Un bombo que resuena en el Gaumont

Estrenado el Día de la Bandera, el documental “A una legua” de la directora Andrea Krujoski resulta en un rescate del instrumento combinando lo musical, lo visual y la tradición de comunicar generacionalmente las historias de los tiempos vividos. 

Por Martín Tricárico (texto y fotos)

El bombo legüero debe su nombre a su capacidad de ser escuchado, por su propagación sonora, a una legua de distancia. Tomando eso como eje, el documental de Andrea Krujoski arriesga su apuesta a modo dual: desde la propia vida y obra de Camilo Carabajal, tan artista como militante de este instrumento, del folclore y las músicas modernas híbridas que resultan de diversas combinaciones sonoras; y también desde lo científico e histórico: ¿sería posible diagramar el ADN de una música creada con este instrumento y conseguir estudiarlo a nivel molecular, en células?

Esos riesgos narrativos que toma constituyen su principal riqueza en tanto que escapa de los lugares comunes que suelen incluir los documentales cuando toman como objeto de estudio elementos pertenecientes a lo tradicional de nuestra cultura. A Una Legua entonces, a modo de fresco presenta una multitud de elementos que, al contrario de lo que se puede llegar a suponer, no pretenden desembocar en una conclusión unívoca, sino que se hacen fuertes en su propia dispersión: la historia familiar-artística de Camilo y un proyecto apenas naciente de construir bombos reciclados y ecológicos junto a su esposa licenciada en Gestión Ambiental Ingrid Shönenberg; la figura de Cuti Carabajal, el padre, gran influencia musical y personal para Camilo, así como su contacto con figuras ineludibles del bombo y del género folclórico en sí: Mataco Lemos, Egle Martin, Vitillo Ábalos.

El diálogo generacional entre lo tradicional e histórico con lo moderno y naciente se hace patente en el documental, sobre todo a partir de su banda sonora: las creaciones electroacústicas de Camilo que, casi demás está decirlo, tienen como protagonista al bombo legüero mezclado con sintetizadores, guitarras eléctricas y dando como resultado una suerte de folclore que nos lleva a un trance casi hipnótico cuando se entremezcla con las imágenes y su recorrido visual.

Se sobreentiende entonces que es a través de este instrumento, de Camilo y de la investigación científica del género musical que el documental interroga sin clausura sobre el futuro de esta música, su modernización y adaptación en las nuevas generaciones. La pregunta sigue abierta, y no es retórica.

Algunas palabras de su autora, minutos antes del estreno:

Todo surge por el proyecto ecológico de Camilo: la idea de reemplazar con elementos reciclables algo que se construye artesanalmente de otra manera hace muchos años es algo arriesgado y que tiene también en algún punto de ser afectado también por otras generaciones. En ese sentido después nos dimos cuenta que hay un diálogo generacional entre los más viejos y los más nuevos desde donde se toma, se aporta, se saca, se combina, se fusiona y eso me parece que es nuestro eje principal y además se rescata mucho de los músicos más añejos y más reconocidos de la Argentina.

A Una Legua se puede ver los días jueves de julio a las 19.20 en el Gaumont.

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