en formato libro de la revista digital Paco, cuyos títulos sorprenden por la originalidad temática y el amor por la escritura de sus autores, entre otros aciertos. Juan Terranova cuenta cómo se articuló el proyecto.

Por Nancy Giampaolo.

Surgió como una revista digital que se destaca por lo caprichoso de sus contenidos (en el buen sentido) y hoy se consolida como un proyecto editorial único en su tipo: “Paco es como una banda de trash-metal. La revista es el lugar donde queda el registro de nuestras zapadas. Ahora, Ediciones Paco saca unos remixes donde se ve algo de todo eso un poco más prolijo, como si fueran longs plays solistas”, explica el escritor Juan Terranova, uno de sus fundadores, y se explaya: “Aparte de los editores de la revista, sumamos a Celia Dosio en la producción y Alejandro Levacov en el diseño de tapa que son imprescindibles para darle forma al proyecto. Como la revista, Ediciones Paco es un proyecto colectivo de gente que se conecta mucho entre sí y que disfruta de hacer cosas juntos. El chiste que decimos siempre es que sincronizamos nuestras menstruaciones a la hora de escribir, de pensar problemas, temas y soluciones”.

En su recorrido como editorial, Paco ediciones ya lanzó “La felicidad según Coca Cola”, de Diego Vecino, que articula la historia de diversos procesos del marketing y los grandes movimientos del capital, “El sexo no es bueno” de Nicolás Mavrakis, una suerte de manual de lectura de libros en torno a los debates actuales con mayor relevancia social, “Los motivos sensibles” de Tomás Richards, con una serie de ensayos de espíritu narrativo sobre cómo el mundo avanza sin una idea precisa de Dios, “El crítico como personaje” del propio Terranova, sobre la relación de la crítica con el Logos. “Todos hablamos sobre tecnología y política, todos teorizamos la lengua común del siglo XXI,
todos detallamos los triunfos y las miserias de la Razón con mayúsculas, y sus diferentes fluctuaciones contemporáneas- define taxativamente Terranova y adelanta la salida de “Krmpotic”, un libro de Carlos Mackevicius que enhebra violencia y militancia con historia reciente, y, más adelante, una biografía intervenida de Stalin de Sebastián Robles, un Diario de México de Gogui Marzioni y un anecdotario empresarial de Javier Alcácer.

Fragmento de “El crítico como personaje”

En la década del 80, se contaba este chiste en el ámbito de las revistas especializadas. “¿Qué es lo primero que le dice un crítico de rock a una chica cuando la conoce? Soy crítico de rock.” La ocurrencia llegó hasta nuestros días porque el rock y la crítica de rock siguen vigentes. De hecho, la gran épica de la segunda mitad del siglo XX tiene, a menudo, música radial, de FM. Incluso en muchos momentos esa música es el rock, que también, aparte, deja entrever matices de tragedia. En la anécdota que cito, el crítico aparecería como el que lleva la conversación. Está en un bar, conoce a una chica y necesita decirle lo que es, porque lo que es no resulta evidente. Su identidad debe ser presentada. Esto es un poco patético, porque no se está entregando al arte como el guitar hero o como el cantante que pone su voz, o el baterista que pone el ritmo. El crítico también es héroe, tiene voz y ritmo, pero para poder ocupar su lugar debe enunciarlo: yo soy crítico. Esas solas palabras lo posicionan, lo autorizan. “¿Quién es usted, qué hizo para juzgar mi trabajo?” Yo soy crítico. Es casi un mantra. Luego, debe venir su obra crítica que se construirá de la misma manera que se construye cualquier otra obra. Jimmy Hendrix no se presentaba como héroe de la guitarra. Más bien al contrario, agarraba la guitarra y tocaba hasta prenderla fuego. A diferencia del rocker, el crítico se autoriza en esa enunciación primaria de confesarse, con pudor o arrogancia. En un punto, funciona como el peronismo. Para ser peronista lo único que hay que hacer es presentarse como peronista. Luego vendrá todo lo demás. Los errores, los aciertos, la elegancia, la crueldad, el ridículo. Pero el crítico se presenta, y en esa presentación sella su pacto con el destino de un accionar, que luego, llegado el momento, también será juzgado.