07/07/2020 2 min to read

Un pasado remoto y cercano

Category : arte, Entrevista, literatura, nacional

“Me acuerdo”, el nuevo libro de Martín Kohan que funciona como un documento de época.

Por Azul Giménez.

“…. No son exactamente recuerdos, ni siquiera recuerdos personales, sino más bien pequeños fragmentos de lo cotidiano”, dice Martín Kohan, autor de celebrados ensayos, cuentos y novelas como Ciencias morales (2007), Cuentas pendientes (2010), Bahía Blanca (2012) y Fuera de lugar (2016), entre otras, a propósito de “Me acuerdo”, su nuevo libro, editado por Godot. Como Georges Perec y Joe Brainard, el escritor y docente argentino consignó una serie de evocaciones en un libro que tiene la virtud de funcionar como el documento de un de un pasado reciente que, en muchos puntos, es increíblemente distinto del presente desde el cual lo leemos. 

“Para un baile de carnaval, me puse guantes de arquero y buzo de arquero y rodilleras de arquero. No obstante, por la calle, una chica me paró para preguntarme de qué me había disfrazado”, escribe Kohan destilando un humor para nada asertivo pero presente en casi todas las páginas, al tiempo que no elude cuestiones de notable profundidad como la identidad judía: “Antes de Argentina-Polonia, en el Mundial 78, mis hermanos y yo les preguntamos a la bobe y al zeide a favor de quién estaban. Entonces ellos nos dijeron que no querían para nada a Polonia, porque los polacos habían matado a toda su familia. Al cabo del Mundial 78, mi papá compró un cassette con el relato de los goles de Argentina a cargo de Yiyo Arangio”.

Conocido en el mundillo de las redes sociales por su preferencia por la ropa de Adidas, Kohan también traza un camino a través de marcas que tuvieron algún valor simbólico o, tal vez, concreto durante su infancia: “El jabón Cadum, el shampoo Clinic. Mis padres usaban dentífrico Kolynos. Mi hermana y yo, Signal” y revive sus tiempos de estrella infantil de la publicidad. Algunas fotos complementan las potentes imágenes literarias que se suceden sin jerarquías aparentes, como la del chico que merodea la casa de infancia en la que ya no vive más. Aunque todo haya sucedido hace menos de medio siglo, el mundo de “Me acuerdo”, en el que abuelos y hermanos podían gastar su tiempo jugando al dominó o a la lotería, parece remoto y a la vez familiar y accesible, una sensación difícil de encontrar en otro lugar que no sea la literatura.