“Ya estoy cerca de los 60 y sigo siendo antifacho, anticlerical y antiizquierda”

Ajeno al autobombo en todas sus formas, Diego Capusotto no es muy amigo de las entrevistas, por lo que la extensa conversación que mantuvo con Mogambo es una rareza digna de varias lecturas. El teatro, la televisión, la política, la fe, la familia y los amigos son algunas de las cuestiones que abordó con su estilo agridulce y frontal.

Por Nancy Giampaolo y Romina Rocha.
Fotos Martín Tricárico.

¿Qué espacio tiene tu familia en relación a tu profesión?

Es fundamental, los afectos son finalmente los que te permiten hacer todo lo que uno hace con un sustento de amor que es fundamental para vivir la vida. Para mí no están primero mis proyectos antes que la familia, uno siempre vuelve a ese lugar de contención y de intercambio, pero no de contención para uno sino que es un ida y vuelta. Ahí es cuando vos te encontrás con manejar esa cosa del ego, cuando te dicen cosas maravillosas que ayudan a que después vuelvas con tu familia y tus amigos a comer un asado más tranquilo, como si uno estuviera diciendo “bueno, hay algo que tengo que hacer en esta vida” porque sino finalmente te morís y no pasa nada, y hay algo que está haciendo posible que también se comparte con el otro que no conocés, que te saluda y que le pasa algo intenso con lo que nosotros hacemos que yo no lo sé, pero sé que sucede. Porque uno es público y no te podés hacer el tarado y decir “ay, no sé qué le pasa a la gente”. Porque es como si hubieses hecho un disco que acompaña la vida de mucha gente.

Y eso es algo de trascender en el otro también…

Sí, y que no lo sé, pero sé que pasa y que a mí me regocija y le da un poco más de sentido a la vida. Yo que soy prácticamente fatalista y que después eso me hace tener en cuenta que paso tiempo con mis amigos y con mi familia más contento.

También hay algo particular en vos que es que tenés muchos amigos de toda la vida, no sos de los “famosos que son amigos de famosos”…

Sí, me pasa eso y también algo especial con los elencos que es que se forman como familias momentáneas, que pareciera que van a ser para toda la vida y no, pero hay algo ahí que te une que es interesante porque vas en una con todos y se forma algo que a mí siempre me gustó que es como la “banda”, ¿viste? Una banda de pertenencia y a mí siempre me gustó, porque es donde también le empezás a dar una importancia al otro. Cada uno tiene su rol y se arma algo de pertenencia que, en mi caso, me encanta.

¿Te acordás qué fue lo que te motivó a elegir esta profesión?

Y, yo miraba a mi viejo y sabía que no quería terminar haciendo lo mismo que él. Porque para mí, antes que estar encerrado en una oficina era mejor hacer teatro, donde por lo menos me sentía más feliz. Pero no me imaginé que iba a pasar todo lo que pasó después, porque para mí la actuación era lo que me salvaba de lo que estaba haciendo. Era como un marco de cierta importancia, justificativo a “entonces hago esto, que me hace feliz”.

En relación a Dios, la espiritualidad y la trascendencia, que es un poco de lo que hablamos antes, ¿cómo te llevás con todo eso?

Ya no tengo la seguridad de ser ateo, hay algo de la idea de Dios que me cierra por un lado más infantil y por otro lado hay algo que no me cierra, así que estoy un poco “a la buena de Dios” (risas). Es una frase hermosa, “estamos a la buena de Dios”. Yo tengo una iconografía con lo cristiano que me encanta, me parece que es un gran cuento la idea de Cristo. Y no sé si Cristo existió, para mí la contradicción del cristianismo es que Cristo en la cruz dice “Padre, ¿por qué me has abandonado?” y es una frase que siempre me llamó mucho la atención, como deidad. Esto me lo puede decir algún teólogo, tal vez me puede explicar bien eso. Como que veo ahí un humano abandonado o la idea de que Cristo se humaniza para que nosotros entendamos el sufrimiento por el que pasó. Esto de que “murió por nuestros pecados” no me cierra. La idea de la salvación y la idea del panóptico del que hablaba Foucault es también eso. Yo me crié con la idea del Dios rector y castigador, eso no podés soslayarlo. Yo no pienso en términos de negación, pero hay algo como la reencarnación que a mí no me cierra. Yo pienso en términos de que se termina y se termina y lo que quedó, quedó y si lo que quedó es bárbaro, mejor. Pero te terminás de morir cuando el último que te conoció se murió, finalmente, con el legado de lo que hiciste. Pero a mí no me cierra la idea de la reencarnación, no estoy tan seguro de que exista o no, pero la idea de reencarnar en otro, la idea de que el alma vaya y esté ahí, en un lugar, no me termina de cerrar. No me termina de cerrar la idea de ese Dios tal cual me lo enseñaron, que haya existido Cristo y que haya hecho lo que hizo, lo entiendo desde otro lugar que no es el de la iglesia. Ya estoy cerca de los 60 y sigo siendo antifacho, anticlerical y antiizquierda (risas). Antiizquierda argentina. Igual la idea de Cristo a mí me convoca desde un lado infantil, porque yo veo la película “Rey de Reyes” y esa iconografía con la que me crié, leyendo la biblia y mi vieja diciendo “lee la biblia, lee la biblia”…

¿Y cuando la escuchás a Evita? ¿Qué te pasa con los valores que se rescatan desde ahí?

Sí, yo lo veo en el sentido más puro del otro y que lo necesitamos, sí, y no es casual que la idea de Eva la tomen sectores de la iglesia que tienen más relación con los marginados que con la figura eclesiástica de la iglesia que a mí me parece inmunda. Entiendo que hay gente que lo necesita, que necesita creer.

¿Y del Papa Francisco qué pensás?

Yo lo recontra banco al Papa. Fue el primero que se opuso a Macri (risas). No vamos a pretender que el cura hable a favor del aborto, pero el primero que se opuso fue él. A mí hoy no se me ocurriría putear a Francisco porque fue, también por otro lado, en términos de lo que es este folletín tercermundista argentino, el primero que se puso en contra. Porque donde vos veas un asado con todos estos oligarcas hijos de puta, vas a escucharlos putear al Papa y vas a decir “¿el enemigo es el Papa, la concha de tu madre?”.

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