Soledad Barruti: “las personas comen lo que pueden y, la mayoría de las veces, cosas que no son comida”

En entrevista con Mogambo, la periodista y escritora Soledad Barruti habló sobre el problema de la alimentación en Argentina y algunos de los factores que determinan nuestra forma de consumir, habitar y vivir en un contexto cada vez más hostil, pero en el que aparecen propuestas y proyectos que apuntan a una forma de vida sustentable.

Por Romina Rocha.

Para entrar un poco en tema, y a propósito de tus libros “Malcomidos” y “Malaleche”, en los que desarrollás la problemática de la alimentación en profundidad, ¿por dónde debería empezar a pensar quien no tenga aún dimensión del problema que implica el mal comer en nuestro país?

El problema alimentario en nuestro país tiene que ver con varios factores. En primer lugar, el de la “cultura alimentaria” que se impone en occidente hoy y que ha reemplazado los alimentos por “cosas comestibles”, haciendo que pensemos que en el supermercado podemos conseguir comida y nos alimentemos con eso. En segundo lugar, el de la avanzada del agronegocio, que hizo que la producción de alimentos reales se volviera algo cada vez más tóxico, periférico al negocio de vender commodities y producido de una manera absolutamente reñida con cualquier evento alimentario. Y, por último, y de la mano de todo esto, tiene que ver con una tiranía de precios cada vez más altos que hacen que comer se haya vuelto un lujo para la mayoría de las personas. Entonces, entre la falta de información, el asedio publicitario, la falta de políticas públicas y el aumento de precios, las personas comen lo que pueden y, la mayoría de las veces, cosas que no son comida.

¿Cómo ves la situación desde que empezaste a trabajar en el tema hasta hoy? ¿Mejor, igual, peor? ¿Y la comprensión sobre su importancia?

El tema cada vez peor, porque esto es un negocio que avanza en crecimiento exponencial hacia zonas en las que nunca estuvo antes: con la deforestación, los incendios, con nuevos eventos transgénicos, con nuevos venenos, con precios cada vez más altos, con las mismas empresas, pero volviéndose cada vez más tóxicas y todo junto sigue profundizando este sistema… Lo que sí veo es que hay un montón de proyectos que tienden a ofrecer otras alternativas, a ofrecer producciones directas del productor con agroecología y un montón de pueblos y municipios que se quieren volcar hacia la agroecología. O sea, todo eso existe, lo que pasa es que existe en un contexto cada vez más agresivo y violento concrentrado en el agronegocio, que es lo único que tiene realmente apoyo Estatal, político y que atiende a las dinámicas hacia las que gira el mundo hoy.

Hace poco, en colaboración con otros profesionales abocados a la tarea de conocer el esquema alimenticio desde distintos puntos de vista, lanzaron un libro titulado “10 mitos y verdades de las megafactorías de cerdos”, de distribución pública y gratuita. Contanos, desde tu aporte, qué implicará la instalación de esas estructuras en nuestro territorio.

La producción de las granjas porcinas para China implica una avanzada nueva hacia el mismo esquema del agronegocio del que estábamos hablando, en un contexto de pandemia en el que China está externalizando sus producciones porque se quiere sacar de encima los problemas que genera la cría intensiva de animales en su país, que son problemas que van a aparecer magnificados en el nuestro. Y eso porque ya está en peligro de tenerlos, debido a que ya tenemos granjas porcinas y ya tenemos producciones intensivas de otros animales y esto sería como azuzar más un fuego que tendríamos que estar apagando. Y los problemas que pueden devenir de eso son múltiples: desde la contaminación de los lugares, la inhabitabilidad de ciertos espacios, la avanzada aún mayor de la frontera agrícola, hasta el escenario de crueldad con animales que también devienen en una crueldad para con las personas y con trabajadores y con las personas que viven vidas tranquilas en muchos lugares de nuestro país y en donde se confunden esas formas de vida diversas que habría que alimentar con políticas públicas de instalación en los pueblos. Y se confunde eso con pobreza, entonces se buscan “desarrollismo y productividad” en lugares donde realmente nadie está queriendo eso y que, cuando aparece, es siempre para peor. El libro recorre muchos puntos sociales, ambientales, políticos, médicos, y en todos lo que se evidencia es que es una desgracia.

¿Hay alternativas a ese esquema de producción de carne porcina?

Alternativa a ese esquema de producción es no producir animales como si fueran cosas. El planeta, el sistema actual y el cambio climático nos llevaron a una situación en la que hay que replantear muy seriamente el consumo de carne en el mundo. Hay que tender a una alimentación basada en plantas en la medida en que tengamos esta civilización y esta forma de vida. Es antiético pensar en seguir comiendo y produciendo animales de esta manera, porque no hay forma de producir la cantidad que demandan los McDonalds o las potencias que van siendo cada vez más carnistas, que no sean estas granjas industriales o sistemas que también se ofrecen como la gran panacea y al final no lo son tanto. Así que yo creo que hay que pensar en una agricultura que esté orientada a una alimentación posible, sana, justa y democrática. No es la producción concentrada en la producción animal la que logra eso, para nada.

¿Cuáles considerás que son los ejes sobres los que nos tenemos que apoyar para poder concebir una nueva y mejor forma de alimentarnos, en el contexto local y mundial en el que estamos inmersos?

La salida posible es la agroecología, que es una plataforma que involucra a la biología como centro, en lugar de la química; que involucra los saberes de los pueblos para trabajar y producir en sus territorios; que involucra la diversidad alimentaria y la cultura alimentaria como guía y luego ahí salen un montón de múltiples formas de labrar la tierra, de habitar los espacios, de generar otras formas de economía, de relación y de existencia. No es algo que piense o que opine, sino que es lo que está más volcado hacia la evidencia que existe; es muy difícil pensar de qué manera se va a salir a flote en un mundo tan roto, y hasta ahora los únicos sistemas que han logrado atender a la biodiversidad, no seguir provocando más daño y a la vez dar la mejor comida posible son éstos. Sería una forma grande de revertir la desocupación, esta tendencia de sobreurbanización que existe en todos lados y sobre todo en América Latina y más aún en países como Argentina, y de solucionar esta pobreza y esta falta de sentido en estas personas tan corridas a los márgenes urbanos donde no hay nada que ofrecer ni nada que hacer, porque ya está todo explotado. Así que es por ahí, agroecología, comida de verdad y una forma más sensible de acercarse a la vida en general.

Podés descargar el libro “10 mitos y verdades de las megafactorías de cerdos” en el siguiente enlace: https://drive.google.com/file/d/1VX-hjkTExu8U_EIEU3-WFHIVmjvFl1oG/view

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