Una riqueza (no tan nuestra): Crónica de una enfermedad latente

Un breve repaso sobre las carencias y virtudes de la Argentina, de cara a los problemas ya inocultables que atravesamos en la era de la tecnología y el desarrollo.

Por Emmanuel Napolitano.

Tomarse el tiempo para mirar a lo largo y ancho del país es lo que habilita la sorpresa, la admiración e incluso el ejercicio reflexivo sobre cuán vasto es nuestro territorio: poseemos todos los climas y suelos, estamos conformados por un crisol de culturas, riquezas de historias, somos absoluta diversidad conformando un conjunto. Sin embargo, pareciera que vamos cada vez más rápido hacia un lugar en donde nada de eso tiene valor o sentido. ¿Por qué será que cada vez nos ensañamos más en meternos en crisis más profundas y pronunciadas, dejando un tendal de personas escupidas por el sistema, que probablemente ya no se insertarán más? ¿Estaremos malditos?

Navegando brevemente en nuestra vida como nación, podemos encontrarnos con que somos los hijos del contrabando del puerto de Buenos Aires. En aquella época, varias familias patricias se hacían “la América” evadiendo los impuestos a la Corona, algo que en la actualidad mucho no cambió. En este sentido, pareciera ser que algunos hábitos son mas difíciles de erradicar que otros.

Al día de hoy, algunas familias patricias (y otras que podríamos definir como neopatricias) siguen controlando, en gran medida, las riquezas del país de manera directa (siendo los dueños directos o arrendatarios de las tierras explotadas) o de manera indirecta (poseyendo el poder o los contactos para usufructuar de ello), provocando así la instalación estructural de los viejos latifundios, aggiornados con políticas paliativas.

Para graficarlo mejor, podemos pararnos en el año 1950, en el que Argentina exportaba 1,9% del total a nivel mundial; apenas 30 años más tarde, en 1980, este volumen disminuyó hasta el 0,4%. Actualmente, luego de 40 años transcurridos y varios hitos mundiales desde este último punto, retrocedimos más aún: exportamos apenas cerca del 0.3%. Y esos números magros se reflejan no solo en las arcas del país, sino también en la calle. En 40 años no encontramos la solución (o no quisieron, o no nos dejaron) para volver a encarrilarnos en la labor de convertirnos en un país pujante, con industrias fuertes y competitivas.

Desertificación de suelos por la aplicación intensiva de agrotóxicos

Pero a pesar de este deterioro acumulado, podemos hacer un repaso breve sobre las posibilidades que nos brinda nuestro territorio y encontrarnos con 5 grandes posibilidades que se podrían desarrollar para volvernos a colocar en el camino de una potencia media, como lo fuimos a mediados del siglo XX. Las mismas podemos describirlas como:

1- Agro: Además de la conocida Pampa húmeda, la región chaqueña y Cuyo, el país conserva grandes extensiones de desierto y estepa en las que, mediante el uso de las reservas hídricas que poseemos, el horizonte agroganadero se podría extender; desde un valle de invernaderos en cualquier región de la Patagonia, generando hortalizas las 24 horas del día los 365 días del año mediante el sistema de hidroponía (no contaminante), o bien, utilizando el limo del estuario del Río de La Plata como abono, y un sistema de acequias para ganarle tierra al desierto. Ambos, con sus pro y sus contra, extenderían el horizonte agroganadero que es, hoy por hoy, la pata que sostiene la economía maltrecha del país. Ni hablar si el Estado tomase realmente el control estratégico de cada instancia productiva y económica de la Argentina, recuperando la presencia y supervisión de los puertos, las vías navegables y la frontera, en los que (tal vez) nos encontremos nuevamente con grandes contrabandos como en su momento denunciaban Lisandro de la Torre o Raúl Scalabrini Ortiz. Porque Argentina aún dispone de muy buena tecnología relacionada al campo; desde el desarrollo de semillas hasta la biogénesis, pasando por el desarrollo de maquinaria y el valor agregado a la materia prima.

2- La minería: puntualmente, la extracción de sólidos, líquidos y gaseosos en superficie y subsuelo de nuestra tierra. Argentina extrae recursos minerales de manera constante y permanente desde Ushuaia hasta la Quiaca. En los minerales se da actualmente que se declara lo que se extrae, siendo un lugar de contrabando majestuoso, con riquezas en oro, plata, cobre, uranio y las actualmente llamadas “tierras raras”, que van desde el litio a otros minerales para la tecnología sensible de carácter militar. Disponemos de yacimientos de carbón, petróleo convencional y petróleo no convencional (Argentina posee en yacimientos no convencionales el equivalente a 11 lugares como Vaca Muerta). Entre minería y petróleo, el país podría estar ante un saqueo de magnitudes catastróficas por lo ya mencionado. Si YPF se decidiera a perforar todos los pozos de Shale gas, habría energía suficiente para suministrar al país el equivalente a mas de 200 años de producción continua de energía, sin mencionar al petróleo. El gas es la energía más económica y ecológica para trabajar y lograr una matriz amigable y eficiente con el medio ambiente. Mención aparte merece la conversión de los medios de transporte, que están viendo el gas como la energía más limpia para utilizar (camiones y barcos con GNL). En este punto, Argentina debería estar a la vanguardia.

3- Ciencia: Parece que no, pero este es un factor clave en el desarrollo de las sociedades. La ciencia que se puede realizar en base a la problemática local y al ingenio que aparece por no disponer de recursos comparables a otros lugares del mundo, resulta en soluciones mayormente novedosas y económicas, proveyéndonos de un factor geoestratégico que va desde la incursión en el espacio exterior hasta el tratamiento de enfermedades complejas. Esto, sin lugar a dudas, convierte el área científica en una matriz de desarrollo tan amplia que incluye desde patentes hasta inventos que puedan generar recursos ya que, hasta la fecha, nos dedicamos a regalar ideas y desarrollos.

4- Factor Humano: A pesar de tener grandes niveles de pobreza, y poseer una “pobreza estructural” en el orden de 1/3 de la población, en general, tenemos una capacidad instalada y recurso humano capaz, mediante el ingenio y trabajo, de generar riquezas que se pueden manifestar en la aparición de nuevas empresas, de nuevos factores de transformación productiva. Debemos salir de la división del trabajo que nos impuso Martínez de Hoz a finales de los años ‘80, donde se configuro al país para generar sólo recursos primarios, y volver a producir bienes de capital y servicios, acordes al siglo en el que vivimos. Utilizando los recursos naturales y el sobrante de energía, podríamos volver a niveles de participación industrial en el mercado internacional que supimos ocupar.

5- Industria Naval: Somos un país marítimo que vive de espaldas al agua. Desde Barranqueras, Chaco hasta el puerto de Ushuaia, nuestro territorio nos habla de la inmensidad del litoral fluvial-marino. Los años ‘90 sirvieron para matar nuestra aspiración de dominar nuestro flete y controlar nuestros recursos. Hoy eso, en valor monetario (si contamos desde el conflicto de Malvinas) representa más de 40 mil millones de dólares solamente en pesca, sin contar las pérdidas por no disponer de fletes y un sistema intermodal de transporte que nos una de norte a sur y de este a oeste. Hoy el manejo de esa soberanía esta en manos de multinacionales, que usan nuestras vías fluviales para traficar, contrabandear, contaminar y robarnos recursos y trabajo argentino. La industria naval es un trabajo muy calificado en el que, por cada trabajador, se calculan otros tres trabajadores indirectos. Por su parte, nuestras fuerzas de seguridad no poseen materiales para efectuar el control de policía, y tampoco hay interés en volver a tener capacidad de disuasión. Gestionar nuestro mar y manejar nuestro flete es primordial para encender todas las demás industrias mencionadas.

Finalmente, para sacar el sabor amargo que nos deja el conocimiento de estas cuestiones, el karma que arrastramos de tener todo y verlo pasar debería ser el motor que nos impulse para sacarnos de este lugar de apatía y adormecimiento, para empezar a diseñar un país a la medida de nuestras necesidades.

De 46 millones de habitantes, solo registrados (entre público y privado) hay en nuestro sistema 9 millones de trabajadores. El 60% de los niños son pobres, una ironía en el país de la abundancia y riqueza. Sin embargo, haciendo apenas un conteo al por menor de lo que todos sabemos (o deberíamos saber), de lo que todos vemos (o deberíamos ver), se puede plantear un modelo de desarrollo acorde y viable, al que cada uno le puede agregar algo de lo suyo, su impronta, para volver a construir las bases de nuestra Nación. Nunca más el enemigo de nuestra historia deberá dirigir el camino y el futuro de los hijos de la Revolución de Mayo.

Recuperemos lo que es nuestro.


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