“Tengo casi 60 años y sigo siendo antifacho, anticlerical y antiizquierda”

Ajeno al autobombo en todas sus formas, Diego Capusotto no es muy amigo de las entrevistas, por lo que la extensa conversación que mantuvo con Mogambo es una rareza digna de varias lecturas. El teatro, la televisión, la política, la fe, la familia y los amigos son algunas de las cuestiones que abordó con su estilo agridulce y frontal.

Por Nancy Giampaolo y Romina Rocha
Fotos: Martín Tricárico

¿Qué pensás de vos mismo cuando te ves trabajando?

Que hice lo correcto porque era lo que tenía ganas de hacer. En términos públicos, he transitado por cosas en televisión que no me han gustado como espectador, aunque cuando intervine la pasé bien. Hubo un programa en el que laburé que era una porquería, pero puesto a optar entre estar en una oficina o estar haciendo ese programa, reafirmé la elección de la segunda alternativa.

En relación a lo anterior y pensando en función del público, ¿Te interesa construir sentido a partir de lo que le pasa al público?

No, sería un error porque lo que dice el público es tan variado… Cuando uno empieza por convicción -y en el caso de Peter Capusotto y sus videos por un deseo compartido con Pedro (Saborido)- menos que menos. Finalmente va a pasar lo que siempre pasa: aparecen los que tienen una empatía con eso que ven o los que dicen que sos un pelotudo. Y a otros directamente no les importa nada de lo que hacés. Eso finalmente va a pasar. El público es una proyección. No está asegurado ni presente nunca. En el proceso, que no es cuando el programa sale sino cómo hace el programa para salir, en ese trabajo previo, el público no está mi debe estar nunca presente. Primero vemos de qué nos reímos nosotros, que es fundamental porque finalmente somos los que lo hacemos, y después se verá.

Se habla permanentemente de un cambio cultural a partir del feminismo, ¿vos sentís que hay algún personaje de los que hiciste que ya no podrías hacer ahora debido a ese cambio?

No sé, porque nosotros hemos hecho personajes como Misógino Renni, ponele y cosas así, pero que tienen que ver con una mirada masculina sobre lo masculino también, que a nosotros nos lo creen porque tenemos una forma de relato y una narrativa en donde se sabe a qué estamos apuntando. Es obvia la diferencia con ese humor donde se colocaba a la mina como objeto de deseo y la mina estaba en ese rol y lo soportaba sin ningún inconveniente. En Rompeportones hay un sketch en el que Emilio Disi tiene a una mina que le limpia la casa que es una yegua total mientras que su mujer es como una imbécil. Hay un chiste en el que el tipo le regala una goma a la mujer que le dice ‘¿Qué me estás regalando?’, ‘Una goma’, ‘¿Por qué?’, ‘Borrate’… y todos están a merced de esa especie de “muchacho piola” que es Emilio Disi. Ese es un tipo de humor que nunca hicimos y que nosotros, ya en la época de Chachachá, odiábamos. Hemos hecho chistes obvios, como la Heladería Los Pelados, porque hemos sido criados con ese humor más de bar, que siempre es un humor de cuatro o cinco muchachones que no se juntan con las chicas, pero también nos vimos influenciados por los Monthy Phyton, sobre todo en esa cosa de poner en escena algo absurdo de la vida cotidiana en donde están involucrados tanto hombres como mujeres y en donde todo es como fantasmal, si se quiere. Pero esa situación del tipo que tiene a la mucama que es una yegua y se la va a terminar garchando y la mujer es una bruja, es un tipo de idea que ya nosotros descartamos siempre, no por pensar en términos de “perspectiva de género”, sino porque nos parecía una gilada. De todo lo que nosotros hacíamos hay cosas que hoy no haríamos porque, a lo mejor, determinado personaje ha perdido potencia o porque no nos gustaría retomarlo, qué sé yo, pero no por el cambio cultural. Hay cosas que tal vez perdieron eficacia con el tiempo, en Chachachá por ejemplo hacíamos los Cubrepiletas que de alguna manera eran referenciales a Los Campanelli, a cosas que veíamos nosotros cuando éramos chicos…

Nuestro lema en Mogambo, como sabés, es “No tenemos Netflix”. ¿Vos qué onda? ¿Te engachaste con alguna serie?

No, porque estuve ocupado mirando cosas de Balá (Risas). Vos ves algunas cosas de Balá y pensás que el personaje es un extraterrestre que cayó en un bar y es como un loco, podría ser un muchacho que sale del Borda y te viene a contar que ayer estuvo con dos extraterrestres más, te lo cuenta de forma graciosa y te morís de la risa y no deja de ser un tipo que sale del psiquiátrico. Cuando yo veo al Balá de los años ’50, además de que me divierto mucho, digo que el absurdo no lo inventamos nosotros, pero de alguna manera colocamos en nuestra época algo que habíamos visto 10 o 15 años antes. Sobre la moda de las series con Pedro en algún momento tiramos la idea de hacer un personaje que empieza a inventar series para llamar la atención en reuniones y asados y dice cosas tipo: “¿Ustedes vieron la serie ‘Fandomem Blonquin’? Es un tipo que se coge a toda la familia y después se coge al gato y le corta el cuello. Es del mismo director de ‘Drawn Blood Fourer’ que es un espía de la KGV, sí con v corta” Y le responden “¡Nooo! ¡Buenísimo!” Y anotan el nombre todos, y el tipo sigue: “Y otra re grosa es ‘Fom Blend Broker’ que el tipo se lo come al gato y le corta la cabeza, es increíble”. Y los presentes asienten, aunque todo es cada vez más inverosímil, pero todos terminan comprando lo que dice este tipo porque es una serie y hay que estar atento a eso.

Con Tadeys, la adaptación de la obra de Osvaldo Lamborghini que protagonizaste en el Cervantes y que vas a hacer también el año que viene, te vimos en un personaje al que no estamos acostumbrados ¿Cómo fue esa experiencia?

Es una obra que a mí me permite actuar, digamos, otro modelo de actuación, aunque no es tan diferente a lo que venía haciendo en televisión en el sentido de que también la obra tiene un lenguaje como de farsesca. Hay algo del cuerpo desmedido también, que es algo que habitualmente hago. Mi personaje es el que lleva a cabo este proyecto de “dulcificar las costumbres de los adolescentes violentos y convertirlos en damas de compañía”, un personaje en el que yo también tengo relación con la mirada del público que viene a ver o que me conoce de otro lugar y se encuentra en el principio de la obra con algo que le resulta conocido en mí y después se empieza a convertir en otra cosa. A lo mejor el cambio en la mirada del espectador es ese. Yo no es que necesitaba imperiosamente hacer teatro, más bien se dio: no estábamos haciendo el programa, me llama María Couseiro, que es una mina que yo admiro mucho como actriz que alguna vez me había llamado para un proyecto en el cual no pude participar y finalmente me convoca para una obra de Lamborghini a quien también admiro e inmediatamente digo que sí, pero no es que estaba enloquecido por hacer teatro.

Empezamos la charla halando del público y durante la charla nos interrumpieron varias veces para saludarte, tocarte, sacarte fotos…

Yo no soy de esta idea del actor o de la actriz que dice “el público te colocó en un lugar” y entonces le debés todo al público que te colocó en ese lugar y vos pensás ¿dónde te colocó? ¿Con quién te colocó? Lo que es interesante para mí es haber hecho un programa de televisión que llevó a que me salude desde el tipo más sofisticado hasta el policía o el tipo que te limpia el parabrisas y está dado vuelta y sabe quién sos, y no sé cómo ve tu programa ni dónde, pero te ve y te habla de los personajes. O está el que te dice “dame 10 pesos, la puta que te parió que yo veo tu programa” porque vos le habías dado sólo dos pesos o cinco.

¿Y qué espacio tiene tu familia en relación a tu profesión?

Es fundamental, los afectos son los que te permiten hacer todo, son un sustento de amor que es fundamental para vivir la vida. Para mí no están mis proyectos antes que la familia, uno siempre vuelve a ese lugar de contención y de intercambio, pero no de contención para uno en exclusiva, sino que es un ida y vuelta. Ayuda a manejar esa cosa del ego, muchas veces gente desconocida te dice cosas maravillosas que contrastan con lo que puede decirte tu familia o tus amigos y está muy bien.

A diferencia de buena parte de lo que conocemos como farándula, vos pasás tu tiempo con amigos de toda la vida, no sos de los “famosos que son amigos de famosos”…

Sí, no cambié de amigos, no veo por qué. Sí me sucede algo especial con la gente con la que laburo en un momento particular con la que se arman familias momentáneas, que pareciera que van a ser para toda la vida y no, pero hay algo ahí que te une que es interesante porque vas en una con todos y se forma algo que a mí siempre me gustó que es como la “banda”. Dura lo que dura el laburo en cuestión y me gusta que sea así.

¿Te acordás qué fue lo que te motivó a elegir esta profesión?

Miraba a mi viejo y sabía que no quería terminar haciendo lo mismo que él. Para mí, antes que estar encerrado en una oficina, era mejor hacer teatro, donde por lo menos me sentía más feliz. Pero no me imaginé que iba a pasar todo lo que pasó después.

Dios, la espiritualidad y la trascendencia: ¿Cómo te llevás con todo eso?

Ya no tengo la seguridad de ser ateo, hay algo de la idea de Dios que me cierra por un lado más infantil y por otro lado hay algo que no me cierra, así que estoy un poco “a la buena de Dios” (risas). Es una frase hermosa, ¿no?: “estamos a la buena de Dios”. Tengo algo con la iconografía cristiana, que me encanta, y que me rodea en mi casa y que disfruto viendo en pinturas, películas u otras expresiones artísticas. Pero entro en conflicto cuando, en la cruz, Jesús dice: “Padre, ¿por qué me has abandonado?” no puedo ver ahí más que un humano abandonado… no comprendo la idea “murió por nuestros pecados” no me cierra, aunque me esfuerce, escapa a mi compresión. Yo me crié con la idea del Dios rector y castigador, eso no podés soslayarlo y te marca y te pone en conflicto con la institución, con el clero y demás. Pero tampoco adhiero a cosas medio orientalistas, como la reencarnación, pienso que se termina la vida y se termina todo, y lo que quedó, quedó y si lo que quedó es bárbaro, mejor. Aunque también siento que te terminás de morir cuando el último que te conoció se murió. En definitiva, no me termina de cerrar la idea de ese dios tal cual me lo enseñaron, sino que lo entiendo desde otro lugar que no es el de la iglesia o la institución. Ya estoy cerca de los 60 y sigo siendo antifacho, anticlerical y anti izquierda. ¡Anti izquierda argentina! (risas).

¿Y cuando la escuchás a Evita? ¿Qué te pasa con los valores que se rescatan desde ahí?

Que no es casual que a Eva la tomen sectores de la iglesia que tienen más relación con los marginados que con la figura eclesiástica de la iglesia.

¿Y del Papa Francisco qué pensás?

Yo lo recontra banco al Papa. ¡Fue el primero que se opuso a Macri!. No vamos a pretender que un cura hable a favor del aborto, por supuesto. No tiene por qué. A mí, hoy, no se me ocurriría putear a Francisco porque, en términos de lo que es este folletín tercermundista argentino, fue el primero que se puso en contra de cosas que yo detesto también.