Somos los Querandíes. 16 años de Cromañón

La noche del 30 de diciembre del 2004 irrumpe con furia contra un movimiento plebeyo, del subsuelo cultural del rock nacional. Un movimiento que fue parte de la resistencia a los años ‘90, “el argentinazo”, y que estaba dispuesto a volver a la idea de “tomar el cielo por asalto”. 

Por Adrián Berrozpe.

Más allá del intento de disciplinamiento a la juventud por parte de la derecha a través de “la industria musical”, aquella volvía a creer en la política y se metía de lleno incluso sin saberlo, porque aquellas canciones hablaban de algo más que sólo rock. Muchas de las cosas que coreaban esas pibas y pibes hoy son agenda de gobierno, como afirma el artista del conurbano, cantante de la banda Alma Ombú y sociólogo Augusto Campos: ”aunque no hubiera un programa político como lo puede haber en las estructuras clásicas, había reivindicaciones, como el Aborto Legal, la lucha contra la criminalización a la juventud o contra diferentes tipos de discriminación…”

Augusto nos ayuda a repensar los contextos previos y posteriores a Cromañón, a pensar en la construcción solidaria y colectiva que se venía gestando, con una clara expresión contracultural y política. “Para ver el potencial de esos rejuntes colectivos que armábamos quizás sea necesario correrse de las categorías de análisis más propias de la política tradicional. Había formas de armar solidaridades, maneras de desafiar a la autoridad y de tensar lo establecido que, a lo mejor, no cuadra en la idea clásica de militancia organizada, pero tenía la fuerza disruptiva de lo popular, de lo plebeyo”, comenta. También advierte que luego del acontecimiento, Cromañón se transformó en un dispositivo de disciplinamiento del cuerpo social joven: “se nos disciplinó desde la lógica del miedo, dando a entender todo el tiempo que los pibes y las pibas no nos podíamos cuidar solos, culpabilizándonos sin analizar las responsabilidades del Estado y la negligencia del mercado que solo veía una forma de hacer plata con nosotros”, y agrega que “como sostienen los pibes del Colectivo Juguetes Perdidos, de alguna forma nos dijeron ‘dame la fiesta que yo te la gestiono , que encima me da ganancia, y vos quédate como puedas administrando el dolor’”, en clara referencia a la actitud que toma el mercado y la industria, bancados por la grandes marcas.

Lejos de lo que se piensa mediáticamente, Augusto nos señala que el “rock barrial” o “Rock Under” era la posibilidad colectiva de encontrarte con otro que sienta y piense como vos, a quien le puedan pasar las mismas cosas, que tenga la misma necesidad de poder tensionar las realidades que se vivían. De que no sólo el público se sintiera atravesado por las canciones de las bandas, sino que las bandas fueran parte de esas realidades cotidianas que interpelaban a los pibes y pibas que los iban a ver, que hacían “la vaca” para las entradas o para la birra. “Te lo encontrabas al Korneta (cantante de Los Gardelitos) volanteando en la puerta o los pibes de Callejeros en un recital de La Renga, ahí lo que sucedía es que había un mismo transitar, un caminar el mismo territorio, y eso se refleja en las canciones. Entonces no había un artista intentando interpretar al público, sino conviviendo en la misma escena y expresándolo a nivel artístico, generando ese espacio de empatía tan potente y tan lindo”.

Por eso no es tonto pensar también que las estructuras clásicas políticas retomaran, después de Cromañón, la postura antidemocrática de “Orden y Progreso”, especialmente el PRO con la figura de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires, volviendo a perseguir y estigmatizar a la juventud bajo la premisa de que “la cultura del aguante” había copado todo, generando desorden y caos; que los jóvenes no tenían ni la posibilidad, ni el derecho de intervenir en el espacio público de manera política, de poder “poner el cuerpo” o expresar lo que pasaba en el barrio, de generar tensión sobre lo que ocurría. 

Y entonces tampoco sería tonto pensar que lo que coreamos los pibes y las pibas en esos recitales era y es en contraposición a los que significan personajes como Macri o Pergolini, ya que por lejos nos sentíamos reflejados en Teresa Rodriguez, El Pocho Lepratti o en Darío y Maxi.

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