29/09/2019 19 min to read

“Soy maestra porque pienso que las cosas van a mejorar”

Category : Entrevista, música, nacional

Luego de su gira por Japón y a días de un nuevo show en Buenos Aires, Flor Ruíz nos abrió las puertas de su casa y de su alma para llevarnos de paseo por su musical y transparente humanidad.

Por Romina Rocha.

Fotos Martín Tricárico.

Son tiempos complejos, con muchos cambios sucediendo en simultáneo… ¿cómo te sentís en esta etapa?

Creo que hay cambios que están buenos y son necesarios, pero otros que no. Por ejemplo lo que pasa acá en la Ciudad con los negocios inmobiliarios no está bueno… Nosotros vivimos 7 años en Caballito antes de venir para acá (Boedo) y pasamos de tener vista a pulmones de manzana, patios y parques a quedarnos casi sin luz del sol por las torres que pusieron en su lugar. Y con eso problemas de energía, desmejoramiento de los servicios… Entonces ahora que reglamentaron la edificación acá en Boedo temo que pueda pasar lo mismo, que nos quedemos sin esa identidad del barrio… A mí me pasa que soy muy apegada, de tener mucho arraigo con mi entorno, entonces no me gustaría que eso suceda.

Y vos que viajás mucho afuera y te vinculás con culturas tan distintas a la nuestra, ¿cómo manejás eso del apego y la distancia?

Bueno, en Japón estoy muy apegada también, creo que tiene mucho que ver con la búsqueda de los orígenes, de quiénes somos. Yo no puedo separar la parte sentimental de la música; algunas personas son más pragmáticas y van donde les pagan o van abriendo mercados, a mí me encantaría ser así pero todavía no lo conseguí. Y en Japón tengo principalmente un proyecto musical muy sólido, de muchos años, con un grupo que me ayuda a sacarme las ganas de tocar en banda que acá en Argentina se me hace más difícil.

Entonces podemos decir que tenés una parte de tu familia allá

Te juro que sí, es increíble, pero además la tecnología genera cosas increíbles. Mi hijo tiene mucha relación con amigas que no ve nunca, por ejemplo. Porque antes viajaba conmigo y después creció y ya no, pero le quedaron los vínculos.

Claro, ahora le cambiaron los tiempos…

Y sí, la gira es bastante intensa… Ahora estuve 35 días allá y sólo tuve un día libre. Eso para un chico es mucho porque todos los días hay que viajar, tomar algún transporte… Pero para mí es todo un tema porque ahí hay amigas mías y entonces me cuesta llegar, me cuesta irme, me cuesta salir de acá, ¿viste? Es todo una historia terrible.

Lo vivís intensamente…

Sí, lo vivo terrible. Pero estoy muy contenta por lo que pude construir ahí, está sostenido por el proyecto musical que es grande e importante. Grande porque es lo que me convoca, si no fuera para ir a tocar no sé si iría todos los años, ni siquiera si tuviese el dinero, porque creo que tener la excusa de los shows y la gente que te está esperando arma todo lo demás.

¿Y por qué creés que acá no podés encarar una banda?

No, acá yo tengo un proyecto increíble que está sacado de los sueños , que es tocar con el Mono, con quien hace ya 9 años que estamos tocando, y mi vida cotidiana me dice que con eso está bien, que es hasta ahí. Porque nosotros tenemos una manera muy particular de hacer y es que nunca ensayamos juntos, entonces hay mucho trabajo íntimo por hacer, para ver hacia dónde vamos a llevar la música. Cada concierto es distinto y vemos cómo estamos de sólidos para dejar entrar al otro. Ahora el 3 de octubre tenemos un show donde está invitado Claudio Cardone, que es otro tecladista y músico alucinante. Entonces en la medida en que entre nosotros esté muy aceitada la intuición, se puede sumar cualquier cosa. Por eso es que hay mucho laburo sola. Y después está toda la vida de docente, de ama de casa, de mamá, y son cosas que quiero hacer bien. No quiero dar una clase sin haberla preparado más allá de los años que tengo de hacerlo. Y como mamá mi hijo tiene 7 años y quiero estar para él.

A medida que crecen cambian las demandas y hay que estar atentos para verlas…

Sí, hace poco me pasó que después de un show en Tokio así, grande, lo llamé y le quise mostrar dónde estaba porque era un lugar muy lindo, quería que viera la lluvia. Pero para él todo eso es muy normal y me dijo “mami, estoy leyendo; quédate ahí y mírame leer”. Entonces me subí al auto y fuimos todo el viaje en silencio, no nos decíamos nada pero estábamos el uno con el otro, acompañándonos. Porque es eso, estar disponible sobre todo emocionalmente. Porque creo que todo depende de tus deseos y para mí construir la familia es una prioridad.

Se mezclan muchas cosas cuando se elige dedicar la vida a lo que a uno le gusta, ¿qué te impulsa a canalizar por la música?

Y, es más bien una necesidad. Hay una motivación que para cada uno será distinta, yo necesito componer. Un día tiene sentido si pude hacer algo, inventar algo, siempre ubicándome en el contexto en el que vivo. Por eso es que no pretendo que sea como cuando era estudiante, que tenía días en los que podía estudiar 8hs seguidas. Yo no lo puedo hacer más. Y no lo sufro, cuando fui mamá el Mono me habló un montón de cómo administramos mejor el tiempo y concentrar. Por eso mismo es que vas priorizando. Y ahí hay una cosa más del tema de la banda que me preguntabas antes y tiene que ver con la cosa social que pasa adentro, porque todo el mundo está a full.

Claro y tu tiempo tenés que estar negociándolo con el tiempo de los demás…

Podría negociar con el tiempo de los demás pero me parece que hay algo con la entrega y yo soy más bien antigua… no termino de entender por qué no hay disponibilidad del otro para comunicarse, para charlar. Para el “bueno, ¿qué te pasó?”…

Y vos sentís que eso anula una dimensión humana…

Creo que sí, que muchas veces los proyectos quedan a medias tintas por eso, porque no hay entrega. Y vos me podrás decir que con el Mono nosotros nunca ensayamos y no, sólo nos juntamos a grabar discos sin ensayar. Pero esto que hacemos nos convoca tanto que el trabajo es íntimo, de estar callados buscando, pensando, estudiando también.

No se da muy frecuentemente que varias voluntades se unan por mucho tiempo, suele pasar que se disuelvan en el camino. Pero además ahora nos toca atravesar una coyuntura que hace todo mucho más complicado aún. ¿A vos cómo te pega este contexto? ¿A qué te convoca?

Creo que cuando estás tan metida en tu propia cosa que puede llamarse, no sé, tu barrio, tu cuadra, tu país, no te das cuenta que es una época difícil mundialmente. Y no es “mal de muchos, consuelo de tontos”, pienso que está complicado en todos lados. A mí me duele lo que pasa acá, me duele mucho y en todo sentido: tantos chicos con hambre, tanta gente sin trabajo… todo es como uff… duro. Y quizás mi música no está asociada tanto a lo social, pero está muy perfumada de eso.

Te atraviesa, por más que no lo hagas manifiesto

Sí, a mí nunca me salió hacer canciones de amor, eso que hacen muchos de cantarle al novio, a la novia… Siempre estuve más pensando en esas cosas, quizás cuando escuchás un disco ni te das cuenta pero está ahí. Porque soy un poco eso, fui muchos años docente, trabajé mucho desde chica en zonas muy, muy desfavorables, aprendí a mirar el mundo gracias a esos chicos y a esas chicas que ya de pibes laburaban en la verdulería, el otro hacía changas o era botellero… y ahí empezás a involucrarte con las cosas, ¿no? En mi caso es imposible no estar atenta a todo eso.

No te podés abstraer de lo que pasa ahí

No, no puedo. Me encantaría, pero no me sale.

Y como mujer en el mundo de la música y la cultura, ¿qué es lo que ves desde adentro?

Veo un momento interesante de ebullición que lamentablemente se lleva puestas muchas situaciones que no lo merecen, porque creo que nos olvidamos que siempre que se expone a alguien esa persona tiene un círculo, un entorno. Son cosas que no quiero dejar de lado. Por otra parte, situaciones de machismo he vivido siempre, creo que a veces tenés más herramientas para sortearlas y a veces tenés menos. Me tocó la suerte de haber podido estudiar, lo que me fue entrenando mucho en varios sentidos porque se transita entre maldades a veces. Entonces podés aprender algunos códigos para no entrar en juegos de poder o de valorarte según lo que el otro te diga. Muchas veces me pasó de tener choques en temas técnicos en los que no me daban importancia cuando ofrecía soluciones porque ahí la cosa es muy de “esto se hace así”. Pero no me pasó con músicos, a la hora de hacer la música la verdad que no. Porque siempre fui muy consciente de lo que hago y cuando tenés un sello tan personal entran a jugar otras cosas. Porque si yo hiciera un género determinado vendrían a decirme que en ese género las cosas se hacen de tal manera. Pero no es mi caso.

Tu estilo en ese sentido no es muy permeable a opiniones

A mí me parece que es así, y eso me permite manejarme con otros códigos. Después de que fui mamá hubo otras cuestiones, porque los tiempos son otros y a veces hay hombres que no lo entienden. Entonces te dicen que vayas a un horario y no cumplen y yo tuve que dejar un escándalo en mi casa… eso creo que es parte de un egoísmo, pero son situaciones particulares. Sí creo que es momento de que haya un cambio colectivo no sólo entre los que hacemos la música sino que el público también se interese más por las producciones de mujeres, a ver qué están diciendo. Porque nuestra mirada nunca va a ser la misma que la de un pibe. Entonces ahí pienso que hay que hacer un trabajo que parte de una, claro. Porque si vos misma no escuchás música de mujeres es medio difícil que escuchen lo que vos hacés. Así es con todo. Porque si creés que sos la única en el mundo que puede hacer música, ahí estás errada. Y siento que pasa un poco eso, sin embargo hay un reclamo de músicas mujeres que no sé… yo desde que nací que escucho músicas mujeres.

Sí, siempre estuvieron, no son un emergente de este tiempo

Y hay músicas que son inmensas… podría nombrar mil, pero Mariana Ingold de Uruguay es una maestra total. Liliana Vitale, qué sé yo… Y ni hablar de las rockeras: Celeste Carballo tiene unos discos tremendos, Fabi Cantilo también tiene unos increíbles… a mí me encantan, forman parte de mi ADN. NI que decirte María Gabriela, que para mí es una estrella, un faro iluminando todo. Las Viudas completas, Mavi que siempre siguió. Incluso las intérpretes. Teresa Parodi tiene unos discos y unas canciones… que las tenemos cargadas, las llevamos adentro. Y ahí la cuestión del género sí que me parece que no va. Yo hago la música, si puedo invitar a gente de todos los géneros los voy a invitar, me interesa la mirada y el aporte de cualquiera, entonces puedo escuchar cualquier cosa. No siento que necesito modelos iguales a lo que yo quiero.

No necesitás encasillarte…

Tuve la suerte de estudiar y trabajé siempre. También fui siempre independiente, nunca tuve ataduras de mandatos ni nada de eso. Siempre fui una rebelde y me la banqué en todo sentido. Pero eso tiene que ver con tu fortaleza interior, que no todas tenemos. Y ahí ya no se puede juzgar.

Claro, por eso vos tenés esa mirada contemplativa, porque sabés que tu situación es esta y que podés vivir de la música y con tu familia y tus cosas pero no es algo que todos puedan alcanzar…

Sí, pero yo también tengo muchos dolores y una historia que no fue fácil, pero seguí. Por eso digo que tuve la suerte de la riqueza musical, la música me ayudó a ordenarme. Fui a estudiar y el conservatorio es un lugar re cuadrado que te ayuda mucho a no correrte del camino. Yo me recibí y después me dediqué a hacer discos. Y aunque ya había hecho algunos antes, tenía la necesidad de trabajar y eso no me daba tanto margen. Para graficarlo, me compré la guitarra recién cuando me recibí… Y eso no pasaba, los otros ya tenían sus guitarras mientras estudiaban, yo no. Tampoco las cosas básicas… y sin embargo eso nunca me generó a mí un “yo no puedo” o “porque vengo de este origen ya estoy condenada”, nunca me vi en un lugar de víctima. Pero creo que fue gracias a la música que me plantó, pero también confié en que tenía algo para aportar. Siempre lo pensé desde el rock porque me siento rockera, pero a veces soy más o soy menos porque voy cambiando el espejo. Pero hay una necesidad de hacer, está lo genuino y no entrar en ninguna que no sea lo tuyo de verdad.

Por eso es que todo tu material es composición…

Sí, hay un pibe que me gasta y me dice que soy “la que nunca cantó un tema que no es suyo”. Y la verdad que no, yo qué sé, no me sale. No soy tan pragmática porque a veces te pueden decir que si tocás tal tema entonces va a funcionar pero no es algo que yo pueda hacer. Porque también hay una coherencia con mis alumnos y alumnas, además de mi familia y yo misma, que quiero mantener. Quiero estar tranquila conmigo.

¿Y cómo funciona esa coherencia en tu vida familiar?

Son varias cosas, pero principalmente estimulo a mi hijo Julián para que sepa que sigo siendo una mujer, además de ser su mamá. Me planto y le digo “me voy a Japón” y que siga con la suya. Siempre estoy con él, entonces el mensaje es “cuídate, cuidá al otro”, quiero que viva con naturalidad que el deseo de una mujer se lleve a cabo y que no sea una excusa que al tener un hijo yo deje de lado mis cosas. Y no es que no queramos los dos quedarnos y estar juntos, porque es muy duro estar lejos, pero hay que salir a enfrentar esas batallas que pienso que mueven un poco el avispero. Creo más en esas cosas, en la micro, la de cada día cuidarnos y darnos una mano entre todos, en todos los ámbitos.

Claro, en la cotidianeidad

Sí, ahí. En la de todos los días estar atento al otro. Creo que pasa más por ahí el cambio de verdad.

¿Y qué pensás de la Ley de Cupo?

Creo profundamente en eso, soy fiel testigo de que ahora que vengo de tocar todos los días, toco mejor. Y fui optimizando herramientas y afinando todo. Pero eso me pasó en Japón, acá lo vivo como un hecho inédito el hacer un show. Quiero pensar en un país interesado en la cultura, en las expresiones… pero lamentablemente estamos pidiendo la emergencia alimentaria, no tratando de escuchar música. Porque se mezcla todo y no debiera estar todo tan conectado…

No debiéramos estar resignando unos derechos para que tengan lugar otros…

Exactamente, y también tiene que ver con nuestra idiosincrasia. Vas a una villa y está todo a oscuras, es gris. Vas a otro lado y hay flores, colores… Y todos sabemos que a veces asociamos la felicidad con cuestiones económicas cuando no es así. Nos ayuda, obviamente, pero el vacío existencial es mucho más grande que todo. Y ahí es donde el que sea todo tan lineal lo hace injusto muchas veces. “Que toque el que se gana su espacio”, y… más o menos, porque ¿cómo te lo ganás? ¿Cómo te conoce la gente?

Y en ese sentido, ¿cómo creés que funciona la ley para mejorar la situación?

Y, por ahora no sé bien cómo es, pero tengo el beneficio de la duda. Y entonces elijo creer. Porque me pasó con la política que de repente empecé a escuchar mujeres hablando y me dieron ganas de atender lo que estaban diciendo. Sin embargo a mí la parte de ir a tocar a festivales no me interesa, yo no quiero que me pongan en una lista entre muchos otros sólo porque soy mujer, quiero que me escuchen por mí y que haya un respeto. Pero también tengo alumnas y quiero que puedan tocar y que la gente las escuche. Quiero naturalizarlo, pero todo depende de que el público vaya. Y después se elige qué gusta y qué no. A mí hay mujeres que no me representan para nada, ni siquiera por el hecho de ser mujeres. Pero yo no soy una persona cualquiera porque estoy ahí, empujando el carro. Y entiendo los argumentos de todos lados, pero yo estoy a favor. Quiero que haya más presencia femenina y que podamos derribar algunos mitos sobre cuán bien o cuán mal suena algo.

Y de cara al futuro, ¿qué tenés proyectado?

“Rumiante” ya tiene un año y ya estoy trabajando en algo que no termino todavía de definir bien porque el primer disco que hice lo grabé en el ’99 pero salió en el 2000 así que estoy en eso, con la idea de los 20 años. No es que me mueva la fecha pero es un logro haberme sostenido todo este tiempo haciendo discos. Porque en el conservatorio siempre dije que quería hacer canciones y me discriminaron mucho por eso, porque es como un género menor la canción. Porque todos querían componer, pero yo quería hacer canciones. Me vino súper el aprendizaje, porque me dio herramientas técnicas irremplazables. También quiero ver si sale otra invitación a Japón porque ya no me voy a ver qué onda, ya no me da para eso. Y después seguir haciendo la música y buscando sonrisas, intentando tener una vida luminosa. Creo que todo tiene mucho que ver con tu alma, con tu modo de ser. No trabajo tanto para hoy, sino más bien pensando como en una película. En el verano me quiero poner a escuchar todos mis discos, a ver si los puedo subir a Spotify. En general están editados afuera y tuvieron su eco, pero es eso, seguir haciendo, inventando cosas. En cada disco trabajo aspectos distintos, con “Rumiante” lo hice con las letras, en otro laburo el sonido… siempre me gusta tener un ordenador. Y no hago los discos para ponerlos y que pasen de largo, busco un oyente que esté bien interesado en los detalles, que atienda a lo que hice ahí. Y también entra en eso el ir corriéndome de mis propios obstáculos, de ideas que tenía de las cosas y que hoy puedo ver de otra manera. Madurar, como pasar de pensar que tener un perro es todo un problema y que no voy a poder con todo y después ver que en realidad le hace bien a la familia, que es una compañía y que sí puedo con todo… Creo que en la medida que podamos cuidar nuestra alma y nuestra mente podemos también cuidar a los otros.

Y de los shows, de tocar en vivo, ¿qué te llevás?

Mirá, ahora en Japón toqué en una especie de hospital donde todos estaban en sillas de ruedas… y miré a una chica que no se podía mover para nada y vi que se le caía una lágrima… Y entonces la miré y me le puse a cantar a ella, nunca hago esas cosas, pero me salió así… Y después en el camarín me puse a agradecerle a Dios por eso, por estar ahí, en ese lugar, en una montaña, con esa gente y esa energía… Yo sé que algo ahí se movió por la música, toda esa riqueza y ese combustible viene conmigo. Porque mientras más tenés, más podés ofrecer. Son gestos del Universo y soy una agradecida por eso. También me pasó de estar allá y que se me acerque un ex combatiente en Hiroshima de casi 100 años con mis discos viejos en la mano a saludarme… Y a mí se me caían las lágrimas. Porque a veces se valoran los números, entre likes o teatros llenos, que para mí son más bien circunstancias. Lo que yo pienso es en qué me traigo de cada lugar, que a veces son cosas pero en verdad lo que más valoro es eso, lo que pasa mientras tanto.

Estás atenta a la humanidad…

Pienso que la mayoría de la gente en el mundo es buena gente. Pasa que lamentablemente dejamos pasar a los que son oscuros, pero creo que nos equivocamos en eso. Yo estoy mirando, a ver cómo se resuelven las cosas. Y mientras tanto estoy firme con mis amigas, no permito que se corran porque hay prioridades y para mí la familia está primero. Pero si tuviera que decir algo soy una esperanzada, siempre. Y por eso soy maestra, porque confío en que las cosas van a mejorar. Creo que vamos a superar esta época macrista, porque fue lo peor que nos pasó, pero sin querer todos pusimos nuestro granito de arena para llegar a eso. Así que ojalá que no tengamos que volver a pasar por estas penurias y que cada día vayamos a mejor.

Sos una chica con fe.

Sí, una chica con fe y con perro (risas).

Flor Ruiz se presenta en trío con Claudio Cardone y Mono Fontana este jueves 3 de octubre a las 21hs en la Fundación Mercedes Sosa. Humberto Primo 378, San Telmo. CABA.